Un reguero de muertes desata en Egipto el fantasma de la guerra civil siria

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El cadáver de un simpatizantes de Mursi yace en el suelo tras ser alcanzado por un disparo del Ejército egipcio durante una manifestación frente a la sede de la Guardia Republicana, ayer, día 5, en El Cairo (Egipto). / Mohammed Saber (Efe)

Por horrible que parezca, la treintena de muertes que dejó en Egipto el “Viernes de Resistencia” contra el golpe de Estado ha hecho aparecer el fantasma de la guerra civil, obviamente en este país con unas consecuencias, si cabe, mucho más dramáticas que las de Siria.

Tras el llamamiento de la Alianza Nacional por la Legitimidad en favor del depuesto presidente Mursi y el discurso pronunciado ante sus seguidores por Mohamad Badie, dirigente de los Hermanos Musulmanes, las posiciones de las dos partes en que se ha dividido Egipto parecen irreconciliables. Esta coalición islamista, integrada por la propia Hermandad, los integristas de Wasat, los salafistas de Watan y el grupo radical Yamaa al Islamiya, ha reiterado su decisión de seguir manifestándose hasta que Mursi sea repuesto en la Presidencia.

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Por su parte, el Frente de Salvación Nacional ha respondido al desafío convocando a todos sus partidarios para frenar la “contrarrevolución” puesta en marcha por los Hermanos Musulmanes saliendo a la calle y ocupando las plazas públicas por todo el país. Una postura idéntica ha adoptado el Movimiento 6 de Abril, impulsor inicial de las protestas en la plaza Tahrir en enero de 2011 y ahora de la campaña Rebelión para derrocar a Mohamed Mursi, durante la cual aseguran haber recogido 22 millones de firmas.

Este conglomerado aglutina a las principales fuerzas progresistas de Egipto, como es el caso de la poderosa Corriente Popular, partido de orientación naserista encabezada por Hamdin Sabahi, el Partido Constitucional de Al Baradei o los liberales de Amer Musa, a los que también hay que unir las principales organizaciones de izquierda, entre las que destacan el Partido Comunista, el Socialista y la Alianza Popular Socialista, uno de cuyos representantes, Akram Ismail, ha definido la actual situación de Egipto como un enfrentamiento entre la “opresión islamista y las fuerzas democráticas emergentes”.

En medio de ambos contendientes se encontrarían dos importantes bloques islámicos opuestos a la Presidencia de Mursi y cuya postura será clave en el futuro desarrollo de los acontecimientos. Uno de ellos es el partido Egipto Fuerte, del ex dirigente de los Hermanos Musulmanes Abdel Abulfutuh, que en las elecciones presidencias de 2012 logró casi cuatro millones de votos; y el otro son los salafistas de Al Nur, organización dirigida por Yunes Majiun que en los comicios parlamentarios de 2011 consiguió el respaldo de siete millones y medios de electores y que, pese a su inicial apoyo a Mursi, ahora se opone a su continuidad en el poder.

Sin embargo y pese a la inevitable comparación bien con el golpe militar contra la victoria de los islamistas argelinos en 1991, bien con la actual guerra siria, la gran diferencia de Egipto consiste en que las Fuerzas Armadas han mantenido, desde que estalló la Revolución en la plaza Tahrir hace dos años y medio contra Hosni Mubarak, un decidido compromiso para evitar, precisamente, que este país se precipite por el abismo de la confrontación fratricida.

Hasta ahora, el Ejército, uno de los más poderosos y mejor organizados del mundo musulmán, ha conseguido una sólida imagen de unidad interna, siendo una verdadera incógnita si, como ocurrió en el Líbano en los años 70 o de forma parcial en la reciente crisis siria, la división política de la sociedad civil terminará afectando a la cohesión castrense, haciendo así posible la guerra abierta entre las dos partes.

1 Comment
  1. juan gaviota says

    Todas las guerras son buenas oportunidades de negocio, y como resulta que los mueren no perjudican los negocios y encima hay gente de más en el planeta,que problema hay en que mueran las personas y florezcan los negocios.

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