Vaga respuesta internacional a la mayor masacre química en Siria

“Oh, países árabes, Naciones Unidas…. Por el amor de dios, pobres niños”, grita el padre desencajado mientras sostiene el delicado cuerpo inerte de su hija, ante la cámara de un activista y frente al cadáver de otra de sus hijas. “Han usado armas químicas… ¿Sabes qué dijeron antes de irse a dormir?  (…) Le fui a dar de comer y esta pequeña niña dijo: Papi, no es mi turno de comer. Hoy le toca comer a mi hermano. El cerco y la falta de comida les tenía siempe hambrientos”, farfullaba mientras animaba al cámara a grabar sus cadáveres. “Mira, mira… Con armas químicas…”

Publicidad

Las escenas más dolorosas siguen difundiéndose a medida que pasan las horas desde el ataque con armas no convencionales más grave que ha padecido Siria. Los bombardeos con proyectiles envenenados contra cuatro puntos rebeldes de la provincia de Damasco, Zamalka, Ein Turma, Jobar y Moudamiyeh –el aire habría propagado las sustancias empleadas por localidades vecinas como Erbin, Duma, Harasta, Daraya, Kfar Natmah, Harasta y Mleha- han dejado entre centenares y miles de víctimas mortales y heridos. Algunas estimaciones siguen hablando de unos 500 cadáveres, mientras que la Coalición Nacional Siria, en el exilio, o los Comités Locales de Coordinación, sobre el terreno, afirman haber documentado más de 1.300 muertes en lo que ya se considera la matanza más grave de todas las acontecidas en estos dos años y medio de revolución, represión y guerra en Siria. Según George Sabra, uno de los responsables de la Coalición, “ha sido el golpe de gracia que asesina cualquier esperanza de una solución política en Siria. No es la primera vez que han usado armas químicas, pero constituye un punto de inflexión: esta vez, el objetivo era la aniquilación y no el terror”.

Publicidad

Los cadáveres de varios niños, víctimas de la masacre en la provincia de Damasco. (Facebook)

Imágenes como ésta, donde decenas de cuerpos inertes yacen en las calles, muertos o inconscientes, recuerdan a la masacre de Halabja de 1988, cuando Sadam Hussein gaseó a la población kurda matando a miles de personas. Imposible saber con certeza cuántas personas perdieron la vida ayer. En esta galería fotográfica, colgada por activistas en una red social, pueden verse las fotografías de uno de los grupos de cadáveres, a los que se les ha puesto una etiqueta con un número para facilitar su identificación: uno de los adhesivos lleva el número 151. Se han difundido unos 130 vídeos e innumerables fotografías que muestran cuerpos sin vida ni rastro de heridas y pacientes admitidos en hospitales que presentan convulsiones, temblores incontrolables y síntomas de asfixia; entre ellos, muchos niños e incluso bebés de semanas y meses. En el vídeo seguramente más desgarrador un bebé que lucha por respirar muere finalmente ante la cámara.

Una de las causas del elevado número de bajas es el desconocimiento sobre cómo actuar en caso de ataque con armas no convencionales. Las personas que acudieron a rescatar víctimas se convirtieron, sin saberlo, en nuevas bajas. “Vimos hombres derrumbarse en escaleras y en entradas. Parece como si tratasen de entrar a ayudar y ellos mismos quedaran afectados. Algunos de ellos estaban muertos”, explicó un activista identificado como Abu Nidal a Reuters. “Ibamos a las casas y todo estaba en su lugar, la gente estaba en su sitio. Estaban tendidos en su lugar. Parecía que estuviesen dormidos, pero estaban muertos”. Un doctor de Jobar lamentó que las víctimas, al oír el bombardeo, se refugiasen en sótanos dado que éstos quedan convertidos en una trampa en caso de gases. Algunos sanitarios también perdieron ayer la vida a causa de la exposición a las víctimas del gas, según diferentes fuentes.

Una madre examina los cadáveres de niños en Erbin. (Erbin Media Facebook Group)

La abundancia de material audiovisual proveniente de todos los puntos afectados ha facilitado, en esta ocasión, que expertos de todo el mundo confirmen lo que a todas luces parece un caso de exposición colectiva a un agente químico. En su blog, Jean Pascal Zanders, investigador de armamento biológico y químico del Instituto de la Unión Europea para los Estudios de Seguridad, afirmó que las imágenes parecen confirmar “exposición a una toxina”, aunque no tiene por qué ser gas nervioso. “Está claro que algo terrible ha ocurrido. Estas escenas no pueden estar montadas”.

Sólo una investigación sobre el terreno podría dilucidar qué sustancia se ha empleado, especialmente ahora que apenas han transcurrido 24 horas desde su uso, pero es poco probable que ésta tenga lugar pese a que 20 expertos de Naciones Unidas en armamento químico se encuentran en Damasco desde el pasado domingo, con la misión de investigar tres supuestos incidentes con armas químicas cometidos en el pasado. Su presencia, a menos de un kilómetro de las localidades bombardeadas ayer por el régimen –que admitió estar acometiendo una operación militar con bombardeos sobre esas zonas, pero desmintió haber empleado armas no convencionales-, llevó a muchos Estados a exigir a Naciones Unidas que amplíe su mandato para investigar lo ocurrido ayer en la provincia de Damasco. El jefe de la misión, el científico sueco Ake Sellstrom, aseguró que “parece que es algo que deberíamos mirar. Pero dependerá de que algún Estado miembro de la ONU vaya al secretario general y le pida que investiguemos el acontecimiento. Estamos sobre el terreno para hacerlo”.

Morgue improvisada en Ghouta del Este, en la provincia de Damasco. (Facebook)

Esa orden nunca llegó. Muchos Gobiernos mostraron su “preocupación” y 35 países solicitaron una “investigación inmediata, profunda e independiente”, pero según explicó ayer el vicesecretario de la ONU, Jan Eliasson, para que ésta tenga lugar es necesario el consentimiento del régimen sirio. La actual misión fue retrasada durante meses por negociaciones y formalidades.

A eso se añade que Rusia, aliado internacional de Bashar Assad, considera que la denuncia de la masacre es una “provocación” de la oposición siria destinada a poner del lado rebelde  al Consejo de Seguridad. Lo cierto es que las condenas se quedaron ayer en mera retórica, ya que no se consensuó ninguna resolución en el Consejo de Seguridad, reunido de emergencia.

Hace justo un año, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, había declarado que el uso de armamento químico contra la población siria sería una “línea roja” que su Administración no toleraría. Tras el sexto y más grave empleo de armas no convencionales en el país árabe, la tibieza del Gobierno norteamericano extrañaría si no fuera por declaraciones de algunos responsables como el general Martin Dempsey, responsable de la Junta de Estado Mayor norteamericano. En una carta remitida a un congresista, Dempsey aclaraba que se descarta cualquier tipo de opción militar porque EEUU no desea involucrarse en otra guerra árabe y porque considera que los rebeldes sirios no servirán a los intereses norteamericanos una vez en el poder. “Siria hoy no implica elegir entre dos lados, sino entre muchos lados”, escribía el general en una carta publicada por el New York Times. “El lado que elijamos debe estar dispuesto a promover sus intereses y nuestros intereses. Hoy, no existe ese lado”.