Siria anuncia que permitirá a la ONU investigar la masacre química

La identificación de cadáveres es una de las imágenes que se repiten estos días en Ghouta (Siria) y que han sido colgadas por los grupos opositores en sus cuentas de Facebook.

La presión internacional contra el régimen de Bashar Assad, incluida la del Ejecutivo ruso, para que permita que los inspectores de Naciones Unidas visiten el escenario de la masacre con armas químicas cometida la pasada semana parece estar dando resultados. Ayer, Damasco anunció haber dado su aprobación para que la misión de la ONU presente en la capital siria se desplace a Ghouta y prometió un cese de hostilidades que facilite su trabajo, un día después de que Moscú instara a su socio árabe a permitir una investigación que aclare el ataque. En el caso de que se den las circunstancias necesarias –un alto el fuego que no ponga en peligro las vidas de los inspectores- la misión podrá esclarecer si se usaron o no armas prohibidas, pero no podrá indagar quién las empleó porque no está entre sus atribuciones.

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El gesto de Damasco se produce cuando la ventana de oportunidad se va cerrando. Los expertos indican que, tras un ataque químico, los restos de las sustancias empleadas se vaporizan en días o semanas: de ahí que el secretario general de la ONU enviase a su delegada para Asuntos de Desarme, Angela Kane, a Damasco para negociar in extremis una autorización para los inspectores. El triple ataque con armamento no convencional del pasado miércoles se cobró entre 700 y 1.600 vidas, según diferentes organizaciones opositoras, pero la misión de la ONU sólo tiene mandato para indagar en tres ciudades sirias escenario de ataques químicos en el pasado.

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Ante la negativa inicial del régimen, los activistas opuestos al régimen recogieron muestras biológicas de heridos y fallecidos, restos de ropa y muestras de animales muertos para tratar de hacérselos llegar de forma ilegal a los inspectores, recluidos en un hotel de cinco estrellas de la capital siria. También han evacuado heridos a Jordania para realizar análisis de sangre y orina que determinen qué agente fue empleado en el ataque.

Médicos Sin Fronteras aseguró el sábado que tres centros médicos con los que colabora en la zona afectada reportaron haber recibido 3.600 afectados en menos de tres horas el día de los hechos, de los cuales 355 perdieron la vida. Médicos sirios consultados por diferentes organizaciones han confirmado que la sustancia que originó la masacre -la peor tragedia causada por agentes químicos desde el gaseamiento de población kurda en Halabja a manos de Sadam Hussein, en 1988- son organofosfatos similares a los usados en ataques anteriores con armas químicas en Siria, pero no han podido esclarecer qué producto fue usado.

El régimen admitió el 23 de julio de 2012 poseer un arsenal de armas químicas –según los expertos, uno de los mayores de la región- pero aseguró que nunca lo emplearía contra su población. Sin embargo, activistas y periodistas han registrado en vídeo a heridos por ataques no convencionales: en un amplio reportaje de Le Monde, dos enviados especiales a la provincia de Damasco sobrevivieron a uno de esos ataques y recogieron muestras que, a su regreso, fueron analizadas por París. “La conclusión del laboratorio es clara: es gas sarín”, anunció entonces el ministro de Exteriores galo, Laurent Fabius.

Para los expertos hay pocas dudas de que, de los dos bandos en conflicto en Siria, sólo el régimen tiene la capacidad de lanzar un triple ataque coordinado con sustancias químicas. Incluso si los rebeldes dispusieran de ellas, producto de los asaltos exitosos contra bases militares, resulta poco probable que dispongan de suficiente material para emplearlo en tres localizaciones diferentes, en un contexto de cerco militar. En los más de 150 vídeos que han publicado los activistas de las ciudades afectadas se puede observar que muchas de las víctimas son hombres en edad militar (se estima que el 50% de las víctimas fueron varones adultos), por lo que se puede presuponer que muchos son combatientes dado que las localidades bombardeadas estaban bajo control de facciones opositores desde hace más de un año. Las denuncias de medios cercanos a Assad que pretenden probar que todo es un montaje son fácilmente rebatibles. La fecha de algunos vídeos (según dichos medios, colgados un día antes de la masacre, aunque eso no probaría que el ataque no tuvo lugar) corresponde al uso horario del sitio de You Tube. La existencia de imágenes de animales muertos se ha probado en varios vídeos y fotografías.

Los proyectiles empleados en el ataque también han sido grabados. El experto en armamento Eliot Higgins, autor del blog Brown Moses, deduce de esas imágenes que los proyectiles coinciden con armamento lanzado en otros presuntos ataques químicos denunciados en el pasado y también que no se corresponden con nada conocido. “He hablado con expertos en armas y munición química y nadie puede identificar las municiones. Eso sugiere poderosamente que han sido manufacturadas localmente, o manufacturadas por un aliado de Siria e importadas al país. Nunca he visto esas municiones usadas por la oposición, y cada vez que han sido filmadas se ha denunciado que han sido usadas por el régimen, incluso antes de haber sido vinculadas a ataques químicos”, explicaba en conversación con cuartopoder.

El ataque con armas no convencionales se realiza en el contexto de una amplia operación militar para recuperar la provincia de Damasco. En Jobar, uno de los barrios más cercanos al centro de la capital y uno de los feudos rebeldes más inexpugnables, el uso de químicos tuvo una consecuencia directa: según activistas, 700 insurgentes abandonaron el barrio huyendo de los gases, lo que habría facilitado la entrada parcial de las tropas del régimen. Asimismo, se ha reportado un éxodo masivo de residentes del resto de las zonas atacadas. El sábado se produjeron las primeras incursiones terrestres del Ejército de Assad en las zonas afectadas: la agencia oficial siria aseguró que, a su entrada en Jobar, varios soldados cayeron “asfixiados” por el uso de químicos por parte de la oposición, aunque no mostró imágenes que lo confirmasen. Sí enseñó, sin embargo, el supuesto “arsenal” químico que habría hallado en el barrio, consistente en máscaras antigás y barriles con la leyenda “fabricado en Arabia Saudí”.

La guerra de propaganda no terminará con la investigación de la ONU, en el caso de que pueda finalmente llevarse a cabo: en el pasado, otras misiones internacionales se vieron incapacitadas para trabajar en las zonas donde debían hacerlo por la presencia de combates. Siria tiene entre sus obligaciones con sus huéspedes internacionales la de “garantizar la seguridad”, por lo que suele ser común que aborte viajes a zonas controvertidas amparándose en la violencia de los combates.

Pero, para algunos países, resulta innecesario investigar la autoría una vez que se confirme el uso de armaqmento químico. Gran Bretaña ha acusado al régimen del ataque químico, Francia ha exigido el uso de la fuerza internacional en caso de que se confirme la masacre y Estados Unidos está aproximando barcos de guerra y cambiando radicalmente un tibio discurso que comenzó hace un año, cuando Barack Obama aseguró que el uso de armas no convencionales era “una línea roja” para su Administración. Los activistas han denunciado 35 posibles ataques con químicos en este año, pero hasta la masacre de Ghouta no ha habido reacción.

“El presidente Obama ha pedido al Departamento de Defensa que prepare opciones para todos los escenarios. Ya lo hemos hecho”, aseguraba ayer el secretario de Defensa, Chuck Hagel. “Estamos preparados para llevar a cabo cualquier opción, si él decide emplear alguna”.