95 velas iluminan el último camino de Mandela

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Antonio Aragón y Luis Fiuza *

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La carpa donde hoy, día 15, se ha celebrado el funeral, en Qunu (Sudáfrica), presidida por un gran retrato de Nelson Mandela y 95 velas. / Odd Andersen (Efe)

QUNU (SUSÁFRICA).– Qunu era un búnker en el que no cabía un alma y los vecinos de la pequeña localidad de Eastern Cape, próxima a la aldea en la que Mandela creció y pasó su infancia, hubieron de conformarse con presenciar el funeral desde pantallas gigantes de televisión. Mientras, en la fastuosa carpa que acogió la ceremonia, se acomodaron los familiares, amigos y jefes de estado invitados a su último adiós, unos 4.000. El ataúd con el cuerpo de Madiba presidía el escenario y era rodeado por 95 velas prendidas, una por cada año que Mandela sirvió con aplomo y convicción a la humanidad.

Delante de ellas un atril por el que desfilaron jefes o ex jefes de estado africanos, autoridades religiosas, familiares, amigos de Nelson Mandela y otras personalidades como la presentadora Oprah Winfrey o el actor Forest Whitaker. Todos ellos recordaron su "colosal" aura, su descomunal servicio en pos de la libertad, y vertebraron sus discursos con anécdotas que, como en el caso del ex presidente de Zambia, Keneth Kaunda, extrajeron sonoras risotadas de los presentes.

La ceremonia la presidía Jacob Zuma, máximo mandatario de la República de Sudáfrica, quien estaba acompañado por la viuda y la exesposa de Mandela y sus familiares. Antes, 21 disparos al aire marcaron el camino del cuerpo hasta la carpa donde se ha celebrado el funeral. Allí, le esperaba un coro de niños que recibía los restos de Mandela al son de Rholihla Mandela.

De este modo arrancaba un funeral que no cumplió con el horario previsto. Primero intervino el íntimo amigo de Mandela Ahmed Kathrada, quien emocionó a los asistentes con detalles personales sobre la relación "con su hermano mayor". Después, su nieta, Nandi Mandela descubrió al Madiba más familiar, al contador de historias que embelesan.

Cercanos y humanos preludios a las intervenciones gubernamentales. Primero fue Joyce Banda, presidente de Tanzania, quien reconoció sentirse bendecido por haber conocido a "un gran líder que se centró calmadamente en recolectar libertad para su pueblo". "Liderazgo es enamorarse de la gente y que la gente se enamore de ti", añadió la mayor autoridad tanganica.

Tras él, el presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma, se puso delante del micrófono durante una media hora para enaltecer de nuevo a Mandela y delinear el objetivo de su nación: "Seguir construyendo el tipo de sociedad por la que Mandela trabajó sin descanso". "Echaremos de menos tu sonrisa, tu amor y tu liderazgo", apostilló Zuma.

A renglón seguido, un representante de la familia, Ngangomhlaba Matuzime, expresó su agradecimiento al pueblo sudafricano y a todo el mundo por los homenajes y muestras de cariño tributadas. Inmediatamente después, recogieron el testigo representantes religiosos y militares que pusieron el punto y final a los emocionales y sentidos discursos que abundaron en los actos. No era para menos...

Sólo quedaba el entierro. Estaba programado para el mediodía en la aldea de Mvezo, donde Mandela fue alumbrado hace 95 años. El motivo: es entonces cuando el sol está en su punto más alto y las sombras son más cortas...

Brillo natural que iluminó la comitiva fúnebre, escoltada por una nutrida representación militar y por los 450 invitados al acto más íntimo de todos. Los tambores y las trompetas pausadas, sostenidas, acompañaron los restos mortales de Mandela durante unos veinte minutos y hasta el lugar señalado, el panteón familiar, en el que la rectitud castrense se entremezclaba con el rugido de tres helicópteros que colgaban banderas de Sudáfrica y otros seis F-17 que sobrevolaban el especio aéreo. Entonces, y tras el último adiós sacerdotal, el cuerpo de Mandela reposó para siempre en el lugar en el que maduró los ideales que sustentan su legado. El último acto fue celebrado conforme ritual Xhosa y no fue televisado por respeto a la familia Mandela.

(*) Antonio Aragón y Luis Fiuza son periodistas.

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