Robots para la tercera edad en Japón

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Imagen de 'Smiby', el bebé robot que causa furor entre los japoneses. / Efe
Imagen de 'Smiby', el bebé robot que causa furor entre los japoneses. / Efe

Resulta curioso pero, en un país donde hay el doble de ancianos que de niños, los robots-mascota son más demandados que en cualquier otra nación. El rápido envejecimiento de la población, un fenómeno atribuido a la baja natalidad y la alta esperanza de vida que también afecta a Corea del Sur (donde, según los estudios más fatalistas, la población “se extinguirá” en 2750 si no se eleva el índice de natalidad) hace tiempo que cambió las prioridades nacionales en Japón, la dirección de los estudios científicos y las innovaciones tecnológicas.

El Gobierno nipón está apostando por desarrollar robots que se encarguen de sus mayores ante la imposibilidad de contar con suficientes trabajadores para atender al enorme número de ancianos, en parte motivada por la reticencia japonesa a contratar mano de obra extranjera. Las autoridades han aprobado ayudas de casi 25 millones de dólares a compañías y universidades que desarrollen la industria robótica en su aplicación más eficaz para ayudar a la tercera edad: desde detectores de respiración instalados en las camas hasta sanitarios móviles que puedan desplazarse hasta el lecho del usuario con problemas de movilidad.

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Se trata de prestar asistencia a una población que envejece a ritmo pavoroso. Según datos del Ministerio de Salud, el 25% de la población (más de 30 millones) tienen más de 65 años y el 15% de ellos padece demencia. En 1989, la cifra de mayores de 65 era de 11,65% de la población. Las previsiones de futuro estiman que en 2055 el 38% de los japoneses tendrán más de 65 años, lo que implica que la nación asiática perderá un tercio de la población (hoy 127 millones) en los próximos 50 años.

Los datos obligan al Ejecutivo de Tokio a aumentar el presupuesto sanitario año a año y también a promover la creatividad para afrontar un problema de múltiples ramificaciones: la población afectada no sólo adolece de ayuda física sino también de afecto, algo para lo que también se están desarrollando máquinas en un giro futurista que sólo cabe en Asia. La última invención en sumarse a las estrategias para confrontar este reto fue, el pasado martes, Smiby, un robot de 44 centímetros y 1,2 kilos que se comporta como un bebé y, gracias a un sensor, responde a los mimos y cuidados de sus padres. Cuando es alzado en brazos, el robot sonríe y emite gorgojos, cuando es dejado solo, comienza a llorar: si no se le presta atención durante un largo periodo de tiempo, se queda dormido.

Los investigadores de Togo Seisakusyo, la empresa que ha desarrollado la máquina ideada por el profesor de Robótica de la Universidad Chukyo de Nagoya, Masayoshi Kano, estudiaron el comportamiento de bebés de entre seis meses y un año para reproducirlo en el bebé robot, que asemeja emitir lágrimas mediante luces azules en sus ojos y sonríe iluminando en rosa sus mejillas para premiar el cuidado de los humanos. Los ancianos que han probado la criatura –nueve personas fueron seleccionadas para hacerlo en noviembre de 2014- coinciden en que tiene efectos terapéuticos: cinco de ellos aseguraron que la presencia de Smiby en caso les alivió la depresión.

CrispyYiger (YouTube)

Según los promotores, la idea es proporcionar 'Smibies' a los mayores que lo soliciten sin cargo alguno gracias a subvenciones estatales (la máquina cuesta algo más de 500 euros) y así sumarse a una tendencia que ya tiene viejos conocidos como Paro, el robot-foca desarrollado por la empresa Intelligent System en la prefectura de Toyama que ofrece compañía desde hace 2007 a los ancianos japoneses, o el humanoide Pepper, recientemente presentado por la empresa de Telecomunicaciones Softbank como un potencial “trabajador social, compañero de fiesta o babysitter” que podría tener un enorme potencial en el sector de la tercera edad dada su habilidad de “estimular emociones gracias a sus expresiones y tonos de voz”, como señalaba el diario japonés Nikkei (ver vídeo).

La industria de la “tecnología del cuidado” ya destina más de 1.000 millones de dólares a desarrollar robots que asistan a los millones de japoneses de más de 65 años, en todos los sentidos. La demanda de afecto de la tercera edad no puede ser suplida por la presencia de los familiares a causa del cambio demográfico: en 1980, según los datos del Ministerio de Salud nipón, el 53% de los ciudadanos por encima de 65 años vivía con sus hijos. En 2010, esa proporción bajó al 18%. En 2030, el número de ancianos viviendo solos se podría incrementar un 54% respecto a 2010, según previsiones del Instituto Nacional de Investigación sobre la Población y la Seguridad Social de Tokio.

Las razones son múltiples. Por un lado, la natalidad disminuye (hoy en día se sitúa en 1,4 hijos por mujer, una de las tasas más bajas del mundo: hay 8 nacimientos frente a 9.3 defunciones por cada mil personas) dada la entrada de la mujer en el mundo laboral, el alto coste de la vida, la creciente abstinencia sexual adoptada por muchos japoneses y un desinterés por el matrimonio motivado, entre otros factores,por  el alto coste de vida y la incertidumbre que esto genera sobre si se podrá mantener a una familia. Por otro, la esperanza de vida es cada vez mayor: en Japón cada ciudadano vive una media de 84,46 años. Frente a ese 25,9% de mayores de 65 años, hay sólo un 13,2% de menores de 14 años. No hay suficientes jóvenes para sostener, a todos los niveles, a tantos mayores.

Esta realidad implica que los gastos médicos se duplicarán, según previsiones gubernamentales, de aquí a 15 años al tiempo que disminuirán las retribuciones estatales: los presupuestos se cargarán con el pago de pensiones y las arcas verán reducidos los ingresos de sus cada vez menos trabajadores. Y ningún sistema está preparado para hacer frente a un país de ancianos. “El sistema está diseñado para los años 70, cuando múltiples generaciones vivían juntas y se creía que el cuidado familiar duraría para siempre”, explicaba Hiroshi Takahasji, profesor de Ciencias de la Salud de la Universidad de Otawara, al norte de Tokio. “Pero esa ya no es la realidad”.

A largo plazo, un país de ancianos cambiará por completo las características del Japón que conocemos, como explica Brad Glosserman, director ejecutivo del Foro Pacífico CSIS. “Una población crecientemente anciana tendrá diferentes preferencias políticas que una población joven. Por ejemplo, priorizará el gasto en salud sobre el gasto militar o de Seguridad. Y, además, los votantes mayores acuden mucho más a las urnas que los jóvenes”. Glosserman también puntualiza que las poblaciones mayores tienen gran aversión al riesgo y rechazan cualquier acción provocadora, “una consideración importante en una región marcada por las disputas territoriales”. Para el experto, el Japón de los próximos años será “más conservador y más orientado a mantener el estatus quo, lo que socavará el dinamismo económico y social”.

2 Comments
  1. javier mateo says

    Los Robots no lloran. No saben lo que es el dolor ni la soledad…. Japonês perfecto.

  2. josep says

    Hola, me llamo Josep de Martí y dirijo un portal sobre residencias geriátricas. Nosotros hemos organizado viajes para conocer cómo funcionan los geriátrios en otros paises y en Suecia pudimos ver en directo al robot foca Paro que ayuda a los ancianos en residencias japonesas. Recientemente hemos difundido una noticia sobre robots cuidadores de ancianos en japón. Parece que en ese país nos llevan la delantara en robótica humanoide y que en Europa y América pensamos más en robots herramientas.

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