Tras el sangriento golpe de Estado, Tayip Erdogán iniciará la depuración del Ejército

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Tras la amplia depuración del sistema judicial, de la Policía y los servicios de inteligencia (MIT), incluidos aquellos departamentos especializados en la lucha antiterrorista y los principales medios de comunicación que le eran hostiles, el presidente turco, Tayip Erdogán, se lanza de lleno a la depuración del Ejército, tal como anunció en su declaración pública al llegar al aeropuerto Ataturk (Istanbul) tras el fallido pero sangriento -cerca de 200 muertos- intento de golpe de Estado por parte de un significativo sector de las fuerzas armadas.

Erdogán señaló directamente, como lo ha hecho en los otros casos, a la influyente “cofradía Gulén”, de orientación también islamista pero más moderada que la del gubernamental AKP (Partido del Desarrollo y la Justicia) y con posiciones más cercanas a las potencias occidentales. Y, como en las demás ocasiones, tampoco se ha olvidado de acusar a los seguidores de Fethullah Gulen –exiliado en EEUU– de conexión con “organizaciones terroristas”.

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Seguidores turcos de Erdogan celebran sobre un tanque el fallido golpe de estado. / Tolga Bozoglu (Efe/Epa)
Seguidores turcos de Erdogan celebran sobre un tanque el fallido golpe de estado. / Tolga Bozoglu (Efe/Epa)

Periodistas turcos consultados por cuartopoder.es durante esta larga madrugada han confirmado que este intento de golpe de Estado, iniciado hacia las 9 de la noche y que el Gobierno consideró neutralizado a las 3 de la madrugada, seis horas después, suponía un nuevo ajuste de cuentas en el seno del islamismo turco y que su fracaso otorga al presidente Erdogán una inmejorable oportunidad para completar su poder personal sobre todas las estructuras de poder real dentro del aparato de Estado.

Así lo indicarían también la cuidada selección de los objetivos por parte de los golpistas. En esas seis horas de incertidumbre, los helicópteros y los tanques de los sublevados atacaron o se hicieron con el control del Estado Mayor del Ejército, reteniendo al general Hulusi Akar, jefe de la máxima institución militar, la sede del MIT (servicios secretos), el Centro de Operaciones Especiales de la Policía en Ankara, la Radiotelevisión turca (TRT), el organismo encargado de las emisiones vía satélite (Turksat) y el Parlamento.

Según informaciones difundidas por distintas agencias, cerca de 200 personas, entre policías fieles al Gobierno, soldados rebeldes y civiles, habrían muerto en los combates registrados en Istanbul y Ankara, y se habrían producido ya más de un millar de detenciones, entre ellos varios militares con el rango de coronel, tal y como informó el propio Erdogán en su alocución pública desde el aeropuerto Ataturk, al que llegó hacia las 2 de la madrugada tras interrumpir sus vacaciones en la zona turística de Bodrum, una vez que los tanques se retiraron del principal aeropuerto internacional de Turquía. De acuerdo con estas fuentes, generales de alto rango apresados por los sublevados continuarían en paradero desconocido tras haber sido arrestados.

Un grupo de personas atiende a los heridos en Ankara y tapa con banderas turcas a varios fallecidos. / STR (Efe/Epa)
Un grupo de personas atiende a los heridos en Ankara y tapa con banderas turcas a varios fallecidos. / STR (Efe/Epa)

En esa intervención, Erdogán también señaló la celebración el próximo mes de agosto del Consejo Superior del Ejército (YAS) como el punto de inflexión para la total depuración de las fuerzas armadas y, consecuentemente, el control absoluto de su cadena de mando.

El Ejército turco, tradicionalmente valedor de las ideas laicistas de Mustafá Kemal Ataturk, ha tenido siempre una intervención directa en los asuntos políticos internos, siendo sucesivos los golpes de Estado precisamente en defensa del kemalismo, el último el año 1997 contra el también islamista Nekmetin Erbakán. Por esta razón, uno de los principales objetivos de Erdogán desde el momento en que llegó al poder ha sido neutralizar esta gran influencia política del Ejército, habiendo nombrado al frente del Estado Mayor a generales próximos, aunque dentro de las fuerzas armadas sigue habiendo importantes corrientes kemalistas y laicas.

Está por ver, sin embargo, hasta qué punto este intento de golpe de Estado puede influir en una población polarizada, prácticamente al 50 por ciento, entre los incondicionales de Erdogán y quienes rechazan también de forma radical su pretensión de islamizar totalmente la sociedad turca aumentando su poder personal y directo sobre todas las estructuras del Estado. En este sentido, la nueva intentona podría ser sólo la punta del iceberg de un creciente descontento dentro de los militares turcos, no sólo por su enconada lucha contra los “gulenistas” o por su deriva autoritaria, sino también por haber llevado a Turquía al periodo de mayor inestabilidad interna, reabriendo la guerra en el Kurdistán y de mayor aislamiento internacional, debido a la crisis siria, en toda la historia de la República fundada por Ataturk en 1923.