Trump admite que Rusia interfirió en las elecciones pero afirma que no le favoreció

 Euronews (YouTube)

La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, como 45º presidente de Estados Unidos, está siendo mucho más bronca y movida que el resto de relevos en el 1.600 de la avenida de Pennsilvania. Él mismo ha tenido que admitir a regañadientes que Rusia interfirió en la campaña electoral previa a los comicios presidenciales del pasado 8 de noviembre, probablemente con la aprobación del presidente Vladimir Putin, aunque aseguró que dichas acciones no han tenido «absolutamente ningún efecto sobre los resultados electorales».

El presidente electo de Estados Unidos emitió este comunicado al término de un encuentro con los máximos responsables de los cuatro servicios de inteligencia norteamericanos. Mike Rogers, de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA); James Comey, de la Oficina Federal de Investigación (FBI); John Brennan, director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), y James Clopper, responsable de Inteligencia Nacional, le mostraron los resultados del informe encargado por Barack Obama, presidente saliente, el pasado mes de diciembre, para dilucidar la implicación de Rusia en los intentos por interferir en las elecciones presidenciales, en las que la candidata demócrata Hillary Clinton resultó derrotada contra pronóstico.

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En el documento, elaborado con información recogida por los citados servicios, se asegura que la campaña rusa de hackeo realmente existió y que ésta fue de tal magnitud y complejidad que «sólo los más altos dirigentes rusos pudieron autorizarla». Es decir, que el presidente Vladimir Putin, estaría personalmente detrás de la ofensiva cibernética. Dimitri Peskov, portavoz del Kremlin, se apresuró a repetir lo que ya dijo el 15 de diciembre ante acusaciones similares, que rechaza «cualquier posibilidad de una implicación oficial de Rusia» en la campaña.

Negar la participación «oficial» no excluye que haya habido una participación extraoficial, que contase con el beneplácito de Moscú, el informe estadounidense no lo aclara. En cualquier caso, esta posibilidad ya había sido admitida por James Woolsey, exdirector de la CIA y principal asesor de Trump en cuestiones de seguridad nacional. En declaraciones a la CNN señalaba tres días antes del comunicado de Trump, cuando éste aún negaba la implicación del Kremlin, que «creo que Rusia estuvo implicada» y agregó que probablemente también hubiese otros países implicados en ataques similares. «No descarto a China e Irán», aclaró.

El propio Trump, e incluso los jefes de la inteligencia estadounidense, no descartaron esta posibilidad. De cualquier manera, lo que apunta el informe encargado por Obama es que se trataba de una «campaña polifacética», que constaba de pirateo informático, propaganda clásica, desinformación y noticias falsas, es decir lo que constituyó el meollo de la campaña del presidente electo. Además, el documento asegura que, si bien el objetivo incial era arruinar las posibilidades de Hillary Clinton de ser elegida para la presidencia, hay un segundo objetivo, menos evidente: minar la confianza de los ciudadanos estadounidenses en su sistema democrático.

Con su habitual táctica de desviar el tiro, Trump, que el viernes fue ratificado por el Congreso y el Senado como 45º presidente de Estados Unidos, aseguró que todo esto no pasa de ser una «caza de brujas» promovida por los perdedores de los comicios de noviembre, que se sienten «muy avergonzados» por su derrota.

Puede que tal vez no por vergüenza, pero resulta curioso que el informe haya salido a la luz pública cuando arreciaban la campaña mediática de Trump contra la reforma del sistema sanitario del país, el Obamacare, que el presidente saliente considera uno de los pilares de sus dos mandatos y que Trump ha jurado que lo va a desmontar cueste lo que cueste.