Jeroen Dijsselbloem, una ‘juerga’ que le puede salir muy cara

El presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, en una imagen de archivo. / Efe

BRUSELAS.– Jeroen Dijsselbloem (Eindhoven, 1966) es el ministro de Finanzas en funciones de los Países Bajos y el presidente del Eurogrupo, un órgano informal que reúne a los ministros de los países de la zona del euro. Dijsselbloem se graduó en Economía Agrícola por la Universidad de Wageningen y estuvo unos meses investigando en la Universidad de Cork (Irlanda). Milita en el Partido Laborista Holandés desde 1985 (PvdA) y comenzó su carrera política en el 92, precisamente en Bruselas, como asistente en el Parlamento Europeo. Tras varios cargos municipales y de asesor, en el año 2000 se convierte en diputado. Solo dos años después se hará cargo de la cartera de Educación. En 2012, asume el cargo de Ministro de Economía en el gobierno del conservador Mark Rutte. El 21 de enero de 2013 sucedió al hoy presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, al frente del Eurogrupo, cargo que además renovó en julio de 2015, en plena crisis griega.

Fue precisamente la negociación del tercer rescate a Grecia lo que puso a Jeroen Dijsselbloem en el punto de mira. Muchos de sus compañeros socialistas le recriminaron en aquella época su dureza en el trato con los griegos y su defensa de las políticas de austeridad. Y entonces llegaron la victoria de Syriza en las elecciones y el nombramiento de Yanis Varoufakis como ministro de Finanzas. Las diferencias, de fondo y de forma, entre Varoufakis y su homólogo holandés alcanzaron tal punto que el Comisario de Economía, Pierre Moscovici, reconoció que los ministros llegaron a las manos en plena negociación. Ni si quiera entonces, tras las acusaciones del ministro griego de haber sido expulsado de la reunión del Eurogrupo, Grecia al borde del precipicio  y una «confrontación física» con Yanis Varoufakis, Dijsselbloem perdió el respeto de sus compañeros. Al contrario, muchos de sus homólogos aplaudieron su mano dura y le confiaron la presidencia del Eurogrupo en un segundo mandato que concluye en enero de 2018. Jeroen Dijsselbloem era un presidente de consenso, hasta ahora.

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La declaración de la discordia

En una entrevista con el diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung, el presidente del Eurogrupo realizó las siguientes declaraciones, tras ser preguntado por la importancia de cumplir con el Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la UE, que obliga a reducir el déficit: «Por un lado, si lo aplicamos de forma consistente, somos más predecibles de cara al exterior. Por el otro, el pacto crea confianza en la zona euro. Durante la crisis del euro, los países del norte de la zona euro han mostrado solidaridad con los países en crisis. Como socialdemócrata, creo que la solidaridad es extremadamente importante. Pero quienquiera que pida solidaridad también tiene obligaciones. Uno no puede gastar todo su dinero en alcohol y mujeres y luego pedirte ayuda. Estos principios se aplican a nivel personal, local, nacional y también europeo». Unas palabras cuyo contenido racista y machista no ha gustado nada en Europa.

Pocos días después de la publicación de la entrevista, durante una comparecencia rutinaria en el Parlamento Europeo, el eurodiputado español Ernest Urtasun exigió Dijsselbloem que se disculpase por unos comentarios que considera intolerables. El Presidente del Eurogrupo se negó en redondo a ofrecer una disculpa: “No, de ninguna manera”. Ante la negativa del holandés, pidió su dimisión. Y pocas cosas han puesto más de acuerdo a los partidos políticos españoles que su desprecio hacia la actitud Jeroen Dijsselbloem. El jefe de la delegación del PP en el Parlamento Europeo, Esteban González Pons, aseguró que Dijsselbloem había ofendido a los países del sur y las mujeres con su declaración «racista y machista» y debía «disculparse o dejar su puesto». El eurodiputado socialista Javi López iba un paso más allá y pidió el cese «sin condiciones» del presidente del Eurogrupo al que acusaba de ser «ofensivo, ignorante y arrogante». También Marina Albiol, portavoz de IU en la Eurocámara, pidió su dimisión: «Quien insulta y ataca en términos xenófobos y machistas a la población del sur de Europa no puede representar a los ministros de Finanzas de los Gobiernos de la UE».

Antonio Costas:
«En una Europa seria el señor Dijsselbloem ya habría dimitido»

Pero no solo los cargos europeos españoles han censurado las declaraciones de Dijsselbloem. La Comisaria de Competencia de la UE, Margrethe Vestager, dijo que las palabras del presidente del Eurogrupo «están mal». También el líder del Grupo de los Socialistas y Demócratas en el Parlamento Europeo, al que el Partido Laborista Holandés pertenece, Gianni Pitella, manifestó sus dudas sobre la pertinencia de su continuidad al frente de la institución: «Me pregunto si una persona que piensa así puede ser considerada adecuada para ser presidente del Eurogrupo». Por su parte, la líder de la Izquierda Unitaria Europea y la Izquierda Verde Nórdica, la alemana Gabi Zimmer, criticó el contenido machista y xenófobo de unas declaraciones que no solo dan «una imagen estereotipada de los europeos del sur», sino que es «un insulto a millones de europeos que sufren las consecuencias de la austeridad de la que es responsable».

El primer ministro portugués Antonio Costas ha sido el único dirigente europeo que ha pedido la cabeza de Dijsselbloem, aunque en Atenas y Roma tampoco han sentado bien sus palabras. Costas ha sido tajante: «En una Europa seria, el señor Dijsselbloem ya habría dimitido». El exprimer ministro italiano Matteo Renzi, a través de su página personal en Facebook, también ha pedido la dimisión del holandés por sus «estúpidas» declaraciones: «Si quiere ofender a Italia que lo haga en el bar de debajo de su casa, pero no desde su cargo institucional».

¿Un nuevo presidente del Eurogrupo?

Ante la ola de críticas, Jeroen Dijsselbloem ha dado un paso atrás y se ha disculpado: tarde y mal. El presidente achaca la polémica a un «malentendido», un choque cultural, un «desafortunado vínculo» de sus declaraciones al principio de reciprocidad. Dice Dijsselbloem que lo siente si ha ofendido a alguien con su frase pero que igual es que no lo han entendido porque los holandeses son muy directos, que se refería a él mismo y no a los países del sur. En suma, pide perdón con una fórmula que suena más a pretexto que a disculpa y además, se aferra al cargo.

Y lo hace probablemente porque el futuro de la presidencia del Eurogrupo empezó a ser una incógnita mucho antes de las sus desafortunadísimas declaraciones. La estrepitosa derrota de los Laboristas en las elecciones de los Países Bajos el pasado 15 de marzo los deja casi con toda probabilidad fuera del Gobierno y, por tanto, a Dijsselbloem sin cartera. Hay quienes apuntan a esta salida de tono como un desesperado intento del presidente de permanecer en el ejecutivo del conservador Mark Rutte, que compró el discurso racista de Geert Wilders durante la campaña. No parece sin embargo muy creíble, pues Dijsselbloem ya es bastante ortodoxo teniendo en cuenta que pertenece a un partido socialista.

Las declaraciones del  holandés han podido dar al traste con los apoyos que necesitaría para convertirse en el primer presidente permanente

El cualquier caso, según fuentes europeas, un candidato a presidir el Eurogrupo debe ser ministro de Finanzas, Economía o similar de un Estado de la zona euro… pero no dice nada de la situación del presidente electo. Ésto deja la puerta abierta a la continuidad de Dijsselbloem. Sin embargo, insisten las mismas fuentes, son los Estados miembros quienes deben decidir en función de las circunstancias.

Lo cierto es que esta polémica estalló en la UE en plena reflexión sobre el futuro de la institución. Un futuro que para Alemania, aunque no solo, pasa por la instauración de una presidencia permanente. Y Wolfgang Schäuble, ministro de Finanzas alemán, veía con buenos ojos a Dijsselbloem para ser el primer presidente permanente del Eurogrupo. Sin embargo, las declaraciones del holandés han podido dar al traste con los apoyos que necesitaría para conseguirlo.

La posibilidad de una rotación en la presidencia es también una opción probable. Y el ministro español de Economía, Luis de Guindos, parece el mejor posicionado para una carrera que ya perdió en 2015. De Guindos nunca se ha retirado de la lucha por la presidencia del Eurogrupo y de hecho, durante la última reunión dio a entender que consideraba que alguien sin cartera no tenía «legitimidad» suficiente para hacerse cargo de la institución. Tras las declaraciones de la polémica que calificó de «desafortunadas», rechazó, sin embargo, ser por el momento candidato a nada.

Luis de Guindos se enfrenta además a otro problema: el equilibrio roto de poderes en la UE. Con la elección de Antonio Tajani como presidente del Parlamento Europeo, la reelección, polémica polaca a parte, del presidente del Consejo Europeo Donald Tusk y Jean-Claude Juncker al frente de la Comisión, el Partido Popular Europeo ostenta todas las presidencias de relevancia de la UE. Con solo una excepción, y además doble, la única mujer al frente de una institución europea (el Servicio Europeo de Acción Exterior) y jefa de la diplomacia es la socialista italiana Federica Mogherini.

Aunque todos los escenarios están abiertos a Jeroem Dijsselbloem, que ya ha visto a su partido caer, puede salirle cara «la juerga» y perder su salvavidas político que es a día de hoy la presidencia del Eurogrupo.

(*) Beatriz Ríos es periodista.