El Parlamento iraní reconoce que la mayoría de las mujeres rechazan el hijab obligatorio

  • El estudio revela que el 55 por ciento de las mujeres iraníes prefieren que el velo islámico sea algo voluntario
  • La mayor parte de la sociedad iraní también considera que el Estado no debe castigar a las mujeres que incumple la norma
  • Varias mujeres han sido condenadas ya a penas de prisión por desprenderse del velo islámico en público
  • Shaparak Shajari Zadeh ha decidido huir de Irán al ser amenazada con una condena de cárcel de veinte años

Un informe hecho público el pasado mes de agosto por el Parlamento iraní revela que la mayor parte de las mujeres de ese país rechaza la obligatoriedad del hijab –velo islámico-, tal y como estipulan las normas para la vestimenta femenina desde la Revolución de 1979.

Este trabajo, realizado por el Centro de Estudios del Majlis (Parlamento) y que lleva por título “Factores y soluciones para la aplicación de Hijab”, es el primer reconocimiento oficial en la República Islámica del rechazo de las mujeres iraníes a cubrirse la cabeza y el resto del cuerpo de acuerdo con los preceptos musulmanes, y se produce coincidiendo con el apresamiento de decenas de mujeres precisamente por desprenderse de forma intencionada y en público del hijab.

En concreto, el informe parlamentario explica que el 55% de las mujeres consultadas prefería que el hijab fuera voluntario y, contra la creencia general, destaca que tal rechazo está tan extendido en los centros urbanos como en el ámbito rural.

El estudio también realiza valoraciones sobre la evolución que ha sufrido la sociedad iraní en esta materia durante las casi cuatro décadas transcurridas desde la Revolución liderada por el ayatolá Jomeini en febrero de 1979. Por ejemplo, en 1986 eran más del 80 por ciento las personas que consideraban más respetables a las mujeres con chador –cobertura integral del cuerpo- que a las que no lo llevaban. Sin embargo, solo unos años más tarde, en 1992, ese elevado porcentaje ya se había reducido a la mitad.

Coincide que fue a finales de los años 80 y comienzos de los 90 cuando la represión islámica alcanzó los momentos de mayor dureza en Irán, siendo ejecutados sin contemplaciones miles de presos políticos en las cárceles y lanzándose una amplia campaña de limpieza étnicas en varias zonas del Kurdistán iraní.

El informe igualmente reconoce que en el año 2006 todavía la mayor parte de los iraníes consideraban que el Estado tenía derecho a tomar medidas para que se respetara la ley en esta materia pero que en el 2014 solamente el 40 por ciento de los encuestados creía que la autoridad debía imponerse sobre las mujeres que cometían este tipo de “delitos”.

Shaparak Shajari Zadeh, sobre la que pesa una condena de 20 años y que ha decidido abandonar Irán.

La mujer iraní ha hecho de su aspecto físico, de su forma de vestir, atuendos, adornos y maquillaje un arma de lucha contra el régimen integrista, de forma especial a partir de los años 90. Comenzó sustituyendo el chador por el hijab –pañuelo cubriendo la cabeza- para después ir retrasando este pañuelo para mostrar de forma progresiva una mayor cantidad de pelo, mientras sustituía el chador por un gabán que apenas llegaba a la rodilla y que ahora también está en trances de desaparecer.

Este movimiento dio en 2012 un salto cualitativo cuando miles de mujeres colgaron en las redes sociales fotografías desprendiéndose de sus pañuelos bien en sus casas o en lugares apartados, evitando así la acusación de realizar tal acto delictivo en público. Sin embargo el pasado 27 de diciembre, la feminista iraní Vida Movahed se subió a un pedestal en la concurrida avenida de Enghelab (Revolución), una de las más céntricas de Teherán, y se quitó ostentosamente el pañuelo, por lo que fue detenida y encarcelada.

Decenas de mujeres le imitaron en los días siguientes, siendo detenidas, sobre todo durante el mes de febrero del año en curso, cuando una treintena fueron apresadas bajo la acusación de violar la ley y de promover la degradación moral.

Varias de ellas ya han sido sentenciadas a distintas penas de cárcel. Por ejemplo, la socióloga Narges Hosseini, de 32 años, fue condenada en marzo a dos años de cárcel y otros tantos con sentencia suspendida durante cinco años para evitar su reincidencia. Por su parte Maryam Shariatmadari, estudiante de informática, ha sido condenada a otros dos años de cárcel.

La pena más dura hasta el momento ha recaído sobre Shaparak Shajari Zadeh, que este mes de julio ha sido sentenciada “en rebeldía” a dos años de cárcel y a otros 18 con la sentencia suspendida, que debería cumplir si vuelve a cometer el mismo delito.

Esta joven manifestó a través del movimiento Miércoles Blancos que, tras ser detenida en dos ocasiones, en febrero y en mayo, cuando se encontraba en la ciudad de Kashan, ha decidido abandonar su país porque ya no se sentía a salvo.

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