Los uigur evidencian el reto identitario en China

  • Hay 56 identidades culturales reconocidas por el Gobierno chino. Entre ellas, los uigur, minoría musulmana que vive en la región autónoma de Xinjiang, al noroeste
  • La filtración de los manuales que indican cómo internarlos en campos de reeducación han hecho que esta comunidad pase de los márgenes a los titulares de todo el mundo
  • Lo que no ha tenido tanta atención mediática es que una de las personas que posibilitó la investigación siente en peligro su vida

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Más de 1.400 millones de personas viven en China, casi el triple de toda la población europea, según los últimos datos del Buró Nacional de Estadística de China. Peter Wood, editor de China Brief y experto en temas de defensa, concluyó en un análisis que el 94% de ciudadanos chinos se concentraba en la mitad oriental de un territorio que equivale al que ocuparían dos Uniones Europeas. En el 92% de casos estos habitantes son de etnia ‘han’. Aunque con amplia mayoría, los ‘han’ coexisten con al menos otras 56 identidades culturales reconocidas por el Gobierno. Entre ellas están los uigur, una minoría musulmana que vive en la Región Autónoma de Xinjiang, al noroeste del país. Y que hasta hace poco no eran noticia.

La filtración de los manuales internos que indican cómo internarlos en campos de reeducación han hecho que esta comunidad de once millones de personas pase de los márgenes sociales a los titulares de todo el mundo. En estos escritos se insiste en que hay que “prevenir fugas” estableciendo guardias, vídeo vigilancia y poniendo cerraduras en los dormitorios. También en que el tiempo mínimo para ‘graduarse’ es de un año.

Se calcula que un millón de uigurs están siendo retenidos pero China insiste en que son solo escuelas que preparan a un futuro trabajador y, al mismo tiempo, le aleja de pensamientos radicales. Sin embargo los testimonios de las víctimas, los vídeos de las instalaciones difundidas por la BBC y las imágenes satélite analizadas por The New York Times indican que los supuestos alumnos viven en espacios controlados con vallas y uniformes.

Para entender las raíces históricas de la situación actual hablamos con la especialista en políticas étnicas chinas Vanessa Frangville. “La región uigur ha sido objeto de medidas especiales desde los inicios de los 90 tras el incidente de Baren en el que se enfrentaron las autoridades locales chinas y los militantes uigures”, señala Frangville. “Otro giro decisivo fueron las protestas de Ghulja en 1997 en las que muchos uigures fueron asesinados o desaparecieron”, y explica, “después de estos confrontamientos Beijing militarizó la zona y controló de manera sistemática sus teléfonos, ordenadores, mezquitas y escuelas”. Para Frangville el discurso de “desradicalización” empezó en los 2010 con los campos de internamiento.

Esta última fase es la que cuenta la investigación del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, más conocido como ICIJ, que evidencia además una coordinación y sistematización de detenciones. Todas estas privaciones de libertad se justifican en indicios o sospechas de que el arrestado pueda cometer crímenes o tener ideas peligrosas por creer en el Islam. Una vulneración de derechos humanos que denuncia Amnistía Internacional desde hace años. La publicación simultánea en varios países occidentales y en varios idiomas de esta información desembocó en que en noviembre el Parlamento Europeo emitió un comunicado rotundo: “Condenamos los cientos de miles de uigurs y kazajos enviados a campos de ‘reeducación’ basados en una política predictiva”.

Para el investigador Timothy Grose, doctorado en Estudios de Euroasia Central y especializado en Xinjiang, el inicio de estas medidas se sitúa a partir de 1978, cuando China intenta controlar la influencia del Islam en las comunidades uigures. “Oficialmente el Gobierno acoge las 56 etnias del país, aprobando leyes que protegen y promueven estas minorías pero la etnia, entendida como identidad, no es sencilla de manejar por el Estado”. Y este sería el punto que el Xi Jinping quiere reconfigurar, concluye Grose.

Pese a la polémica por la investigación China Cables, lo que no ha tenido tanta atención mediática es que una de las personas que posibilitó la investigación siente en peligro su vida: “Necesito protección”, dice Asiye Abdulaheb, de 43 años y holandesa con ascendencia uigur, al medio holandés deVolkskrant. Afirma que fue ella quien filtró 24 páginas confidenciales sobre los campos de internamiento, una declaración de la que se hizo eco ICIJ aunque sin desvelar si fue ella: “No comentamos sobre nuestras fuentes”.

“Puedo manejar bastante bien la presión pero temo por mis hijos y por su padre”, explica Abdulaheb, quien pidió asilo en Holanda en 2009, el mismo año en el que conoció a su ahora expareja, Jasur Abidula. Él también teme por su vida. Cuenta que fue abordado e intimidado por espías chinos durante cinco días, una historia que ha resultado imposible de contrastar pero que Adrian Zenz, periodista alemán especializado en la comunidad uigur, considera plausible con las estrategias de presión chinas. “Con estas nuevas revelaciones [Abdulaheb] insulta a China pero si actúan contra ella solo atraerán atención hacia las intervenciones chinas en el extranjero y colocará a Xinjiang más alto en la agenda”, valora Zenz.

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