PANDEMIA COVID-19

Sálvese quien pueda: un relato macondiano desde Ecuador

  • Ecuador es uno de los países con más casos en América Latina, solo superado por Brasil y Chile
  • Guayaquil ha dado la vuelta al mundo con imágenes grotescas que evidencian la improvisación a la hora de afrontar la crisis por el covid-19

1

QUITO (ECUADOR).- Las comparaciones son odiosas y por ello sería impensable plantear un paralelismo entre España y Ecuador. Hoy el mundo asiste estupefacto a una cuarentena casi global, impensable hace más de un mes en Occidente. Mientras cada país afronta la crisis por el coronavirus de manera particular, de acuerdo con sus realidades, Ecuador decretó el estado de excepción, cierre de fronteras y toque de queda, entre otras medidas, desde el 17 de marzo. El caso del país sudamericano es el ejemplo de una gestión improvisada, con tintes de género macondiano, desatada a tenor de los acontecimientos que se fueron dando en Italia y España, donde existe una comunidad migrante importante, y en el que la debilidad política presagia la incertidumbre y la rapidez con la que golpea este virus en la región.

Luces, cámaras y acción: el foco

El principal foco de los casos en Ecuador se encuentra en Guayaquil. Esta ciudad de aproximadamente tres millones de habitantes, que se caracteriza por ser el principal motor económico de Ecuador, cuyo puerto es uno de los más importantes de la costa del Pacífico oriental, es también una muestra de los indicadores de desigualdad y pobreza del país y de la región: Guayaquil es la ciudad que concentra la mayor tasa en un país donde uno de cada cuatro habitantes se encuentra en situación de pobreza. Además, Guayaquil es el estandarte del denominado “modelo exitoso” pregonado por las élites de un neoliberalismo que evidencia el fracaso ante una mirada impasible que proyecta el sálvese quien pueda de lo que está pasando en la “Perla del Pacífico”, que acumula casi la mitad de los casos del país y supera a países enteros.

Para las autoridades ecuatorianas el punto de partida fue la paciente 0, residente de Torrejón de Ardoz, que viajó el 14 de febrero para visitar a su familia de Babahoyo, siendo objeto de discriminación como consecuencia del miedo y el desconocimiento. Según testimonios de los familiares, incluso les impidieron la entrada al hospital para ser atendidos al mismo tiempo que eran señalados y estigmatizados desde las redes sociales y sus propios vecinos.

Sin embargo, la clara demora en el accionar tuvo su precedente cuando un ciudadano chino llegó al país el 21 de enero tras realizar escalas en Hong Kong y España. Al presentar los primeros síntomas fue hospitalizado dos días después al mismo tiempo que fue aislado como el primer caso sospechoso de coronavirus en Ecuador. No fue hasta el 4 de febrero, dos semanas más tarde, cuando el Ministerio de Salud confirmó el negativo del paciente chino, quien falleció finalmente por un cuadro de hepatitis B y neumonía. La gestión de este caso se convirtió sin saberlo en un punto de partida donde se han desenmascarado las carencias de las autoridades políticas para afrontar una emergencia sanitaria que actualmente está desangrando a la población de Guayaquil.

Una realidad macondiana

Como si de una novela de Gabriel García Márquez se tratara, como si en unos cuentos del Grupo de Guayaquil relataran la cruda realidad que se vive en la ciudad, no cabe la menor duda que ha dado la vuelta al mundo llegando a rozar lo macabro hasta el punto de que el vicepresidente de Ecuador, Otto Sonnenholzner, reconociera el pasado fin de semana el fuerte deterioro de la imagen internacional. Mientras se debate el paradero actual del presidente ecuatoriano, Lenín Moreno, Ecuador exhibe situaciones surrealistas que representan el miedo, la desesperación, la improvisación y, en definitiva, la incapacidad de las máximas autoridades para enfrentar la crisis.

Cadáveres que se amontonan en los hospitales, un campamento de acogida para pacientes de coronavirus ardiendo producto del pánico de la población, centros de salud y pacientes abandonados a su suerte. Familiares y vecinos fallecidos en sus casas, embalados en plásticos y esperando durante días a ser recogidos mientras las funerarias no dan abasto y el número de casos oficiales no cuadra con el número de muertes diarias. Ataúdes de cartón como donativo por parte del Municipio de Guayaquil, el mismo que saltándose las leyes internacionales impidió el aterrizaje de aviones que tenían como objetivo regresar a ciudadanos europeos a sus países de origen, y que ahora hace un llamado a la oración para combatir al coronavirus. Aglomeraciones para conseguir cilindros de oxígeno que incluyen kits respiratorios es la última moda para aquellos que pueden permitirse pagar entre 300€ y 500€.

Es posible que para muchos estos ejemplos sean cuanto menos imposibles, pero en Ecuador siempre hay cómo. Cada ejemplo sirve para mantener a la audiencia enganchada a la pantalla de los canales más sensacionalistas en todo el planeta, pero también nos traslada perfectamente a cualquiera de los pasajes de Cien Años de Soledad, en un escenario macondiano que retrata a los tomadores de decisiones como personajes sin un rumbo fijo esperando a que todo esto acabe: y sálvese quien pueda.

Mientras tanto, aquellos que viven del día a día, en el que su sustento pasa por vender en la calle, montar su puestito de comida y se las ingenian como pueden, demuestran su capacidad de resiliencia adaptándose al nuevo mercado informal imperante en las desoladas calles vendiendo guantes y mascarillas. Vidas de cartón más preparadas que el plan de contingencia para luchar contra el coronavirus. Ni qué decir tiene que será de su futuro, más cuando el país ya estaba sumido en una crisis económica. Representan a los nadie de Eduardo Galeano, y cuando se habla de falta de disciplina, este es un planteamiento erróneo porque no se tiene en cuenta que buena parte de la sociedad ecuatoriana no dispone de los recursos necesarios para quedarse en un lugar y cumplir la cuarentena.

Exceso de confianza

Otro ejemplo representativo de lo que está pasando en Ecuador en estos momentos en esta crisis por el coronavirus es lo que está ocurriendo en los centros médicos y hospitales del país. Por razones obvias y de manera anónima, cuartopoder contactó a un profesional sanitario cuyo testimonio esclarece el exceso de confianza que se vivió al momento de afrontar la emergencia. En este sentido, el vaivén del Ministerio de Salud de Ecuador ha dejado constancia de la improvisación y la responsabilidad del Estado, sobre todo, a partir de la renuncia de la ministra Catalina Andramuño, entre otros motivos por no recibir ninguna asignación presupuestaria para el manejo de la emergencia, así como por la imposición de funcionarios que no tienen conocimientos de salud pública. Un escenario nada esperanzador y que indica que existe mayor prioridad en el ejecutivo en pagar la deuda que en salvar vidas.

Una elección perversa, con tendencia global, en el análisis sobre la pandemia: importan más el mercado y la economía que las vidas humanas. El sustituto en la cartera de salud, Juan Carlos Zevallos, señalaba que “el virus se mantiene en el aire un tiempo importante”, cuestión que desmintió la Organización Mundial de la Salud, y que refleja el poco cuidado en las declaraciones de las autoridades, generando más miedo y pánico entre la población ecuatoriana.

Así, mientras salía a la luz un escándalo sobre la compra pública de mascarillas con sobreprecio para que luego dirigentes del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social suspendieran el proceso y anunciaran investigaciones al respecto, están los profesionales de la salud: “Me reasignaron al servicio de emergencia, a la atención de pacientes sintomáticos respiratorios, tratando de identificar pacientes sospechosos de covid-19. Pasé nueve días hasta que tuve que ingresar como paciente”. Este relato se corresponde con la afirmación del viceministro de Salud, Ernesto Carrasco, que días atrás admitió que más de 1.600 profesionales de la salud estaban contagiados, lo que suponía el 43,8% de los casos confirmados en el país.

“El virus en sí no se comporta como nos habían dicho”, agrega la persona entrevistada para este medio: “El pánico se ha apoderado de todos, no solo por nuestra salud sino por la de nuestras familias. Algunos compañeros están pensando en renunciar, otros han fallecido”. A pesar de que el Gobierno haya anunciado la contratación de más personal médico, solamente se han confirmado alrededor del 65% de las nuevas incorporaciones que se esperaban. Y no solo es el personal sanitario lo que falta, también los insumos para protegerse: “Hasta ahora nos hemos ingeniado, las mascarillas N95 se reutilizan por un tiempo estricto, solo los profesionales en contacto las usan, los demás usan mascarillas quirúrgicas, al igual que los trajes de protección, las enfermeras empezaron a hacer trajes de protección a partir de las sábanas desechables del mismo material. Creo que así tendremos que sortearnos a la suerte”.

Si bien es cierto que existe cierta relatividad en torno a cómo se contabilizan los casos por coronavirus en todo el mundo, los datos arrojan que Ecuador tiene el mayor número de contagios y muertos per cápita en Sudamérica, con una tasa de mortalidad del 5,44% y una tasa de recuperación del 3,15%, y si a eso se añade el colapso que se vive en Guayaquil, hay motivos suficientes para no confiarse: “La gestión administrativa fue demasiado tardía, pienso que la respuesta de cerrar fronteras y ciudades se dio a destiempo, tal vez no quisieron ser alarmistas y la población no lo percibió como un gran riesgo. Se hablaba de un bajo índice de mortalidad, de grupos de riesgo, y nos creímos invencibles, nos confiamos”, señala la profesional sanitaria.

1 Comment
  1. Timothy MacAren says

    El presidente Lenin Moreno está escondido! Su gobierno le da más importancia a pagar la deuda que a la atención pública!
    Estos dos puntos me dan pauta de la real situación: Lenin Moreno es repugnantemente vil, venal y traidor a su patria. Y traidor a la humanidad.
    Este individuo secundó al progresista presidente Rafael Correa como perrito faldero, hasta que subió empujado por el engañado… para reversar todas las mejorías sociales que tan trabajosamente el sufridísimo Ecuador había conseguido con Correa! No solo «Lenin» desbarató la previsión social sino erigió legislación para asegurar que no volvieran al Ecuador! Pero estamos hablando de uno de los países menos desarrollado con inmensa desigualdad social. Cómo y porqué alguien puede ser tan infame.
    Y la IMF y el Banco Mundial le prestaron billones! A intereses leoninos! Por 30 años!

Leave A Reply

Your email address will not be published.