KURDISTÁN / La región kurda es víctima de saqueos generalizados y persecución de cristianos y yezidis por grupos islamistas

España, EEUU y la OTAN “autorizan” el nuevo etnocidio de Turquía en la zona siria de Afrín

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Imagen distribuida por el Observatorio Sirio de Derechos Humanos mostrando el uso de niños para difundir los valores turcos en Afrín.

Son varias las organizaciones locales que están denunciando estos días ante la opinión pública internacional la nueva campaña de limpieza étnica que Turquía, uno de los principales aliados de la OTAN, está llevando a cabo en la región kurda de Afrín, situada en el extremo noroccidental de Siria, muy próxima al mar Mediterráneo.

Tanto el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH) como el Consejo Nacional Asirio (cristianos) y la organización Yazda (yezidis) se refieren a hechos equiparables a los crímenes de guerra y que, de acuerdo con todas las fuentes, habrían sido imposibles sin un acuerdo explícito entre Ankara y Moscú. Pero aún resulta más grave e inexplicable el silencio cómplice de los aliados de Turquía dentro de la OTAN y, de forma especial, de España, que tiene desplazado en la zona un importante contingente militar para respaldar al Ejército turco, y de Estados Unidos, que paradójicamente se ha apoyado en los kurdos para combatir y derrotar al Estado Islámico, una actitud que implica, en la práctica, la “autorización” de tal etnocidio.

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La región de Afrín, históricamente denominada Kurd Dag (Montes Kurdos), es una pequeña zona olivarera de monte bajo, habitada desde tiempos inmemoriales por kurdos mayoritariamente suníes, pero entre los que también hay significativos segmentos de población alevi, alawi –ambas corrientes chiíes-, cristiana y yezidi, ancestral credo de orígenes zoroastrianos

A esta compleja composición étnico-religiosa hay que añadir la peculiaridad de una fuerte presencia del Partido de la Unión Democrática (PYD), principal organización kurda, de carácter laico y progresista, cercana ideológicamente al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), grupo armado que actúa principalmente en Turquía.

Los tractores de los agricultores olivareros de Afrín han sido el botín más preciado de los grupos pro-turcos. En este caso, se llevan uno justo donde estaba la estatua de Kawa cuyos restos se ven tras el camión-grúa. OSDH

De acuerdo con todas las informaciones procedentes de la zona, la ocupación turca de Afrín, desencadenada el 20 de enero y completada dos meses después tras duros combates con las Unidades de Protección Popular (YPG), ha supuesto el éxodo de más de 300.000 personas y un saqueo generalizado en miles de casas abandonadas por familias que han vivido aquí durante siglos y generaciones enteras, pillaje realizado por las milicias islamistas que han colaborado con Turquía en esta operación.

También se cuentan por cientos los civiles muertos en bombardeos o asesinados, algunos en ejecuciones sumarias, habiéndose denunciado casos de secuestros, rapto de mujeres y destrucción de templos no islámicos, como ha hecho la organización Yazda, conocida mundialmente por respaldar a la activista yezidi Nadia Murad, símbolo de las mujeres esclavizadas sexualmente por el Estado Islámico y por cuya valentía al denunciar el genocidio yezidi en Irak le ha valido ser nominada para el Premio Nobel de la Paz, haber recibido varios galardones internacionales, entre ellos el Premio Sajarov del Parlamento Europeo, y ser nombrada “embajadora de buenos oficios” por la ONU.

La propia Nadia Murad difundió a mediados de marzo un llamamiento solicitando a las Naciones Unidas y a la Unión Europea que detuvieran lo que consideraba una repetición de lo ocurrido a manos del Estado Islámico en la región iraquí de Sinyar durante el verano de 2014, cuando esta organización yihadista lanzó una campaña de exterminio para hacer desaparecer la religión yezidi.

Yazda calcula que en la zona de Afrín había una treintena de pueblos yezidis, con aproximadamente unos 30.000 habitantes, que, de acuerdo con testimonios personales facilitados a Cuartopoder, han sido atacados repetidamente por la artillería turca de forma premeditada y por practicar este credo no musulmán

Pero lo más escandaloso de este caso es que la región de Afrín ha sido, durante toda la guerra, la zona más estable de Siria, donde se ha conservado, bajo el control del PYD, una ancestral diversidad religiosa y cultural, sin que prácticamente se hayan registrado combates, al contrario de lo que ha ocurrido en el resto del país.

El mapa muestra la situación en que se encontraba Afrín, en el noroeste de Siria, antes de iniciarse la invasión turca. / Manuel Martorell

El único pecado de los kurdos, cristianos, alevis y yezidis de Afrín es haber sido administrados por el PYD y ser una región que podía representar una salida territorial al mar Mediterráneo si esta organización lograba consolidar su proyecto autonómico en el norte de Siria. El presidente turco, Tayip Erdogán, ya ha declarado que no lo va a permitir y que está dispuesto a intervenir en otras zonas controladas por los kurdos, comenzando por la ciudad de Manbij, situada en la ribera occidental del río Éufrates.

Ahora, según denuncian tanto las organizaciones laicas kurdas, el Consejo Nacional Asirio y la ong Yazda, todo el Kurd Dag ha caído en manos de las milicias islamistas pro-turcas que tienen como objetivo reemplazar la población kurda con refugiados sirios traídos tanto de los campos de refugiados de Turquía como con desplazados de otras partes de Siria, en concreto de la zona de Gutta, recientemente reconquistada por las fuerzas del régimen de Bachar al Asad y reforzando así la presencia del islamismo radical en el norte del país.

Tal y como ya se ha denunciado, se han producido casos de secuestros y destrucción de templos yezidis o su reconversión en mezquitas. La agencia AINA ha informado que en las aldeas cristianas los islamistas recién llegados bajo protección turca han fotografiado a quienes asistían a misa y luego han pegado en la calle carteles con esas fotografías, en un claro intento de intimidación colectiva.

Según ha declarado oficialmente el Gobierno de Ankara, la operación de Afrín tenía como objetivo expulsar a los “terroristas” del PYD, principal aliado de EEUU, Francia y Gran Bretaña en la lucha contra el Estado Islámico y que estos países nunca han considerado grupo terrorista. Sin embargo, lo primero que las milicias pro-turcas han hecho al entrar en Afrín ha sido destruir la estatua de Kawa, figura mitológica del pueblo kurdo que no representa a ninguna tendencia política concreta sino que, más bien, es una histórica seña de identidad de este pueblo.

El Observatorio Sirio de Derechos Humanos, por su parte, ha difundido diversas fotografías tanto del pillaje llevado a cabo por las milicias islamistas como de la exhibición de banderas turcas, incluso utilizando a los niños de las escuelas., mostrando así su clara intención de destruir la ancestral presencia kurda y sustituirla por los valores nacionales de Turquía, un acto que pone en evidencia la limpieza étnica que se está llevando a cabo, aunque ahora perpetrado impunemente justo cuando la guerra siria está en su fase final y gracias al consentimiento implícito de sus aliados atlantistas, entre ellos los Estados Unidos y España.

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