Turquía comienza a sustituir la población kurda de Afrín por grupos yihadistas

Tanto el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), con sede en Londres, como distintas fuentes y agencias locales puestas en contacto con Cuartopoder confirman que Turquía ya ha comenzado a reemplazar la población kurda de la zona de Afrín por milicianos y familiares de grupos yihadistas desplazados de otras partes de Siria.

Inicialmente fueron los propios combatientes islamistas y sus familiares quienes, al amparo del Ejército turco y bajo el nombre del Ejército Libre de Siria, comenzaron a ocupar las viviendas y propiedades de familias kurdas obligadas a marcharse de esta región cuando fue invadida por el Ejército turco el pasado mes de enero. Después, según el OSDH, fueron familias desplazadas de Guta Oriental las que fueron obligadas a reasentarse en Afrín al ser reconquistado ese enclave rebelde en las cercanías de Damasco por fuerzas ruso-sirias.

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El cartel del Hospital de Afrín en kurdo y árabe -arriba- y abajo en turco y árabe.

Ahora se trata de la masiva llegada, utilizando grandes convoyes de autobuses, de milicianos yihadistas y sus familiares procedentes de las ciudades de Dumayr, Rahiba, Jayrud, Nasiriya y Atnah. Estas localidades también estaban desde hace años bajo control rebelde en una estratégica zona, entre Homs y Damasco, que dificultaba la comunicación terrestre con la histórica Palmira. Tras la caída de Guta Oriental, las milicias que defendían estas ciudades también han llegado a un acuerdo con Rusia y el régimen de Bachar al Asad, quienes, a su vez, mantienen una coordinación con Turquía para reasentar a estas familias árabes y en muchos casos extranjeras en las zonas arrebatadas a los kurdos.

El desplazamiento de estas caravanas de autobuses ni siquiera es ocultado por ninguna de las partes y distintas agencias de noticias, entre ellas la prestigiosa France Presse, han difundido numerosas fotografías en las que se ve incluso a policías de tráfico turcos dirigiendo las maniobras de los convoyes. Fundamentalmente las milicias y familias desplazadas y ahora reasentadas en el Kurd Dag (Montes Kurdos), cuya capital es la ciudad de Afrín, pertenecen a los grupos Ahrar al Sham, principal integrante del llamado Frente Islámico, y Hayat Tahrir al Sham, antiguo Frente al Nusra, la rama siria de Al Qaeda.

Una de las consecuencias directas de este cambio demográfico o limpieza étnica impulsada por el Gobierno de Tayip Erdogán de acuerdo con Vladimir Putin y con el beneplácito implícito de los miembros de la OTAN, organización a la que pertenece Turquía, es la introducción de reglas islamistas en la vida cotidiana antes inexistentes en el Kurd Dag, ya que esta región, hasta ahora, había sido un ejemplo de convivencia de distintas corrientes religiosas, tanto musulmanas como no musulmanas, especialmente cristianas y yezidis.

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Dos significativas imágenes correspondientes a la ciudad de Afrín. A la izquierda, de 2016; a la derecha, en la actualidad. /Freedilsan

Por ejemplo, se comienza a denunciar ya que las milicias pro-turcas obligan a las mujeres a llevar velo islámico o a cubrirse totalmente el cuerpo, cuando en Afrín la mujer estaba acostumbrada a vestir con un amplio margen de libertad, así como a que las mujeres que salgan de casa vayan acompañadas por algún hombre de la familia.

Se calcula en 140.000 las personas que tuvieron que huir del Kurd Dag cuando las tropas turcas, apoyadas por unidades blindadas y aviones de combate, tomaron el control de esta región situada al noroeste de Alepo para entregarla a los distintos grupos islamistas que el Ejército turco había reclutado en las zonas de Idlib y Azaz. Estos desplazados se encontrarían actualmente en campamentos de refugiados sobre todo en torno a la ciudad de Tal Rifaat, donde habrían comenzado a aparecer enfermedades contagiosas, casos graves de diarrea y afecciones en el sistema respiratorio.

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Abdul Majeed Izzat, decano de Literatura de la Universidad de Afrín. / AMC

Por lo general, cuando las familias de refugiados intentan regresar a sus casas se ven bloqueadas por las milicias pro-turcas desplegadas en las carreteras que permiten el retorno a Afrín y otras ciudades del Kurd Dag. Dentro de la región, las nuevas autoridades intentan borrar toda señal o símbolo de la anterior administración autónoma, como ha ocurrido con el hospital de Afrín, cuyo cartel antes estaba escrito en kurdo y árabe y actualmente aparece, como muestran las fotografías, en árabe y turco.

También se están denunciando detenciones indiscriminadas solo por haber colaborado o simpatizado con el Partido de la Unidad Democrática (PYD), el principal partido kurdo de Siria, exigiéndose a los detenidos elevadas sumas de dinero para quedar en libertad.

Más grave es el secuestro y desaparición de personas cuyo paradero se desconoce, personas que han sido apresadas debido a su religión, como ocurre con varios seguidores del credo yezidi, por ser mujeres jóvenes o por la actividad cultural que realizaban, fueran o no simpatizantes del PYD.

Dilsan Qarachol, detenida por “realizar fotografías sin permiso”. / AMC

Entre estas personas, el AMC (Afrin Media Center – Centro de Comunicación de Afrín), una de las organizaciones que están denunciando internacionalmente la violación de los derechos humanos bajo la administración turca, destacan los casos de Abdul Majeed Izzat Sheikho, decano de la Facultad de Literatura de la Universidad de Afrín, sacado a la fuerza de su propia casa, y la fotógrafa Dilsan Qarachol, fotógrafa independiente, detenida el 29 de marzo por el delito de “sacar fotos de Afrín sin permiso” cuando realizaba instantáneas de los efectos que los combates y bombardeos turcos habían causado en la capital del Kurd Dag.

Tal y como informa el activista kurdo originario de Afrín, Zinar Ala, Dilsan habría sido apresada por miembros de la Brigada Sultán Murad, uno de los principales grupos organizados, financiados y armados por el Gobierno turco y trasladada a la ciudad de Azaz sin las más mínimas garantías para su seguridad.

Casi un mes después, el 29 de abril sería liberada, igual que Izzat Sheikho, mientras surgen nuevos casos de secuestros y detenciones irregulares. En algunos, casos las personas apresadas aparecen muertas tras llevar varios días en manos de las facciones pro-turcas, como ha ocurrido con el cantante Abdelkader Kalisli y su hijo Khalid Kalisli, que habían sido detenidos en el pueblo de Brad.

Por su parte, la organización internacional Yazda, a la que pertenece Nadia Murad, embajadora de Buenos Oficios de la ONU y Premio Sajarov del Parlamento Europeo por simbolizar el sufrimiento de las mujeres yezidis convertidas en esclavas sexuales por el Estado Islámico, ha acusado a los grupos rebeldes apoyados por Turquía de secuestrar a once yezidis en la localidad de Qatna, informando que estos seguidores de uno de las religiones más ancestrales de Oriente Medio han sido llevados a un lugar desconocido.

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