Autores de ‘Epidemia Ultra’: “La ultraderecha triunfa al decir que no quiere esta Europa”

  • Entrevista a los autores de un libro colectivo sobre la oleada de extrema derecha que agita Europa

Las elecciones europeas del pasado 26 de mayo han dejado un panorama inaudito en la Unión Europea, pero lo trascendental no se limita a las citas electorales. El fantasma de la extrema derecha que planea desde hace años sobre el continente toma cada vez más cuerpo y nos obliga a una comprensión urgente. El libro colectivo Epidemia Ultra, la ola reaccionaria que contagia a Europa, coeditado por el periodista Franco Delle Donne y el consultor Andreu Jerez, nace de la necesidad de desentrañar este "fenómeno continental" en busca de una posible vacuna. Este proyecto autogestionado, que cuenta con textos de expertos que escriben desde los distintos países de Europa, se presenta el próximo 24 de junio en la librería Traficantes de Sueños, en Madrid, y está disponible en Amazon.

¿Qué les impulsa a editar un libro como Epidemia Ultra? ¿Qué perseguían?

"El fenómeno de la ultraderecha ha dejado de ser algo circunscrito a las fronteras de los países para convertirse en un fenómeno continental"

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Donne: Cuando vimos que había diversos movimientos de ultraderecha que crecían, pensamos en editar algo conjunto donde participaran expertos de cada país. La idea fue combinar una visión académica analítica con una visión muy periodística. Tiramos de contactos y encontramos diferentes personas cuyo perfil nos encajaba. Casualmente eran de los países más importantes del continente: Italia, Francia, España etc. Para esta segunda edición incorporamos algunos países más como Portugal, que es una excepción. La idea no era solo contar la visión de personas que viven ahí y conocen el fenómeno, sino también explicar qué pasa en nuestra cabeza cuando acabamos votando partidos que en otro contexto nunca votaríamos.

Jerez: Nosotros en 2010 nos dimos cuenta de que había un cambio de paradigma en el tablero político alemán. Usando esa misma hipótesis, editamos un libro en el que pedimos a la gente que escriba sobre algo que parece que quedó claro en las ultimas elecciones europeas: el fenómeno de la ultraderecha ha dejado de ser un fenómeno circunscrito a las fronteras de los países de determinados estados-miembro de la UE para convertirse en un fenómeno continental. Si bien hay grandes diferencias, se producen una serie de coincidencias en cuanto a estrategias, discursos y objetivos.

Se ha hablado mucho en los medios de comunicación de que la ultraderecha ha obtenido un peor resultado del esperado en las últimas elecciones europeas del 26 de mayo. ¿Coinciden con esta percepción?

J: Precisamente, en el capítulo con el que cerramos la segunda edición del libro, hacemos la reflexión de que tal vez se está subestimando el potencial de la extrema derecha y los resultados que obtuvieron el pasado 26 de mayo. Si sumamos las tres facciones en las que se organizan las fuerzas ultraderechistas, ultranacionalistas o euroescépticas suman 175 diputados y se acercan al 25%, a un cuarto de todos los asientos del Europarlamento. No es el 33% necesitado para bloquear decisiones tan fundamentales como la elección del presidente de la Comisión Europea, pero pretender que no ha sido un gran resultado es autoengañarse. Salvini, el gran líder de extrema derecha, en algún momento llegó a decir que querían ser primera fuerza parlamentaria, pero evidentemente eso era una euforia estratégica. Han ganado las elecciones en Francia, Italia, Reino Unido y son primera fuerza en Hungría y en Polonia. Es un análisis errado decir que no han tenido un buen resultado.

D: A veces caemos en la trampa de creer que un fenómeno político tiene impacto o es importante a partir de un resultado electoral. Pero deberíamos medir el impacto de esas ultraderechas en el discurso político, en lo que pensamos que es aceptable o no aceptable en la sociedad, para saber si han cambiado algo.

En Alemania, algunos sondeos situaban a la extrema derecha, la AFD, como segunda fuerza política y finalmente ha quedado la tercera. Mientras, los verdes ganaron posiciones hasta convertirse en la segunda fuerza. ¿Qué creen que nos revela este resultado en el músculo de la UE?

J: En realidad, la ultraderecha alemana no obtiene un peor resultado del que se pronosticaba. Se movía entre un 11 y un 12%, en la intención de voto. Si tomamos la referencia de las últimas elecciones europeas, crecen cinco puntos porcentuales porque en las ultimas consiguieron un 7,1% y en estas consiguieron un 11%, pero sí que es verdad que retroceden respecto a las federales, en las que consiguieron un 12,6%. Lo que está claro es que la ultraderecha se ha consolidado en dos dígitos. Que en un país como Alemania este partido, que banaliza el holocausto o ataca consensos que se consideraban indiscutibles después de la Segunda Guerra Mundial, haya obtenido esa cifra es un serio toque de atención a que algo no esta funcionando allí y, por extensión, en Europa. Si nos enfrentamos a otra llamada crisis de refugiados o a una crisis climática global, es muy mal punto de partida tener un partido ultraderechista con el 11 y el 13% de los votos en un país como Alemania. En el resto de Europa es más o menos lo mismo.

D: El punto en común entre la extrema derecha y los verdes es un elemento que se repite en la mayoría de los países de Europa, tal vez con la excepción de España y alguno más. Es la crisis de los partidos mayoritarios. En Alemania vemos como hay votos indignados con (Angela) Merkel que van a parar a la extrema derecha. El otro grupo de gente que se escapa de Merkel o del partido socialdemócrata va hacia los verdes. Esa es su gran ventaja. Por un lado, tienen una narrativa que se puede oponer a la de la extrema derecha. Tienen un depositario de centro que recibe indistintamente votantes tristes y desilusionados. Sin embargo, este fenómeno verde no se da en toda Europa, solo en países con necesidades posmaterialistas a flor de piel, donde no hay tantos problemas económicos, como en Suecia o en Alemania. En los países del sur, los verdes casi no aparecen.

¿Hay un problema estructural o sistémico en la UE que propicia que los europeos, con toda la historia trágica de los fascismos, vuelvan a apoyar a la extrema derecha?

"La UE se empezó a transformar en una especie de chivo espiratorio para todos los problemas de cualquier país"

D: Ellos tienen una idea de hacia dónde tiene que ir Europa, sus políticas, los valores... Hace unos años que intentó a mermar el interés por el proyecto europeo y también se vislumbraron las grietas. Muchas fuerzas antisistema y nacionalistas empezaron a utilizar el euroescepticismo. La UE se empezó a transformar en una especie de chivo expiatorio para todos los problemas de cualquier país. Con el tiempo se esta construyendo un discurso euroescéptico que tiene cada vez mas fuerza. La UE, como un proyecto que trajo paz, prosperidad y tranquilidad a la mayoría de los sectores y a la mayoría de los países, termina siendo una historia vieja, que necesita ser revitalizada para las nuevas generaciones. Es flagrante que todo el grupo de proeuropeos sean incapaces de construir una narrativa que convenza a nuevos sectores de que este es un proyecto por el cual vale la pena invertir tiempo, dinero, ganas... El sector ultraderechista no es mayoritario, pero triunfan en decir que la Europa que quieren no es ésta, sino una donde las entidades nacionales sean independientes las unas de las otras. Te guste o no, es una visión sobre el futuro del continente.

J: El análisis del alemán Sebastian Friedrich da bastante en la tecla. Él habla de cuatro grandes crisis en el caso alemán pero yo creo que son exportables al resto de la UE. Habla de la crisis del modelo capitalista neoliberal donde los partidos autodenominados socialdemócratas han estado apoyando políticas neoliberales con los conservadores. Después estaría la crisis económica y social de 2008. En Alemania también hay un creciente precariado, aunque el Estado social es más robusto que en Europa. Eso genera un malestar de fondo y un miedo de las clases medias, un terreno más abonado para los ultraderechistas. La tercera crisis seria la crisis de representación. La gente piensa que da igual a quien voten porque las políticas económicas están más o menos escritas. Y en el caso de la UE es significativo porque, aunque el Parlamento Europeo tiene mas poderes que hace diez o quince años, la Comisión es la que propone leyes, por ejemplo. Por último, tenemos la crisis del conservadurismo. Figuras como Merkel han 'socialdemocratizado' sus discursos políticos, que no sus políticas económicas, respecto a los derechos civiles como el matrimonio entre personas del mismo sexo. Eso hace que se amplíe ese espacio electoral a la derecha de la CDU. Estas cuatro crisis enmarcan muy bien este fenómeno ultraderechista europeo.

-- Si hay un voto de penalización o castigo a las fuerzas que hasta ahora han sido hegemónicas en Europa, ¿por qué no se vota a la izquierda? ¿Dónde está la izquierda?

J El capitulo de Guillermo Fernández tiene un fragmento muy interesante en el que habla de dos momentum fundamentales en la política española en este caso. En el año 2011 con el 15M y con la herencia política de ese 15M que asumió Podemos. Hubo otros casos parecidos en la UE. Ese momentum pasó y ahora estamos en el de alternativa retrógrada o alternativa socialista desde lo nacional. El hecho de que la ultraderecha esté ofreciendo un discurso social, pero chovinista, deja a la izquierda descolocada. Lo estamos viendo en los países europeos. Buena parte del voto asalariado, que antes votaba a centro-izquierda, está empezando a votar ultraderecha. Eso debería hacer pensar a las fuerzas de izquierda, socialdemócratas o de la izquierda alternativa, cuál es la oferta que tienen para hacer frente a ese estado social chovinista que estamos viendo y que tiene bastante éxito en países como Francia e Italia. Lamentablemente están quedando fuera de juego y no están manteniendo el ritmo electoral con respecto a las fuerzas ultraderechistas. En el caso de Podemos, vemos claramente como está yendo a la decaída y no se ve que tenga un plan B.

"El hecho de que la ultraderecha esté ofreciendo un discurso social, pero chovinista, deja a la izquierda descolocada"

D: La izquierda se arroga el derecho a decir que ellos sostienen lo que está bien, algo que hacen todos los partidos, pero además consideran que si no estás de acuerdo eres tonto. La ultraderecha a lo sumo te insulta, pero no te descalifica en ningún sentido. Y las ideas de la ultraderecha se acoplan con otras que tienen valores mucho más aglutinadores. Por ejemplo, ellos hablan de valores nacionales, de defender a los tuyos, a nuestros pobres frente a los otros pobres inmigrantes. Desde mi punto de vista, la ultraderecha, en la última oleada, con Marine Le Pen, toma valores en los que todo el mundo podría llegar a estar de acuerdo y, a partir de ahí, es mucho mas fácil construir un discurso. A la izquierda le falta la construcción de este tipo de narrativas para comunicar los valores.

J: En esta nueva edición tenemos dos países nórdicos: Finlandia y Dinamarca. Los dos compañeros que escriben los capítulos nórdicos incluyen dos reflexiones que son bastante clave. Hablan de la redefinición cómo las fuerzas ultraderechistas han conseguido convertir la cuestión migratoria en una cuestión de clase. La izquierda puede asumir este discurso de nuestros pobres contra los pobres de fuera, como está haciendo la socialdemocracia danesa, que ha conseguido ganar las elecciones asumiendo buena parte del discurso ultraderechista en cuestión migratoria. Por el contrario, puede ofrecer un discurso solidario social transversal, independientemente de donde se venga. Ahí se va a jugar buena parte de la hegemonía cultural de los próximos años. El enemigo de la izquierda ya está ahí y la izquierda va a tener que resituarse para recuperar ese voto asalariado que se ha ido a la ultraderecha.

¿Qué herramientas tenemos? ¿Cuál es la estrategia política y social a aplicar para combatir la 'epidemia ultra'?

D: El primer paso es reconocer el problema, la Europa con la que todos soñamos tal vez necesita una redefinición, una nueva narrativa para que mucha gente pueda volver a creer en ella. Todas las respuestas tienen que venir del lado proeuropeo. Me parece que el primer paso es la autocrítica. El segundo paso es no confundirse y creer que hay que copiar a la ultraderecha porque le va bien. Hay muchos partidos de derecha, centroizquierda, que copian banderas o valores como el endurecimiento de las barreras para la migración. Lo único que eso genera es que la ultraderecha tenga todavía más volumen.

J: A estas alturas está bastante claro que sin la crisis económica y la posterior crisis financiera que se produjo en el mundo a partir de 2007 o 2008 no tendríamos el panorama político de hoy. Evidentemente hay diferencias entre la década de los 30 y la actualidad, pero cualquiera que repase la historia del siglo XX va a ver que hay similitudes entre el ascenso paulatino de las fuerzas fascistas en Europa y la crisis económica y el crack del 29. Deberíamos mirar que errores se cometieron en aquella época, salvando las diferencias, para evitar tener que lamentarnos toda una década. Habría que preguntarse si los partidos socialdemócratas quieren volver a practicar políticas económicas socialdemócratas, porque es bonito hablar de las libertades individuales o el matrimonio homosexual, ¿pero qué hay de la justicia social? La batalla de la política económica hay que volver a disputarla. Por otro lado, soy bastante enemigo de los cordones sanitarios, porque cuando estableces un cordón sanitario parlamentario estás negando el debate político con una fuerza que ya esta legitimada. Si la propuesta de las fuerzas mayoritarias o tradicionales es ignorar el problema, el problema va a seguir creciendo. No quiero decir que haya que gobernar con estas fuerzas, pero encerrarlas en los parlamentos en una especie de jaula de oro no hace más que reforzar su dialéctica y sus posiciones.