ENTREVISTA

Iban García del Blanco: “De esta crisis saldremos con una mejor Unión Europea o sin Unión Europea”

  • Charlamos con García Del Blanco, europarlamentario y miembro de la dirección del PSOE
 

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A Iban García del Blanco (León, 1977) la crisis del coronavirus le pilló ya en Madrid. El político socialista camina normalmente sobre dos escenarios: los pasillos del Parlamento Europeo, donde es eurodiputado y vicepresidente de la Comisión de Asuntos Jurídicos, y los de Ferraz, donde ejerce como secretario ejecutivo de Cultura y Deportes. Durante esta semana de confinamiento, se ‘viste’ de eurodiputado para conceder una entrevista a cuartopoder, donde tira de europeísmo, incluso en los momentos de mayor incertidumbre: "Hay que ser optimista para el próximo Consejo”.

Pese al inicial buen ánimo con el que arranca la conversación, el socialista es contundente a la hora de pedir medidas contra la deriva autoritaria del húngaro Viktor Orbán y duro con el papel que escenifica estos días el líder del PP, Pablo Casado: “Si aquí la derecha no está teniendo lealtad con las instituciones, no la vamos a tener nunca”, reflexiona sobre el papel de la oposición en la crisis del coronavirus. Su desconfianza trasciende fronteras: “Espero que de cara al próximo Consejo Europeo, en la reunión del Partido Popular Europeo, el PP español defienda los intereses de España y Europa, pero empiezo a tener pocas esperanzas”.

Encendemos la pantalla del ordenador, abrimos Skype y llamamos. Empieza la charla.

-Hemos conocido que la Unión Europea ha habilitado 100.000 millones de euros para paliar el desempleo que ha dejado la crisis del coronavirus, ¿es un cambio con respecto a lo que hemos visto estos días?

-Creo que hay cosas en las que la Comisión ha ido apuntando por el buen camino. Creo que su posición ha sido la adecuada, aunque es verdad que hay muchas otras que dependen del Consejo. Lo que está en manos de la Comisión, aunque hay veces que se ha echado de menos celeridad a la hora de hacer posicionamientos concretos, creo que está siguiendo los planteamientos que se están haciendo desde el grupo de socialistas y demócratas y del Partido de los Socialistas Europeos, que es que no podemos volver a cometer los errores que cometimos en la crisis financiera. Es probable que esta crisis que estamos afrontando tenga más complicaciones que la de 2008. 

-¿La UE ha estado hasta ahora a la altura de la crisis?

-Creo que sí y a veces somos injustos porque creo que vivimos el tiempo de una manera diferente, sobre todo en España o en Italia, que estamos confinados. Pero en realidad llevamos 22 días de gran alarma y de extrema preocupación. En realidad ha habido muy pocos días para tomar grandes decisiones. Creo que la UE para muchas cosas es como un gigante muy grande, perezoso, que le cuesta mucho levantarse, pero cuando empieza a funcionar lo importante es que se mueva por el buen camino. Creo que desde la perspectiva tanto del Parlamento como de la Comisión se están tomando buenas decisiones. En el Consejo creo que la mayoría de los países están asumiendo y planteando bien la crisis, pero es verdad que hay una minoría que no acaba de comprender la extensión de crisis y hay algunas perspectivas que se están sosteniendo incluso desde el egoísmo, desde el propio interés. 

-El acuerdo requiere muchas veces tiempo. En España vemos todos los días cómo se incrementa la cifra de fallecidos y nos da la sensación de que no podemos esperar, ¿hay que habilitar nuevas formas de tomar decisiones para situaciones de emergencia?

-Hay un debate y reflexión sobre algunas estructuras. Por ejemplo, sobre el Fondo de Estabilidad que se creó para la crisis financiera. Lo plantearon como solución pero no sirve porque son problemas que tienen distinta raíz y que no van a tener necesariamente la misma salida. Desde algunos países europeos se ha propuesto crear un mecanismo adicional, con otro tipo de características para que podamos reaccionar mejor a este tipo de crisis que tenemos que tener en cuenta a partir de ahora en nuestra agenda política. Son circunstancias que pueden volver a ocurrir en el futuro. 

Hay que tener en cuenta que esta crisis nace en un momento en el que ya el seno del Consejo Europeo estaba bloqueado con una propuesta muy pacata, muy poco ambiciosa respecto a las perspectivas financieras para los próximos siete años. Esta crisis nos tiene que hacer considerar qué necesitamos realmente como Unión. Tenemos que plantearnos que de esta crisis saldremos con una mejor Unión Europea o sin Unión Europea. Este es el dilema. Probablemente no no vamos a quedar en el camino del medio. 

-Estamos oyendo esta disyuntiva de boca de varios líderes españoles, entre ellos el presidente del Gobierno. No es frecuente oír estos planteamientos en un país tan europeísta como el nuestro, ¿hay un riesgo cierto de que la UE se extinga?

-Creo que sí, si algo nos han enseñado los últimos acontecimientos que hemos vivido en muy pocos años, todos históricos y tremendos, es que cualquier cosa es posible. Es verdad que se ha suscitado un debate que nunca había ocurrido en el seno de España, nunca de manera importante más allá de partidos antisistema como Vox. Tiene un efecto novedoso esto en España y es comprensible. Yo, que soy un europeísta convencido y creo en la federalización de la Unión, me he preguntado que, si este va a ser el panorama, qué nos aporta la Unión más que problemas y restricciones cuando queremos tomar decisiones mucho más ambiciosas.

En el caso de los italianos, que es otro gran país de la Unión, ellos venían de un euroescepticismo que fueron superando y se han encontrado otra vez con la bruja mala del cuento. Las decisiones que tomamos no son imparciales con respecto a la opinión pública y podemos encontrarnos con que haya un divorcio entre la opinión pública española y de grandes países y el resto de la Unión. Creo que si Italia o España se plantease dejar el club es muy difícil que pensásemos en una continuidad del mismo. 

-¿Por qué esa resistencia a la mutualización de los problemas y a los coronabonos?

"Si las poblaciones de España o Italia se sienten maltratadas, peligra el futuro del mercado común"

-Creo que hay un prejuicio cultural. Creo que es evidente que eso es así, igual que nosotros tenemos los nuestros. No pasa nada por señalarlo. No creo que haya que señalar a los holandeses y holandesas, pero sí a un gobierno que tiene un determinado prejuicio a la hora de analizar la realidad. Evidentemente tiene cierto complejo de superioridad. Además, analiza mal el problema porque no estamos ante el cumplimiento de determinadas reglas ni ante un gasto excesivo, sino ante una crisis que surge de la noche a la mañana, que tenemos que acometer y en la cual no tenemos nada que ver los [países] que la estamos sufriendo más duramente.

Creo que hay un error porque esos países del norte que son mucho más frugales, como dicen ellos yo creo que son egoístas, no acaban de entender que si se acaba el mercado único a medio y largo plazo van a a perder mucho. Como hablábamos antes, esa posibilidad que podía parecer irreal ahora no lo es. Como las poblaciones de España o Italia se sientan maltratadas durante esta crisis peligra el futuro del mercado común. 

-Estamos viendo que Hungría está aprovechando esta crisis para seguir avanzando hacia un modelo más totalitario, ¿la Unión Europea puede permitirse este tipo de modelos dentro del continente?¿Tiene que reaccionar?

"Es incompatible ser una dictadura con pertenecer a la Unión Europea"

-Creo que no, no se puede permitir. Es más, el Tratado no lo permite. Además, nos remitimos a los procedimientos que ya estaban abiertos de sanción a Hungría y también a Polonia por determinados ataques al Estado de Derecho. Hemos visto cómo una democracia parlamentaria liberal se ha convertido de la noche a la mañana en una dictadura. En la práctica lo es. Se ha eliminado el control parlamentario, las posibilidades de la oposición, se han implementado medidas de carácter político durísimas y muchas tienen que ver con la libertad de opinión. Es incompatible ser una dictadura con pertenecer a la Unión Europea. Es evidente que se ha tomado esta decisión muy conscientemente en un momento de marasmo, pero la UE tiene que demostrar que tiene mecanismos suficientes para garantizar, al menos en lo básico, que se cumplen las reglas mínimas de pertenencia a un club que se define por estar formado por democracias con más o menos intensidad, con circunstancias diferentes o con elementos culturales diferentes, pero lo de Hungría no tiene un pase. Yo espero que esta misma semana tanto la Comisión, que ya ha sido dura, como el Eurogrupo sean especialmente contundentes con la situación de Hungría. Si continuamos en los próximos días con las mismas circunstancias habrá que pensar en otro tipo de medidas. Desde luego, Hungría, tal y como está este momento, no puede permanecer en la Unión. 

-¿Esas medidas pasan por una expulsión que sería una situación inédita en la Unión Europea?

-Lo es, pero es verdad que no hay que descartarlo. Si pasamos de una fiebre a una circunstancia permanente habrá que pensar que no hay otra alternativa que salir de la UE. Hungría tendrá que escoger entre democracia o los intereses del señor Orbán y la oligarquía.

- Saltamos a otro país: Francia. Macron ha apuntado en los últimos días hacia la necesidad de que industrias estratégicas como la sanitaria produzcan en Francia y en la UE, ¿habría que replantearse reindustrializar España y la UE?

-Sí, estoy muy de acuerdo con el planteamiento de la soberanía sanitaria. También en la energética, por ejemplo. Es más una de las grandes enseñanzas de la crisis de 2008 es que los países y las regiones más industrializadas aguantaron mucho mejor y salieron mucho mejor de la crisis. Además, tenemos que tener  en cuenta que España tiene un porcentaje menor de industrialización que la media de la Unión.

Lo hemos visto en esta crisis. Cuando hemos necesitado tener cierta autonomía para proveernos al menos, en un primer momento, de las cosas necesarias no teníamos esa capacidad. Ni nosotros ni prácticamente Europa. De este tipo de crisis hay que aprender y salir más fuertes. 

-Por último, en menos de 10 años hemos tenido una crisis financiera, otra de refugiados y ahora una sanitaria, ¿esta condenada la Unión Europea a tener una crisis existencial cada pocos años?

-Tenemos que asumir lo excepcional como algo normal, como cultural, y tener los mecanismos preparados para gestionar este tipo de situaciones. Vivimos en un mundo globalizado en el que casi no hay problemas locales y regionales y todo se globaliza. Desde luego, lo que ha ocurrido, al igual que la crisis de refugiados, nos hace replantearnos la ontología de la UE. Como espacio democrático de defensa de determinados valores de humanidad e ilustración era incompatible con algunas de las escenas que estábamos viendo en nuestras fronteras.

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