La memoria de la huelga del 88 o el hito sindical 30 años después

  • Reflexión en torno al libro 'La gran huelga general. El sindicalismo contra la “modernización socialista"' (Akal), un estudio extenso y riguroso de Sergio Gálvez Biesca
  • El escritor ve este aniversario como “una gran oportunidad perdida" porque no ha servido para repensar el acontecimiento "en términos de clase"

Hace 30 años, la actividad comercial se paralizó, las fábricas cerraron y las calles se vaciaron. La jornada de huelga de 1988 comenzó con el famoso fundido en negro de TVE, la única televisión de la época. Es el paro de mayor seguimiento de toda la democracia y un hito para los sindicatos mayoritarios, CCOO y UGT. La víspera de este 14 de diciembre se presentó el libro La gran huelga general. El sindicalismo contra la “modernización socialista” (Akal), un estudio extenso y riguroso del historiador Sergio Gálvez Biesca. “Lo mas curioso es que un capítulo central de nuestra historia no tenía una monografía”, apuntaba el escritor al inicio de su presentación.

Alrededor de ocho millones de personas, en torno al 90 por 100 de la población ocupada, secundaron una huelga general que quedaría para la memoria. No se ha vuelto a repetir nada parecido en España. El expresidente del Gobierno Felipe González llegó a decir que el motivo desencadenante, el Plan de Empleo Juvenil (PEJ), fue "una estupidez” o que el paro más exitoso de nuestra historia “lo pactaron los sindicatos con la patronal” con el objetivo de desbancarle. Lo cierto es que apunto estuvo de dejar el cargo.

El autor de La gran huelga general, que lleva años estudiando este acontecimiento histórico, lleva la contraria al exmandatario. Según el historiador el paro fue “un éxito, una victoria del conjunto social”. No modificó las grandes líneas del proyecto de modernización socialista, ni tampoco costó la dimisión de un presidente, pero tuvo “una potencialidad muy importante porque cuestionó el proceso de modernización del PSOE”, es decir, catalizó ese rechazo al proyecto socialista que se rendía a la dinámica neoliberal de los 80.

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30 años después todavía quedan muchas preguntas y reflexiones sobre la gran huelga general. En la mesa de debate del pasado jueves que acompañó a la monografía de Gálvez Biesca, la conversación se orientó hacia la gestión colectiva de este relato de memoria obrera, de un tiempo de victoria sindical, que se va desvaneciendo para los más jóvenes. En esta conversación participaron el propio escritor; acompañado del que fuera entonces secretario general de la Unión de Juventudes Comunistas de España (UJCE) Jesús Montero; el periodista e historiador Mario Amorós; así como la diputada de Izquierda Unida Eva García Sempere.

Montero, protagonista del momento, explicó que la huelga de 1988 culminó “el primer ciclo de movilización de los jóvenes en democracia”. La movilización de la Plataforma Juvenil por el Empleo del día 1 contra “el contrato de inserción” de González fue la antesala de la huelga general del día 14 de diciembre. Esta fuerza juvenil, que albergaba en su seno a jóvenes de distinta procedencia –comunistas, scouts o católicos--, se alió con los sindicatos mayoritarios, a pesar de que les amenazaban con arrebatarles las subvenciones, según explicó Montero y desarrolló también ampliamente en este artículo.

La huelga fue un éxito en todos los sentidos, tanto en su preparación como en su realización”, consideró Montero. Quien fuera secretario general de la UJCE echó en falta que actualmente los líderes sindicales, quienes se quejan de la desmemoria de los más jóvenes, no hagan más “gala” de aquella exitosa alianza sindical-juvenil.

El relato de Montero contrastó con el de García-Sempere, quien no vivió la huelga, pero sí pudo ver en su juventud cómo se iba construyendo ese relato años después. “El Plan de Empleo Juvenil se logró parar, pero se impuso la necesidad de desmontar el modelo productivo y dejar a España como país de servicios”, apuntó más crítica. La diputada lamentó la batalla por el descrédito que han sufrido los sindicatos porque su existencia, consideró, es un pilar fundamental de la democracia. De alguna manera, su generación vivió también como esa gran movilización fracasó en sus objetivos principales. “No nos gustaba ninguna de las reformas laborales, pero de alguna manera empezamos a incorporar que no había otra opción”, relató.

Tan solo una generación después, la huelga del 88 empieza a pasar al olvido. Gálvez Biesca comentó que pocos jóvenes se han interesado por su libro. Incluso en algunas de las charlas que ha dado a lo largo de este año en facultades de Historia muchos estudiantes ni siquiera conocían la huelga del 88. “Estoy seguro de que muchos venían de familias de clase obrera”, apuntó. “Para los jóvenes el sindicalismo es algo de una generación anterior” en parte porque “no ha habido una transmisión de la memoria obrera”, lamentó.

Según su punto de vista, la clave está en cuestionar la gestión posterior de este hito. En este sentido, el autor ha visto este aniversario como “una gran oportunidad perdida porque el 14D ha pasado a formar parte de un ritual, pero no ha servido para repensar en términos de clase cómo estábamos entonces y cómo estamos ahora”. El escritor apuntó que desde aquel momento, probablemente irrepetible, la lucha sindical pasó de tener tres nodos –presión, movilización y negociación-- a quedarse tan solo en la negociación.

Los cambios en el sindicalismo durante estas tres décadas han sido de profundo calado. Aunque CCOO y UGT han celebrado el 14D como "el éxito apoteósico" donde se "pararon hasta los relojes", ha cambiado el modelo sindical que llevó adelante la huelga más importante de nuestra historia. Agustín Moreno, secretario de Acción Sindical de CCOO desde su legalización en 1977 hasta 1996, resumió en este medio las claves de los cambios que se produjeron después de aquel 1988 y que marcarían el futuro del sindicalismo en los años venideros.

"Los ecos del 14-D duraron cinco años más y otras dos huelgas generales reflejaron la capacidad de respuesta del sindicalismo. Pero hubo un momento de inflexión en 1994, con motivo de la huelga general contra la reforma laboral del gobierno del PSOE. La huelga fue también poderosa, pero no tuvo continuidad la presión porque un sector de CCOO, reticente a la huelga, apostó por dejarlo todo a la negociación de los convenios. La estrategia fracasó, no detuvo la desregulación laboral, pero inauguró una política de buena vecindad con los últimos y peores gobiernos de González (GAL, Filesa, etc.). Debidamente alentada la división interna en CCOO, culminaría en 1996, con la destitución de Marcelino Camacho de la presidencia del sindicato y otras purgas. Por otro lado, el Gobierno dejó caer la cooperativa de viviendas PSV para llevarse por delante la dirección más competente que ha tenido UGT, encabezada por Nicolás Redondo. Desaparecieron así la mayoría de las direcciones sindicales que organizaron el 14-D y hubo un lento desmontaje del poder real y del prestigio de los sindicatos".

Analizar mejor este momento histórico, y los acontecimientos que se sucedieron después, nos ayudará a comprender la construcción del relato del la lucha obrera y la desconexión actual de los más jóvenes con el sindicalismo.