Petroleras Fútbol Club

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EMPUNA PUNA

Me los encuentro por todos sitios. No sé si será casualidad o no, pero desde que aterricé en Johanesburgo, habré salido cuatro días por la noche, a tomar alguna copa con los compañeros, y ellos siempre están allí. Con sus trajes desgarbadamente impecables, sus cervezas, su cohorte de admiradores y, por supuesto, sus deslumbrantes acompañantes. En definitiva, es prácticamente imposible moverte por esta ciudad sin cruzártelos, una y otra vez.

Eso si, suelen ser tipos amables y atentos. Rara vez eluden una foto con sus fans. Se les ve felices, a gusto y sin la presión de antaño. Están siempre sonriendo. Si te ven un poco perdido, incluso te acogen en su comuna hasta que recuperes el norte y puedas volver a volar en libertad. Fueron estrellas, no hace mucho tiempo. Por eso la gente les reconoce y les agasaja. Por eso las chicas se ajustan sus vestidos y se miran por penúltima vez al espejo, antes de abordarles.

Están aquí, casi todos, por el mismo motivo. Han acabado trabajando para esos "ogros" de los que antaño huían despavoridos y de los que ahora reciben sueldos mareantes, a cambio de verter unas cuantas opiniones, más o menos interesantes, pero, en la gran mayoría de las ocasiones, muy interesadas.

Hablo, por supuesto, de los ex jugadores. De las viejas glorias. De nuestros héroes de barro. De tipos, al fin y al cabo, de carne y hueso, con sus vanidades, con sus manías, con sus genialidades, con su glamour rancio. Y ahí, os lo tengo que confesar, en ese mundillo, ya nos ganaron la final por goleada: Ruud Gullit, Ronald Koeman, Clarence Seedorf, Patrick Kluivert, Aaron Winter, Ronald de Boer...

Están todos esos y muchos más. ¿Españoles? Ni uno. No me he cruzado con nadie. Ayer, observando el espectáculo en primera fila, alguien me decía: "Les ganamos seguro. Estas costumbres nocturnas se transmiten de generación en generación".

LA BIZCOCHETA

Ayer por la mañana hicimos un mini safari, más que nada, para no marcharnos de Sudáfrica sin poder decir que hemos acariciado a un león. Y, casualidades de la vida, allí mismo coincidimos con el árbitro de la final, el inglés Howard Webb. Nos atendió amablemente y, como supongo que ya habréis visto las imágenes, me quedo con unas palabras del trencilla británico, el primero en la historia del fútbol que arbitrará la final de la Copa de Europa (actual Liga de Campeones) y de Campeonato del Mundo, en un mismo año: "¿España? Es un equipo al que da gusto ver jugar. Son muy limpios. ¿Cuántas tarjetas llevan? Creo que son sólo tres ¿no?".

Pues si, señor Webb. Son sólo tres las amonestaciones que han visto los internacionales de La Roja, hasta la fecha, en este Mundial: Xabi Alonso, contra Portugal y Piqué y Busquets, contra Paraguay.

Desde que se implantaron las tarjetas amarillas, en 1970, el campeón mundial más limpio de la historia ha sido Alemania, en 1974, con sólo 3 amonestaciones, aunque, hace 40 años, el número de amarillas era sensiblemente inferior al de los tiempos que corren. Sirva esta tabla como ejemplo de la conducta ejemplar del combinado nacional español, en este Mundial.


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