Una afición muy española y peligrosa… a los antibióticos

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¿Quién ganará la batalla: las bacterias o los antibióticos? Y es que cada año, en Europa, mueren más de 25.000 personas por no disponer, los médicos, de antibióticos capaces de combatir determinadas infecciones y la resistencia de los microorganismos que las causan que, a decir de los especialistas, cada día son estos más fuertes frente a los medicamentos y más difícil resulta combatirlos. A todo esto, la industria farmacéutica ha minimizado su esfuerzo investigador en los últimos años para desarrollar nuevas moléculas antimicrobianas que sirvan para combatir procesos infecciosos agudos, mientras  concentra su actividad y recursos en aquellas enfermedades como el SIDA, ya crónicas, que le dejan más rédito.

Gráfico del Eurobarómetro 2010 sobre consumo de antibióticos.

Por otra parte, tampoco sé entiende muy bien por qué los europeos en general, y en particular los españoles, sienten tanta pasión por los antibióticos. Los utilizan para casi todo; para combatir un simple dolor de cabeza, un resfriado o la gripe. ¡Y para esto no sirven! ¡Para esto no sirven!, repiten los médicos. Frente a la media europea, un 53% (¡que ya es bastante!), que opina erróneamente que los antibióticos matan los virus, en España esta falsa creencia la sostiene todavía el 63%. Así se comprende que España (53%) ostente el triste privilegio de pertenecer a ese grupo de países de la Unión Europea, junto a Italia (57%), Malta (51%) y Rumanía (47%), que encabeza el uso innecesario de antibióticos. En el otro extremo están Suecia y Alemania con un 22% y 28% respectivamente, o los Países Bajos y Dinamarca, con un 30% cada uno. Un 54% de españoles los utilizó el año pasado, y el 34% de éstos tomó estos fármacos, precisamente, para combatir la gripe y el dolor de cabeza, según se recoge en el último Eurobarómetro de resistencia antimicrobiana 2010; una macroencuesta realizada en los 27 países de la Unión Europea para intentar conocer la opinión e información que la población tiene de estos fármacos y el uso que hace de ellos.

Con tal panorama, no hay que extrañarse de que una buena parte de la comunidad científica sea pesimista a la hora de predecir el final en esta batalla que ya se libra entre bacterias y antibióticos; bacterias (por citar sólo algunas) como la Escherichia coli, causante de infecciones intestinales múltiples, diarreas, cólicos severo o ciertos cuadros de neumonía, o la Staphylococcus aureas, responsable de numerosas infecciones de piel y especialmente peligrosa para los pacientes más débiles, ingresados en los hospitales. Es decir, la realidad es tan cruda ya, según algunos especialistas en enfermedades infecciosas, que si la resistencia continúa creciendo al ritmo actual pronto no habrá antibióticos efectivos para determinados tratamientos. Y es que, mientras los microorganismos multirresistentes se hacen más fuertes frente a los antibióticos, la población consume estos fármacos “sin ton ni son” (permítaseme la expresión), y sin reparar en el perjuicio que esta acción causa, no sólo a la salud pública en general, si no también a la suya propia, porque, quien utiliza un antibiótico cuando no debe están debilitando de entrada su sistema inmunológico y su organismo.

En resumen, los perjuicios que el consumo arbitrario de antibióticos causa saltan a la vista: aumentan las enfermedades en general y la gravedad de las mismas; también la mortalidad es mayor, como se ha señalado. Y se incrementa, asimismo, el retraso en el diagnóstico; la estancia hospitalaria de los pacientes se hace más larga, y crece el gasto sanitario; es lógico.

Pues bien, estando, como parece, todo tan claro, no se entiende porque una gran mayoría de la población española sigue todavía creyendo que un resfriado o la gripe se combaten con antibióticos. Ni la Administración ni los médicos, ni los científicos y especialistas parecen tener la respuesta. También en Europa se preocupan por ello. “La costumbre..., los hábitos, la tradición arraigada basada en no sé qué tópicos... Es muy difícil cambiar actitudes de pronto; conseguir que la población cambie de hábitos”, se atreve a opinar la directora general de Salud Pública de la Junta de Andalucía, Josefa Ruíz.

¿Y la industria farmacéutica, no tiene algo de culpa también? Durante décadas viene bombardeando a la ciudadanía con ese mensaje que viene a decir que, más o menos, todo se cura con fármacos... Pero nunca ha explicado con claridad ni criterio qué fármacos curan... qué. Es decir, la tendencia al consumo abusivo de medicamentos tiene también mucho que ver con la publicidad reiterada de los mismos. De modo que la gente colige sin más que los antibióticos, por ejemplo, son la panacea... El medicamento milagro que todo lo cura. Y no es así, al contrario, cuando el jueves pasado, el día 18 de noviembre —Día Europeo para el Uso Prudente de los Antibióticos— hablaba con varios especialistas en enfermedades infecciosas, entre ellos Ferrán Segura, presidente de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC), Jerónimo Pachón, coordinador científico de la Red Española de Investigación en Patología Infecciosa (REIPI), y con el microbiólogo José Campos, del Centro Nacional de Microbiología, sus opiniones eran unánimemente coincidentes: “¡Algo tenemos que hacer!” “Hemos de aunar y coordinar esfuerzos, como ya han hecho en Francia, entre Administración, profesionales y usuarios para reducir el consumo de antibióticos innecesarios”, recordaba Campos. Porque la realidad es que microorganismos fáciles de tratar hasta ahora se han hecho tan resistentes que puede que un día, no tan lejano, no se disponga de fármacos para tratarlos.

Por eso, algunas de las recomendaciones que se hacen desde los organismos antes citados se refieren a la necesidad de insistir en la educación de la población; una cuestión prioritaria e inaplazable, coinciden todos. Como prioritario es también que los farmacéuticos dispensen antibióticos sólo con receta médica, algo que no siempre es así, pues se cree que al menos un 5% de todos los antibióticos vendidos en las farmacias se dispensan sin la previa prescripción.

También los médicos de familia, en la Atención Primaria, deberían ser más cuidadosos a la hora de prescribir antibióticos y, lo que es más importante, explicarle al paciente cuáles son las características de estos fármacos y para qué sirven. Claro que frente a esta actitud bondadosa está la dificultad de establecer un diagnóstico rápido y fiable, además de la escasez de tiempo de que disponen. Por eso los especialistas en enfermedades infecciosas y microbiólogos solicitan que se instalen equipos de diagnóstico rápido al alcance de los centros de Atención Primaria para que no quepa el error a la hora de hacer el diagnóstico. Pero esto choca enseguida con la agenda de la Administración sanitaria, que ha de pensarse muy bien en qué gasta hoy sus recursos.

En fin, estas y otras medidas, como la necesidad de una exhaustiva vigilancia veterinaria para que los animales destinados al consumo humano no sean tratados con antibióticos a fin de facilitar su engorde, vienen recogidas en una propuesta de decálogo que hacen los microbiólogos José Campos y Francesc Gudiol en el número de noviembre de la revista Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica, página 56, con el fin de promover el uso prudente de los antibióticos entre la población; decálogo que es asumido unánimemente por especialistas e instituciones europeas.

3 Comments
  1. Alberto says

    Yo creo que buena parte de la culpa la tienen los médicos (seguramente azuzados por la industria).

    Otra cosa que complementaría bien este artículo es explicar a la gente por qué es tan importante cumplir el tratamiento cuando se toman antibióticos y no dejarlo cuando uno nota mejoría. Los médicos tampoco lo explican en muchos casos.

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