Cuando los jubilados tengan que hacer de enfermeros

Clase sobre insuficiencia cardiaca en la Escuela de Pacientes del Hospital Virgen de la Victoria de Málaga . / areadelcorazonhcvv.com

Ya se sabe que para el perro flaco todo son pulgas. Cuando aún no ha concluido el embrollo de la reforma de las pensiones, los ajustes en el Pacto de Toledo y el retraso en la edad de jubilación, con esa obligación de cotizar 38,5 años para cobrar el 100% de la pensión, cabe pensar y tener en cuenta que a esa edad, la salud es tan preciada como la pensión que se cobra. De modo que hay que reflexionar sobre ella y sobre ese futuro sanitario que cada cual va tener que aprender a gestionarse muy bien, porque, si las previsiones se cumplen —como ya se ha dicho que ocurrirá con el sistema de pensiones si no se reforma—, el colapso que puede sufrir el Sistema Nacional de Salud (SNS) es más que probable. Y entonces, para esos 10, 12, 15 millones de jubilados que va a haber en España en las próximas décadas, muchos de ellos con una precaria salud como es lógico, no habrá sistema sanitario que aguante ni capaz de ofrecerles unas prestaciones de calidad y atención, ni siquiera como las que ahora se ofrecen. Así que atentos.

En el año 2050, el 37% de los europeos tendrá más de 65 años. En España ese porcentaje podría elevarse hasta el 34%. Es decir, prácticamente uno de cada tres españoles será un ciudadano jubilado dentro de unas décadas; lo que no se sabe es cómo o en qué estado de salud van a estar esos futuros jubilados. Pero, por si sirve de algo, la última Encuesta Nacional de Salud constata que los españoles que ahora tienen entre 65 y 75 años presentan una media de 2,8 enfermedades crónicas por persona. Y a partir de los 75 esta media se eleva a 3,2. Mas estas personas que están en la media deben saber —por si alguna cae en la tentación de dejarse arrastrar por la melancolía— que son miles y miles los jubilados que conviven con 5, 6 y más enfermedades crónicas. Son los llamados enfermos pluripatológicos que hoy ya consumen entre el 70 y el 80% de los recursos sanitarios del país.

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Como dice el adagio, todo es susceptible de empeorar. Y esto irá a más, como es lógico. La población se jubila, envejece y cada día vive más años. Así que es de prever que el futuro va a ser gris, tirando a negro: o se toman medidas o el sistema hace crash.

Menos mal que hay por ahí estrategas intentando que no se llegue a tal extremo. Colectivos de especialistas —médicos de familia, de medicina interna, enfermería—, que están pensando ya cómo evitar que el SNS se colapse con esa avalancha de enfermos crónicos que hay y que sin duda irán en aumento (obesidad, diabetes, hipertensión, diversos procesos reumáticos, depresión, colesterol alto, etcétera). “A  ver cómo hacemos para no perder calidad ni reducir las prestaciones que ahora se ofrecen”, han dicho. Y en eso andan, hilvanando proyectos para evitar que la sanidad pública española llegue a una situación insostenible.

El primer paso, pues, está dado. Y se ha colegido que lo primero es el enfermo. Lógico. Él es el centro del sistema... Lo que ocurre es que el enfermo español está mal acostumbrado; cree que le tienen que dar todo gratis; que tiene derecho a todo y enseguida... Y, sin embargo, acepta poco y mal los deberes. “¡Y eso no puede ser!”, han concluido los expertos. ¿Entonces, cómo hacemos?, se preguntan. Y al final han decidido que las personas tienen que aprender a cuidar de por sí mismas; vamos, lo que se llama políticas de salud pública preventiva que en la práctica no son más que adquirir hábitos de vida saludable. Algo así como aprender a comer, hacer ejercicio, no fumar, ser moderado en el consumo de alcohol, vigilar el peso, combatir el estrés...

Pero, y de las personas con patologías crónicas, ¿qué será de ellas? Ah, para estas, ya saben, la primera receta que proponen los expertos es que aprendan a cuidarse por sí mismos. Algunos estudios estiman que un 80% de los cuidados que necesitan los crónicos —enfermos que acumulan patologías incurables durante años—, pueden proporcionárselos ellos solos sin problemas. Por eso la Administración está impulsando las Escuelas de pacientes, donde se enseña el autocuidado (como aprender a ponerse la inyección de insulina, por ejemplo) o a otras personas (familiares, voluntarios) a “estar pendientes de ellos”. También cobra hoy auge la enfermería responsable de Gestión de casos y, en el futuro, es muy probable que todo el mundo tenga una dirección en Internet, una web, desde la que estará en contacto permanente con su médico de familia, especialista o la enfermera que lleva su caso.

“Las personas tienen que aprender a cuidar de sí mismas; sobre todo en lo que atañe a la salud. Y las que son más mayores, con mayor motivo, porque la sanidad pública no va a disponer de recursos para atender personalmente a todos”, afirma Manuel Ollero, director de la Unidad Clínica de Gestión Médica Integral del hospital sevillano Virgen del Rocío. “Creo que ha llegado el momento de que los poderes públicos refuercen, publiciten e impulsen, por decirlo de algún modo, el modelo de un paciente informado, preocupado por su salud y comprometido con ella, que asume su responsabilidad, compartido con médicos y enfermeras el control de su enfermedad”, añade.

Es decir, uno de los pilares en los que se basaría esa “revolución” sanitaria —inevitable, parece— es el enfermo. El enfermo ya no puede esperar pasivamente a que le cuiden; no va a haber tiempo, ni dinero, ni profesionales para ello. Tendrá que ser él mismo el que gestione sus cuidados, eso sí, con la ayuda y colaboración de la enfermería y los médicos.

El segundo pilar en el que se asentará este cambio que se anuncia para el SNS atañe a los propios profesionales sanitarios, como es lógico. Se acabó eso de ir ya por libre y montar cada uno su consulta, su chiringuito o nicho de conocimiento. Ahora lo que procede es el trabajo en equipo, el análisis colegiado, la gestión por procesos que se llama. Desde el médico de familia hasta el cirujano jefe..., todos aquellos que tienen algo que decir sobre un determinado enfermo deberán compartirlo para, a partir de ahí, pueda tomar el enfermo la mejor decisión. Con esto se le evitará al paciente andar de la ceca a la meca, yendo y viniendo los distintos niveles sanitarios, como habitualmente ocurre ahora.

Se trata, en definitiva, de diseñar un nuevo método de trabajo, de crear un marco más acorde con el mapa sanitario que comienza a perfilarse a partir de la pirámide de población que se va configurando en el Estado español. El SNS fue pensado en su día para resolver casos agudos (una operación de apendicitis, un infarto, la rotura de una pierna, un parto) pero hoy debe atender a millones de personas que están enfermas, sí, pero que llevan una vida prácticamente normal (por ejemplo, una persona diabética) y que van a vivir así muchos años.

Rafael Bengoa, experto en atención a enfermos crónicos y uno de los primeros en abordar estos temas desde que tuviera la responsabilidad de dirigir los Sistemas de Salud de la OMS, ha promovido un documento en Euskadi, donde actualmente es consejero de Salud, que por su condición de pionero, puede ser el documento guía de los cambios que se avecinan. En el traza ya un posible camino a seguir para impulsar estos cambios. En Estrategias para afrontar el reto de la cronicidad en Euskadi —así se titula— se recogen 14 proyectos estratégicos a desarrollar, repartidos en tres bloques. Si el primero tiene que ver con la autonomía, el autocuidado y la corresponsabilidad del paciente en lo referente a su salud, el segundo bloque se centra en la organización y en las acciones que desde las instituciones sanitarias deben llevarse a cabo para ser lo más eficaces posible. Finalmente, en el tercer bloque se incluyen aquellas propuestas que tienen que ver con las nuevas tecnologías; la telemedicina, la receta electrónica o esa dirección en Internet que, probablemente cada paciente tendrá en el futuro para comunicarse con su médico, están entre los ejemplos. “Se trata de que profesionales, sistema y pacientes cuenten con una nueva forma de organización sanitaria. Este país necesita sensibilizarse y poner manos a la obra para cambiar de chasis organizativo, porque el que tenemos ya no nos sirve para abordar el futuro”, concluye Bengoa.