En salud, Cataluña empieza dando la cara

Boi Ruiz, consejero de Sanidad de Cataluña. / gencat.cat

Ya está aquí el lobo; tanto tiempo anunciando que se comería las ovejas, que al final va a comérselas. Y mientras tanto, los políticos responsables del sistema sanitario estatal y autonómico parece que miran para otro lado; los 10.000 millones de euros de déficit que acumula la sanidad pública española no les preocupan demasiado.

No así al consejero de salud catalán, Boi Ruiz, que se plantó hace unos días, en su primera comparecencia, en la Comisión de Salud del Parlamento (850 millones de déficit sanitario tiene Cataluña) dispuesto a cantar las verdades del barquero. En síntesis, Boi Ruiz vino a decir que, “o se toman medidas estructurales” o el barco sanitario se hunde. Así de fácil. No sólo pidió “aumento de la jornada laboral de los profesionales sanitarios” (a los que, como es lógico, no les ha gustado ni un pelo el comentario, y más después de haber sufrido ya, como otros funcionarios del Estado, importantes recortes salariales), sino que se atrevió a hacer reflexiones que bien convendría sopesar. Y de paso anunció que Cataluña no asumirá más prestaciones al dictado del Gobierno central, si no llegan éstas con su correspondiente dotación presupuestaria; o que partir de ahora las recetas incluirán de forma explícita el coste de los medicamentos que sufraga la sanidad catalana. “El ciudadano ha de saber que la asistencia gratuita tiene sus costes. A partir de ahora deberá concienciarse”, explicó.

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Y, de las reflexiones, destacaría la más repetida y contundente: la sanidad pública ha de apretarse más todavía el cinturón. Hablaba Boi Ruiz, lógicamente, de Cataluña, pero su opinión bien puede aplicarse al resto del Estado si no se quiere que algunas de las actuales prestaciones peligren. El consejero catalán fue aún más lejos y ‘advirtió’ de la posibilidad de tener que restringir la actividad en algunos hospitales comarcales, reduciendo en ellos servicios, si no se dispone de la suficiente «masa crítica» que permita sostenerlos.

Una cuestión, la de los hospitales comarcales, que, en Andalucía sin ir más lejos, ha sido, en los últimos tiempos, ‘buque insignia’ de la Junta cuando aún se creía que el dinero no iba a acabarse. ‘Haga usted un hospital en mi pueblo’ ha sido y es todavía una habitual reivindicación de muchos ayuntamientos cuando la realidad apunta a que son, casi siempre, inviables por los altos costes en todos los órdenes que acarrean y la dificultad para rentabilizar los servicios, en términos de calidad y eficiencia. Con todo, algunos de estos hospitales ya están hechos. Otros se están haciendo. Y los más, aunque aprobados, despiertan dudas razonables de que se harán. La falta de recursos los pone en un brete. Y esto sin entrar a discernir si existe suficiente «masa crítica» que los  justifique, como ha dicho el consejero catalán.

La segunda reflexión que Boi Ruiz nos ha dejado tras su comparecencia parlamentaria, si no más importante, sí es de más calado. Es fundamental para que las cosas mejoren en salud que los ciudadanos se conciencien de que han de ser ellos, ¡principalmente ellos!, los que tomen las medidas que más les convienen para proteger su propia salud. “No es solidario descuidar la salud”, concluyó el consejero, a este respecto. Así de fácil.

En otro orden do cosas, en este mar de fondo que barre el sistema sanitario español últimamente, ahí anda el copago como una volandera dando vueltas en un día ventoso. El secretario de Estado de Hacienda Carlos Ocaña saca a colación este tema en una entrevista en El País y acto seguido le responde el propio presidente del Gobierno, José Luís Rodríguez Zapatero afirmando que no es un tema que ahora esté en su agenda política, para añadir, acto seguido, que después de haberlo pensado y madurado, el Gobierno que preside ha concluido que el ahorro que propiciaría el copago es algo ínfimo frente a los daños que pudiera causar. Claro que esto no son más que palabras que van y vienen, pues, como ha ocurrido ya con otras medidas sanitarias recogidas en el Informe Abril Martorell redactado hace 20 años, (y que ya han sido aplicadas), es probable que esta también, la del copago, termine aplicándose algún día, aunque por ahora no se sepa en qué forma ni en qué términos, ni cómo; Boi Ruiz tampoco “lo ve” por ahora; demasiado ciudadano parado, demasiados jubilados… Pero sí hay coincidencia, en general, entre los políticos, de que “algo habrá que hacer” para que los españoles se conciencien de que el sostenimiento del sistema sanitario público que tenemos nos atañe a todos.

Uno de los argumentos con los que más se trabaja actualmente es el de la prevención. Pero en esto también suspendemos. Un reciente informe patrocinado por los laboratorios suizos Abbott, y dirigido por el ex ministro de Sanidad, Bernat Soria (Informe ¨Bernat Soria), indica que España está por debajo de la media de la OCDE en este capítulo; frente al 3,1% de media que gastan los países adscritos a este organismo, España sólo invierte  en prevención el 1,4%.

La educación y el nivel económico son los dos condicionantes mayores a la hora de medir los parámetros de salud, y en esto tampoco parece que andemos en España sobrados. Así que lo tenemos negro. Pero nuestros políticos, erre que erre, siguen sin ponerse de acuerdo para llegar a ese Pacto de Estado por la Sanidad que desde hace más de una década, desde distintos sectores y estamentos sociales, se viene reclamando. Por tanto, no sé por qué hay que rasgarse las vestiduras cuando empieza negándosele a una anciana las tiras reactivas para que controle su diabetes (como escuché hace unos días que contaba su hijo en la radio) y se termina diciendo que los enfermos ingresados en el hospital van a tener que pagar su comida. Frente al despilfarro y mensajes aventados por los cuatro puntos cardinales de que “Usted tiene derecho…”, Usted tiene derecho…”, “Usted tiene derecho…”, con propuestas desproporcionadas por el gasto que generan y la eficiencia que tienen hechas por los políticos en la última década, propeustas como la vacuna del papiloma humano o la atención bucodental infantil, ahora toca, de verdad, pensarse muy bien en qué va a gastarse cada euro, si no se quiere llegar a ‘celebrar’ algún día que el sistema sanitario se ha desmoronado.

En fin, que aquí nadie quiere todavía, parece ser, ponerle el cascabel al gato de la sanidad pública. Ójala no ocurra como con la ya machacada y puñetera crisis, que haya que meterle el bisturí cuando ya no quede más remedio y esté medio Sistema Nacional de Salud gangrenado.