España se asoma a una nueva era en el mundo de los trasplantes, ¿hay que compensar al donante?

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De izda. a dcha., Luis Guirado, nefrólogo; Leire Pajín, ministra de Sanidad; Rafael Matesanz director de la ONT, y Antonio Osuna, del Hospital Virgen de las Nieves de Granada, el pasado día 28, durante la rueda de prensa sobre el primer transplante renal de donante vivo en cadena. / Ministerio de Sanidad (msps.es)

La semana pasada se produjo un acontecimiento de gran trascendencia para el futuro del transplante de órganos en España. El hecho de que las donaciones se hubieran estancando en los últimos años, según la Organización Nacional de Transplantes (ONT), pasando de 34,4 donantes por millón de habitantes en 2009, a 32 en 2010, hace aún más relevante este primer trasplante en cadena. El estancamiento se debe a la drástica disminución de los accidentes de tráfico, que han sido, hasta ahora, la fuente más importante de donación de órganos procedentes de personas fallecidas. En menos de dos décadas se ha pasado de un 35% de donantes (año 1993) por este motivo, a un 5,7% en 2010. Pero el acontecimiento de la semana pasada citado, en el que una persona, altruistamente, ha estado dispuesta a donar uno de sus riñones en vida a cambio de que alguien continuara la cadena (que hubiera otros donantes que hicieran lo mismo) tiene un gran significado práctico y cultural, y permite augurar una rápida recuperación de ese porcentaje de donantes que había descendido, tan sólo en un año, en 2,4 puntos. España encabeza al grupo de países que más órganos donan al año por millón de habitantes; y también es el primero en organización. La calidad en la forma que tiene de organizar todo lo que concierne a los transplantes así lo acredita. A la ONT se la reconoce por ello en todo el mundo; tanto por su preciso sistema organizativo para regular las donaciones y posteriores transplantes, como por la agilidad, equidad y eficacia con las que lo consigue. Si ahora, además, empiezan a darse las donaciones altruistas, se afianzará, sin duda, esa posición de liderazgo que mantiene.

La donación en cadena sólo tenía hasta ahora cierto arraigo en los Estados Unidos y Holanda. Y es que no debe ser fácil entender ni asumir eso de donar un órgano “porque sí”. Donar por creencias, o por estar en el convencimiento “razonable”, amparado en argumentaciones científicas, de que no se va a sufrir ningún daño ni perjuicio, a corto ni largo plazo, no se asume fácilmente. Pero el hecho de que haya ya una lista de 35 personas altruistas en España —aunque el estricto protocolo que se aplica haya descartado de momento a 18— que se han apuntado para ser donantes sin más, desinteresadamente, va a permitir, según la ONT, que se incremente un 10% el porcentaje general de donantes por millón de habitantes y un 20%, en concreto, el de las donaciones renales. Ello vendrá a aliviar notablemente esa larga lista de espera de 4.500 personas que hay actualmente en este país esperando un riñón.

Con la noticia de esta primera donación altruista para realizar trasplantes en cadena se abre una nueva puerta para el mundo de los transplantes, está claro. Puede decirse que al margen de argumentos de fe, se constata cierta madurez social, con una capacidad mayor de racionalidad como para hacer poderosos gestos de alcance solidario, dejando de lado el mundo de los prejuicios religiosos o de cualquier otro tipo. Es cierto que es el amor a la persona con la que se comparte la vida, generalmente, el que hace que la mayoría de las personas que donan tomen una decisión tan drástica; aunque, es cierto también que, en algunos casos, el amor es transcendente, como el de este primer donante samaritano, sacerdote, que ha dicho que lo ha hecho “por amor a Dios” y porque, en su condición de religioso, “dando recibe mucho más que el que recibe”... su riñón. Pero se ha visto muy claro en esta primera experiencia de donación en cadena, de la semana pasada, que el amor terrenal y ajeno a prejuicios es, sobre todo, el que posibilita estos hechos o acciones de solidaridad. El primer donante (sacerdote) sólo “empujó” a donar a la esposa del receptor y esta segunda donación (en Barcelona) propició a su vez la de una segunda esposa donante en Granada, habilitando así a su marido como el segundo receptor; finalmente, el riñón de la mujer de Granada viajó a Barcelona para solucionar el problema de un tercer receptor. Es decir, una donación altruista propició otras dos más e implicó directamente a seis personas (tres donantes y tres receptores). Claro, si este sistema se extendiese y además tuviese cierta regularidad, se podría aventurar que en pocos años desaparecerían las listas de espera para recibir un riñón.

Pero no será fácil concienciar ni impulsar tanto altruismo. Con lo cual seguirá habiendo miles de españoles esperando un órgano salvador que no llega... Son más de 5.000 ahora mismo las personas que esperan en España un transplante. Por esto, quizá, haya llegado el momento de reflexionar en voz alta y plantearse si no sería bueno incentivar... compensar de alguna forma a esas personas dispuestas a dar alguno de sus órganos, como se compensa ya, en ciertos países, la donación de óvulos, semen o sangre... No me estoy refiriendo a España exclusivamente en estos momentos, donde el mercado de órganos está rigurosamente perseguido por la ley y la donación de sangre es gratuita. Pero de todos es sabido que ni en todos los países se piensa lo mismo ni existe unanimidad de criterios. En Gran Bretaña, por ejemplo, hace ya tiempo que una parte de la comunidad científica y médica argumenta a favor de este supuesto de compensar al donante vivo de órganos. Si todo el mundo recibe algún beneficio o compensación económica (los profesionales, por ejemplo) por estas acciones, ¿por qué no ha de recibirlo el principal sujeto, el donante del órgano en cuestión?, suele decirse.

Se está hablando aquí de donantes vivos que asumen, libremente, que, con su acción de donar, pueden ayudar a vivir a sus semejantes. Se acepta asimismo que este es tema que conviene no pervertir y sí regular con criterios estrictos, manteniendo siempre la total transparencia. Se está hablando también de la vida y la muerte y del poder que esta experiencia de ayudar a salvar vidas conlleva. Y se está hablando de esto porque, frente a la realidad de las donaciones altruistas existe ese otro mundo perverso, oscuro, con un mercado de órganos de sobra conocido, que es criminal, perseguido, sí, pero que no se combate suficientemente pues cada día va a más. De modo que, frente a esa realidad criminal perseguida, y la altruista que se propone en países como España, no sé si no cabrían otras vías que, por un lado incentivasen la donación de órganos a fin de ayudar al máximo número de personas posible, y por otro se compensase de alguna manera a los altruistas donantes.

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