Niños y adolescentes se duermen en clase, ¿qué culpa tiene el profesorado?

10

En una sociedad que pretende progresar, la Educación y la Salud son pilares básicos. De educación —nos referiremos aquí a la enseñanza obligatoria— se habla mucho últimamente; y no siempre bien. De ella se dice que, en general, el alumnado no estudia, no se esfuerza, no se concentra en el trabajo escolar cotidiano, o se distrae con mil artilugios informáticos y de otra índole, que en ningún caso son los libros de texto, el cuaderno de deberes o los trabajos prácticos que se les proponen. Al profesorado se le acusa, también, desde distintos sectores sociales y a veces desde la Administración, de no saber “aplicar” en los tiempos que corren el método pedagógico adecuado o de no “esmerarse” suficiente para que ese alumnado español, tachado en el informe PISA de escasamente formado, mejore sus resultados académicos.

Pero el profesorado no tiene culpa, creemos aquí. Quienes conocen de cerca la Educación en España y se considera, por tanto, que están bien informados debido a su práctica profesional y experiencia, y quienes viven el día a día de los centros docente de primaria e institutos, quienes trabajan, en fin, con ese material humano que son los alumnos, saben perfectamente qué está pasando. Y no es precisamente la dejación de sus obligaciones docentes por parte del profesor lo que propician el fracaso escolar del alumnado. Para empezar, no son pocos los alumnos y alumnas que carecen de un referente de autoridad familiar que les inculque el valor del esfuerzo y la motivación. Al contrario, el profesorado sabe —lo constata cada mañana cuando llegan sus alumnos a clase, muchos con cara de haber dormido poco— que una parte de estos, en el territorio privado de su habitación (a veces también en el salón familiar con la aquiescencia paterna) hacen lo que les viene en gana, cuando y cómo quieren, y se acuestan a la hora que quieren. Ante esto, poco o nada puede hacer el profesor para elevar el rendimiento académico del alumno. Ya podemos ponerle deberes y exigirles que estudien más, si una vez que están lejos del instituto nadie les exige nada; al contrario, son ellos los que deciden cómo o en qué emplean su tiempo, suelen comentar con frecuencia muchos profesores.

Pero, mira por donde, hemos ido a topar con la Salud. Porque salud es dormir suficiente; y si no se duerme suficiente está claro que no se puede rendir estudiando ni en ningún otro trabajo. Un estudio reciente realizado con más de 600 niños de 3 a 14 años por el Grupo de Sueño de la Asociación Española de Pediatría, coordinado por el médico Gonzalo Pin, constata que a uno de cada tres niños, al menos, le cuesta mantenerse despierto en clase. La explicación es sencilla: estos niños no duermen bastante; necesitan más horas de sueño y, sobre todo, evitar (¡que los padres lo impidan!) ver la televisión o enredar con los videojuegos y otros artilugios en las horas previas a irse a la cama. Ante esto, los pediatras son rotundos y aconsejan disciplina y un ejercicio de autoridad familiar.

Los datos del citado estudio señalan también que, según los profesores, hasta un 12,9% de sus alumnos se duermen con frecuencia en clase y un 16% más tiene problemas para mantenerse despierto. Sin un horario fijo y obligatorio para irse a la cama, adelantan los expertos, es difícil optimizar el rendimiento escolar.

Lo grave es que el problema va a más. Así, en adolescentes de entre 12 y 15 años —en dos de cada tres (un 66%)— son ellos mismos los que deciden la hora de irse a la cama. Evidentemente, si esto es así, el margen que tiene el profesor para exigirle a ese alumno que cumpla con sus obligaciones en clase (prestar atención, hacer los deberes y estudiar, entre otras) es muy pequeño. De ahí que muchos docentes muestren un desencanto  creciente e impotencia; impotencia que a la postre deriva en hastío y en desesperación al no ser capaces de inculcarle a ese alumnado que aprecian un mínimo de amor al esfuerzo y al trabajo. Si los padres se inhiben de velar en su casa por la salud (mental y física) de sus hijos, y no son capaces de regular sus horas de sueño, e ignoran unas mínimas pautas exigibles para mantener la disciplina a la hora de acostarse, poco o nada podrá hacerse desde el centro escolar de primaria o desde el instituto para corregir estos hábitos.

Ya no es sólo la televisión, ni siquiera la afición a los videojuegos, la que ataca directamente a la salud de los niños y adolescentes robándole horas de un sueño reparador necesario; es también, desde hace algún tiempo, el uso desordenado del móvil y de Internet, y el “enganche” sin límites a las redes sociales en general. Esta es la causa, a decir de algunos médicos, por la que los niños y adolescentes —adolescentes, por cierto, que en aspectos como los del sueño difieren de los niños en sus necesidades y comportamiento— duermen menos que dormían las generaciones precedentes. Los niños y adolescentes de ahora duermen entre 30 minutos y una hora menos diaria que hace 25 años, calculan los pediatras. Y si nos referimos a los que son más pequeños —los niños que tienen entre 7 y 11 años—, la pérdida de sueño diaria se calcula ya en una hora.

Todo esto confirma que el sueño, como agente reparador y propiciador de salud, está sufriendo graves quebrantos en nuestro tiempo, mientras se le pierde el reconocimiento y el valor que indudablemente tuvo siempre para lograr una mayor calidad de vida. Aparte de la fatiga evidente que se arrastra por no dormir bien, y del aumento, obvio, de las dificultades para el mejor aprendizaje, o del llamado síndrome de Déficit de atención e Hiperactividad (TDAH) (que puede surgir), no dormir repercute en la salud del menor sin ningún género de dudas. Lo niños y adolescentes necesitan dormir suficiente (8, 8,30 horas mínimo) para desarrollarse como personas sanas.

10 Comments
  1. endfield says

    Yo creo que no todos podemos tener las mismas horas de sueño y pienso que los profesores son culpables de la pérdida de sueño de los alumnos e incluso de llevarlos a una vida más sedentaria. Todo esto es por la gran cantidad de trabajo que mandan. Yo me pregunto:¿Para qué si al siguiente día los alumnos acaban adormilados y no los dejan descansar lo suficiente para rendir en clase? Tanto trabajo para molestarse… Lo que a los profesores le hacen falta es que el trabajo de sus alumnos se acomoden acorde al alumnado e implementar suficiente disciplina. Y no hacer lo siguiente: dar sus enseñanzas como si estuvieran hablando a una pared y luego irse a «casita» para esperar el cobro a finales de mes, por no hablar del finiquito. No sé por qué algunos profesores se hicieron profesores porque algunos se quejan de su trabajo y prefieren que le toquen unos millones para irse de vacaciones hasta el nunca jamás. En fin, la vida de algunos profesores: se quejan de cobrar menos y encima no hacen nada mas que hablar, hablar, hablar… Ya mismo piden que les den mas dinero que a los controladores de los aeropuertos.

  2. madre says

    No culparía jamás a padres, ni mucho menos a profesores,, en tal caso a los medios de comunicación de masa y a la sociedad actual, también añado que las nuevas leyes que protegen muchos a los menores hacen que estos hagan lo que quieran, ya que no puedes ni tocarle el pelo,,, esto no quiere decir que este de acuerdo con el maltrato, pero es verdad que si yo a mi hijo no le hubiese dado un buen jalón de orejas por haberme insultado muy grosero y agresivo, hoy en día con sus 14 años me estuviera pegando,, fue la primera y única vez que me insultó, y me amenazo con denunciarme,, hoy en día se ríe conmigo de aquel incidente e inculca a sus hermanos pequeños el respeto a los demás. en cuanto a los profesores cuando tienen 4 o 5 niños con trastornos de cualquier índole, muchos de sus padres ni siquiera se preocupan para llegar a un acuerdo escuela-familia que mejore el rendimiento de sus hijos, las reuniones son vacías, solo recogen notas y no más. yo colaboro al máximo con los educadores de mis hijos y gracias a ellos al menos cumplen con sus objetivos, no obstante me he conseguido algún profesor que pase olímpicamente de los problemas, entonces voy por la jerarquía,, jefatura de estudios, dirección, equipo de orientación, consejería local, y por último dirección territorial… menos mal solo he llegado hasta la jefatura de estudios.. lo mejor es estar muy comunicados con sus educadores y no juzgar.. pero si ayudar.

  3. FRANCISCO PLAZA PIERI says

    No me atrevería a culpabilizar así, sin más, a los padres ni a los profesores, porque, si bien es cierto que en ocasiones los niños andan sobrecargados de trabajos para realizarlos en casa, no es monos cierto que, algunos niños o jóvenes pasan largo tiempo ante estos maravillosos aparatos y otros, en los que eliminan tantos «marcianitos» que, a ese ritmo vamos a acabar con todos.
    Por otro lado, comprendo que los padres, después de una prolongada jornada laboral también tienen derecho a distraerse un poco en salir a cenar, momento que aprovecharán algunos jóvenes al menester de los ya mencionados «marcianitos».
    De cualquier forma, en lo que no puedo estar de acuerdo es en eso que algunos padres dicen: «la culpa es de los profesores ya que sobre ellos debe recaer la obligación de educar a mis hijos…»

  4. Amador says

    Se debería fomentar una educación más personalizada y con mayor continuidad entre familia e instituciones. Quizás hacer que todos sean más responsables y participativos en la educación de los estudiantes nos llevaría a una revalorización de la educación.
    Un cordial saludo.

  5. ANTONIO says

    Soy profesor y para empezar diré que ni todos somos culpables ni todos inocentes. Esta sociedad ha generado en el subconsciente de todos nosotros y en particular de los jóvenes, que las cosas se pueden conseguir sin esfuerzo o con muy poco esfuerzo, que no había relación directa entre esfuerzo y potencial económico, etc, y no sólo desde programas de televisión o sitios parecidos, sino que desde el propio ámbito laboral, por ejemplo un peón de albañil de 15 ó 16 años ganaba más que un profesor (licenciado o doctor universitario), hoy gana más un Fp que un universitario, etc.
    Como resultado de todo esto y más cosas se ha producido una ruptura entre trabajo y éxito en la vida en general.
    Y lo más grave es que la administración ha asumido esta premisa, así hoy en mi centro durante el claustro de find e curso, el inspector del centro nos ha informado del resultado de un proceso de evaluación del instituto en el que trabajo y entre otras perlas, y han sido unas cuantas se ha permitido decir «vuestro proceso de evaluación sobre los alumnos ha sido muy positivo y se demuestra vuestro copromiso con el aprendizaje de los alumnos, pero vuestros alumnos siguen obteniendo resultados malos, por lo que os tendreis que plantear un cambio en vuestro sistema de evaluación del aprendizaje para conseguir que aprueben más alumnos…» TRADUCIDO QUE BAJEMOS EL NIVEL PARA QUE ASÍ APRUEBEN MÁS ALUMNOS Lamentable

  6. mar says

    En mi colegio había una chica llamada mariana que se dormia en clase. Pero estaba enpastiyada por problemas siquiatricos era una pesadilla por qeu no entendia nada y hablaba como si supiera

  7. pola says

    creo que el fondo de todo es que los niños no duermen lo suficiente, la falta de autoridad de los padres que les permiten acostarsen a laa hora que ellos quieren ,culpables los de la casa

  8. jalcaraz says

    estamos de acuerdo, los niños duermen poco. Yo creo que para que un estudiante rinda bien es neceario tres cosas: alimentarse bien de forma equilibrada, dormir ocho hora diarias y hacer deporte.
    La obediencia és fundamental,los padres tienen el gravísimo deber de discernir aquello que les conviene a sus hijos i estos para crecer deben obedecer.

  9. jalcaraz says

    estamos de acuerdo, los niños duermen poco. Yo creo que para que un estudiante rinda bien es neceario tres cosas: alimentarse bien de forma equilibrada, dormir ocho hora diarias y hacer deporte.
    La obediencia és fundamental,los padres tienen el gravísimo deber de discernir aquello que les conviene a sus hijos i estos para crecer deben obedecer.

Leave A Reply

Your email address will not be published.