JOAQUÍN MAYORDOMO | Publicado: - Actualizado: 8/1/2017 02:10

De izquierda a derecha y desde arriba, Mariano Esteban (fotos 1 y 4), responsable del desarrollo de la vacuna; modelo tridimensional del virus del sida, e imagen de un cultivo celular./ csic.es

Más de 100.000 entradas en Google dan cuenta estos días de un hallazgo asombroso: “Un grupo de científicos españoles acaba de lograr una vacuna contra el Sida, con un grado de eficacia del 90%”. Hasta aquí el titular.

La noticia, con tener su interés, no debería ir más allá de alimentar alguna esperanza, pues sólo se trata de un primer paso en un largo, lento, costoso y difícil experimento. Pero para algunos medios de comunicación, sin embargo, el hallazgo es un hito en la historia del Sida; así que le han dado varias vueltas de tuerca y han puesto tanto énfasis en querer resaltar este hecho, que lo han difundido como si la citada vacuna, (la MVA-B, este es su nombre) fuese a estar disponible ya, quizá en unos meses, y a partir de ahora mismo el contagio por VIH fuese evitable o perteneciese al pasado.

¿Pero cuál es la verdadera realidad de este hallazgo que acaba de anunciarse en Madrid? De momento, es sólo el albor en un largo proceso que suele durar en torno a diez años. Y, además, pudiera ocurrir que al final de ese tiempo la citada vacuna no fuese tal, por numerosas razones; entre otras, porque su nivel de eficacia quedase muy por debajo de los niveles exigibles para proceder a su fabricación. De hecho, una investigación similar, en su día con muy buenos resultados preliminares también, ha concluido recientemente, en Tailandia, su última fase de pruebas con tan solo un 31% de eficacia, por lo que, la que en su día se anunció —como ahora— como “la vacuna del Sida”, una vez más puede quedar en nada. “Como mínimo faltan diez años para que podamos contar con una vacuna que prevenga el contagio del Sida”, afirma, rotundo, Jesús Rodríguez Baños, director de la Unidad de Gestión Clínica de Enfermedades Infecciosas del Hospital Macarena de Sevilla. Baños, curtido en la práctica clínica con enfermos de VIH, curtido en mil batallas diarias durante décadas, y autoridad nacional de referencia en este tema, sabe muy bien de qué habla y de la complejidad del virus del VIH; un virus capaz de adaptarse a la particularidad de cada enfermo y de mutar con con una facilidad que aún asombra.

No obstante, el hallazgo de los investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), encabezados por Mariano Esteban, y su aplicación posterior en voluntarios (personas sanas) llevada a cabo por Felipe García (Hospital Clínico de Barcelona) y Juan Carlos López Bernaldo de Quirós (Hospital Gregorio Marañón de Madrid) lleva a albergar, en este caso, fundadas esperanzas. Baños no lo resta ni un mérito al trabajo desarrollado por los científicos del CSIC. Al contrario, cree que la vacuna ahora probada en 24 pacientes sanos de Madrid y Barcelona, en esta Fase I, tiene suficientes características novedosas como para que se pueda llegar a pensar que al final del proceso podría tener éxito. “Pero no deja de ser sólo una posibilidad”, resume, un tanto escéptico, Rodríguez Baños.

¿Pero cuál ha sido el descubrimiento en cuestión, y qué camino ha de recorrer todavía la MVA-B para confirmarse algún día —si es que ese día llega— como la vacuna que todo el mundo está esperando para vencer al Sida? De momento los resultados mostrados no son más que la conclusión de la Fase I. Una fase que sólo persigue demostrar que el mecanismo de funcionamiento de la vacuna es el correcto; es decir, que produce respuestas inmunológicas específicas. Aquí todavía no se está hablando de protección. Y estas respuestas “específicas”, en este caso, se han dado. De los 24 voluntarios que recibieron tres dosis de vacuna (una inicial y otras dos a las 4 y 16 semanas), en un 90% aparecieron “defensas inducidas”, declaró Felipe García. Que traducido a un lenguaje más comprensible quiere decir que los voluntarios —sanos, no lo olvidemos— que recibieron las tres dosis de vacuna experimentaron los dos tipos de reacción que pueden darse, y que hacen que una vacuna sea o no eficaz: generación de anticuerpos, es decir, aparición de marcadores que identifican la aparición de un cuerpo extraño al organismo; y aumento del número de linfocitos que son, en este caso, los encargados de destruir el virus. Pues bien, estas dos reacciones se han dado, y además han durado un año, por lo que el éxito ha sido completo. De ahí el revuelo…

¿Y ahora qué? Ahora toca confirmar la eficacia apuntada vacunando un número mayor de personas sanas (Fase II) para confirmar lo inicialmente probado. Y si los resultados siguen siendo satisfactorios, y se dispone de recursos financieros suficientes para llevarla a cabo —las malas lenguas dicen, precisamente, que los científicos del CSIC han hecho ahora el anuncio de su hallazgo porque querían llamar la atención sobre la falta de recursos que tienen para continuar con su investigación—, se iniciará la Fase III, la definitiva, que consiste en vacunar a miles de individuos sanos, aunque en este caso su situación es de riesgo pues la mayaoría viviría en zonas donde la presencia del virus es muy alta, a fin de demostrar, ya, la verdadera eficacia de la MVA-B. Para hacernos una idea, la RV-144, la otra vacuna recientemente descartada, aquella que hace unos años iba a ser la primera vacuna del Sida, se probó en Tailandia con más de 16.000 prostitutas. Y fue aquí, precisamente, donde se demostró, en esa fase final, que su nivel de eficacia no pasaba del 31% con lo que se ha desechado la idea de fabricarla para su comercialización. Con la MVS-B española se espera, claro, superar ese porcentaje; entre otras cosas, porque en la Fase I, el grado de eficacia ha sido seis veces superior al que tuvo la vacuna tailandesa.

La Fase III concluirá con la medición de los resultados. Si estos indican que las personas en situación de riesgo que se han vacunado no han contraído el Sida en un porcentaje superior, al menos al 50%, frente a las que no serán vacunados o tratados con placebo, podría empezarse a hablar de éxito. Pero para que esto suceda, tendrán que pasar todavía al menos diez años.

En cualquier caso, el tiempo, en investigación, nunca se pierde del todo y siempre hay resquicios por los que el investigador puede seguir trabajando y sacarle fruto sus hallazgos. Con la MVS-B va iniciarse ya mismo un ensayo clínico con enfermos de Sida para ver si funciona como tratamiento terapéutico. Podría ser que, a la postre, la MVS-B no sirviera para evitar el contagio, pero sí para estabilizar, incluso para reducir la enfermedad en aquellas personas enfermas. Pero esto también está todavía por ver. El ensayo, del que se acaba de anunciar su puesta en marcha de forma inmediata, se realizará con personas enfermas y es, como digo, un intento novedoso para sustituir al menos la triple terapia farmacológica por una vacuna que estimule el sistema inmunológico del paciente con el fin de mantener raya al virus.

La ciencia, como se ve, no ceja en su afán de acabar con el VIH. Pero la realidad, impertérrita, sigue mostrándonos un panorama bastante desalentador. Dice Rodríguez Baños que en los últimos 8 años el número de enfermos de Sida que tratan los especialistas se ha incrementado ligeramente o a lo sumo estabilizado. Es cierto que el Sida es ahora una enfermedad crónica que, con un buen cumplimiento terapéutico, el paciente puede tener una calidad de vida aceptable. Pero también es cierto, insiste este clínico, que sigue ahí la amenaza. Él señala todavía dos retos: detectar a los infectados que aún no lo saben y concienciar a la población heterosexual de que el virus sigue presente y por lo tanto han de tomarse las precauciones pertinentes cuando se mantienen prácticas de riesgo. “Hasta un 30% de los casos que diagnosticamos lo hacemos con un diagnóstico tardío, cuando la enfermedad ya está declarada. Si hubiese más prevención y un diagnóstico precoz se evitaría mucho dolor y sufrimiento”, explica.

Con todo, el futuro, en lo que al Sida se refiere, sigue siendo incierto. Es muy posible que un día se disponga de varias y distintas vacunas: para la prevención y para el tratamiento. Dadas las muchas particularidades que reúne este virus, ése podría ser el camino. De momento a la industria no parece seducirle demasiado la investigación, al menos como le seducía hace unos años; hace ya tiempo que no se vislumbran novedades terapéuticas. No ocurre así con los científicos, que cada día son más y mejor preparados los grupos que viven entregados a la búsqueda de una respuesta eficaz contra el Sida.

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