Bretón, más cerca del banquillo

José Bretón (con gafas), el pasado martes, día 4, en la finca 'Las Quemadillas'. El presunto asesino de sus hijos acompañó a la Policía Nacional, que recogió muestras de tierra. / Salas (Efe)

De detención ilegal a asesinato doble. Rápido y resolutivo y, a la vista de cuatro informes periciales que han dado la vuelta en apenas unos días a la instrucción sobre la desaparición de Ruth y José, de 6 y 2 años, el 8 de octubre de 2011 en Córdoba, el juez  José Luis Rodríguez Lainz  ha imputado a José Bretón, padre de los menores, dos asesinatos con alevosía y con el agravante de parentesco por los que podría enfrentarse a una pena de hasta 25 años por cada uno de los delitos. El instructor tomaba esta determinación tras tener en su mano el cuarto informe procedente del Instituto de Toxicología de Madrid. Bretón será, por tanto, con toda probabilidad, juzgado en la Audiencia Provincial de Córdoba por un jurado popular que tiene ante sí el reto de enfrentarse a un juicio muy mediatizado y sobre el que siempre quedarán dudas de imparcialidad.

Sin embargo, el caso aún está en fase de instrucción y le quedan los últimos coletazos. El magistrado ha ordenado diligencias que concreten si en los restos de la hoguera hay ADN y también va a pedir a la Policía, según fuentes de investigación, que ratifique o no el informe de la antropóloga forense de la Policía científica, el primero que se hizo, donde se concluía que los restos hallados en la finca Las Quemadillas no eran humanos.

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El cuarto informe sobre los restos óseos de la hoguera llegó el miércoles a la mesa del juez. El documento concluye, en la línea del segundo y tercer informe, firmados por el forense Francisco Etxebarría y el de José María Bermúdez de Castro, que los huesos son humanos y rechaza las polémicas conclusiones de  la perito policial que certificaba que eran "de roedores y pequeños carnívoros". De hecho, aclara que los fragmentos son compatibles con dos individuos de edades comprendidas entre los 2 y 6 años, aunque no puede orientar ni sobre la causa de la muerte ni sobre el sexo de los mismos. Los expertos del Instituto intenta ahora comparar el ADN de los restos hallados en la hoguera con el de Ruth y José después de  estudiar la viabilidad de la prueba debido al estado en el que se encontraban los restos que fueron sometidos a una temperatura de entre 650 y 800 grados. Una temperatura en la que es difícil conservar muestras de ADN.

No son los únicos pasos dados esta semana, aunque no en el foro judicial, sino policial. Desde la Policía se anunciaba el relevo de la antropóloga forense que firmó el primer informe, según un comunicado de la Dirección General de la Policía, tras el auto judicial emitido por el Juzgado de Instrucción número 4 de Córdoba. La Dirección ya informó la semana pasada que había abierto una investigación interna que nacía con la vocación de concretar cómo y por qué se había producido el error y establecer las medidas para evitar que volvieran a suceder. Errores que se han denunciado con intensidad desde el Sindicato Unificado de Policía, SUP, que ha anunciado que harán público un informe sobre “la cadena de errores” acontecida en el proceso, entre los que podría encontrarse la falta de dirección y de organización del trabajo. Además, se cita como ejemplo el hecho de que fue la experta forense de la Policía quien se negó a que se destruyeran los huesos hallados para hacer pericias confirmatorias que nunca se hicieron. ¿Por qué? De hecho, es el propio juez en su auto quien, después de alabar la actuación de la Policía judicial, pide que se abra un debate en los protocolos de actuación.

Mientras el abogado de Bretón, José María Sánchez de la Puerta, ya ha dicho que faltan aún muchas piezas del rompecabezas y que él, de momento, tiene que estudiar la nueva decisión judicial para matizar una defensa que aún está por definir y que se anticipa difícil. El letrado lejos de amilanarse ante el reto judicial ha puntualizado que “las corridas buenas son las corridas con toros buenos”. De momento, podrá solicitar las diligencias que considere oportunas una vez que el magistrado ha levantado el secreto parcial de sumario.

Ruth y José desaparecieron el 8 de octubre de 2011.Los dos hermanos estaban pasando ese fin de semana con su padre, José Bretón, que se estaba separando de su mujer, Ruth Ortiz. La última vez que se vio con vida a los niños fue sobre las 13.30 de ese sábado 8 de octubre cuando una cámara los grabó en el interior del coche de su padre, un Opel Zafira verde, entrando a la parcela de "Las Quemadillas". A las 17.30, Bretón salió de la parcela, ya sin sus hijos, según pudo detectar otra cámara de seguridad. El padre sigue sosteniendo que perdió a sus hijos en el parque Cruz Conde de Córdoba y la semana pasada calificó de “aberración” los informes que apuntan a que los niños fueron incinerados en la finca. El mismo día  los agentes acudieron a la finca alertados por el Infoca, que habían detectado una enorme columna de humo negro y, ya entonces, pensaron que algo había pasado en el fuego. Dos días después, la responsable forense de la Policía Científica de trabajó en los restos del fuego y, en un principio, descartó que los huesos hallados fueran humanos. El 10 de noviembre avaló su tesis y  aseguró casi que los huesos eran humanos y que se podía determinar a simple vista por su morfología. Dos informes más, encargados por la familia y el propio Ministerio del Interior, confirmó que los restos eran humanos y que además pertenecían a dos niños de seis y dos años, la edad de Ruth y José. Ahora el cuarto informe corrobora lo anterior y sienta las bases de una acusación que escribirá sus últimos capítulos en sede judicial.

Sin embargo, el auto del juez aún no dibuja un relato cierto de lo que allí sucedió. De hecho, concluye "ciertamente no contamos con una versión de cómo sucedieron los hechos". El auto constata que los dos menores "murieron" nada más llegar a la finca. José preparó una pira sobre un fondo de leña de olivo y colocó los cuerpos de los dos menores sobre ella. "Podemos llegar a la conclusión de que el imputado, tras matar a sus dos hijos, lo más probablemente al llegar a la parcela, y sin que podamos todavía establecer la forma en que hubiera cometido tan atroz hecho, trató de hacer desaparecer sus cadáveres quemándolos en lo que se diseñó como un auténtico horno o pira funeraria. Los cuerpos estarían cubiertos posiblemente por una sábana o cortina -cuya existencia no obra en el sumario-, y sobre ellos muy probablemente vertería importantes cantidades de gasoil". Según ese mismo auto, nadie podía verlo desde las fincas vecinas. "Tres horas después, cuando piensa que el fuego ya ha consumido los restos, apaga la hoguera".  ¿Se decidirá Bretón alguna vez lo que allí ocurrió realmente?