El imitador cazado

Juan Manuel Morales, el pasado viernes, día 5, a su llegada a los juzgados de Palma. / Montserrat T. Díez (Efe)

Su abogada lo define como un niño comunicativo y colaborador. Sus rasgos faciales lo confirman. Juan Manuel Morales tiene  21 años, mide 1,80 de estatura, pero su cara parece no haber traspasado la pubertad. Un rostro de niño que alberga una mirada profunda, decidida, segura…y una mente oscura. El 3 de octubre fue detenido por planear una masacre en la Universidad de Baleares con 140 kilos de explosivos adquiridos en Internet. Sólo dos días después confesaba ante el juez, el fiscal y su letrada ser el artífice de un plan que seguía, casi al milímetro, las pautas de la matanza de Columbine. Juan Manuel era un imitador que quería superar a sus ídolos y autores de aquella masacre, Eric Harris y Dylan Klebold. Aún no había decidido en qué edificio del centro, pero sí estaba barajando diversas posibilidades para aumentar la potencia de la explosión, según ha podido saber cuartopoder.es.

Morales actuaba solo. Los investigadores lo definen como un joven “inteligente, introvertido, frustrado, con problemas con la sociedad y simpatía por los símbolos nazis, aunque no pertenecía a ninguna banda ni grupo político”. Y era precisamente esta frustración, esa incapacidad social, la que proyecta hacia sus compañeros y le impulsó a atentar contra la universidad.

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Consciente o no del daño que podía infligir, frustrado o no… serán los psquiatras quienes deban descifrar su mente. Su defensa lo sabe y, hoy lunes, pedirá un examen psiquiátrico y psicológico “exhaustivo” que le permita establecer las fronteras entre el criminal y el loco. La abogada apenas ha tenido contacto con él. No le ha dado tiempo desde su detención, pero una primera valoración  le permite concluir que está serio, tranquilo y colaborador y no parece amilanado. En su primera declaración judicial, según su letrada, contestó a todas las preguntas de las partes con seguridad y sin alterarse. En la sede judicial dijo que se llevaba muy mal con su padre, al que había denunciado por maltrato, aunque la denuncia fue archivada en febrero.  Asumió los cargos que se le imputan y regresó a prisión, ya que el juez, de momento, mantendrá su prisión sin fianza acusado de los delitos de tenencia de explosivos y tentativa de estragos.

¿Qué ocurrió en Columbine? Dos estudiantes de 17 y 18 años, Eric Harris y Dylan Klebold, armados con un fusil de asalto, 2 escopetas y un revólver, mataron a 13 personas e hirieron a 23 en la escuela de Columbine, en Littleton (Colorado). Después se suicidaron. El atentado fue planeado durante un año, pero escogieron el día del cumpleaños de Adolf Hitler para llevarlo a cabo.  El 20 de abril de 1999, vestidos con camisetas en las que se leía “Selección natural” e “Ira”, colocaron en la cafeterías de la escuela varias bombas de fabricación. Su idea era esperar a que explotaran matando a cientos de estudiantes y, a los que huyeran, los fusilarían con la carabina, una pistola automática y dos escopetas con caño recortado que llevaban. Algo falló y las bombas no estallaron. Entonces, decidieron abrir fuego contra todo el que se cruzara en su camino. La matanza generó mucha alarma social, tanto que fue inmortalizada por el director de cine, Michael Moore, con su documental «Bowling for Columbine», que logró un Oscar.

¿Por qué querían matar a sus compañeros? Los documentos obtenidos en la investigación, que la policía hizo públicos en 2006, estaban llenos de odio y desprecio a sus compañeros. “Los odio por excluirme de tantas cosas. Los odio y será mejor que me tengan miedo, ¡Odio! Estoy lleno de odio y me encanta. La naturaleza humana de la gente es su muerte”, se leía en algunos. Se sentían fascinados por las armas. En un trabajo, Harris señaló que “sería tan fácil llevar un arma cargada a la escuela como entrar a ella con una calculadora”, y Klebold escribió un cuento para su clase de inglés en el que un hombre que mata a 9 estudiantes con pistolas automáticas. También planificó minuto a minuto la matanza, comenzando con un encuentro con su cómplice a las seis de la mañana del 20 de abril. “10:30 a.m. ‘preparación’, 11:12 a.m.’entrar en acción’ y 11:16 a.m. ‘!Ja Ja Ja!. Bombas, fuego de cobertura, retirada, apuntar a la cabeza, suicidio”.

Explosivos hallados en el piso del detenido. / interior.gob.es

A diferencia de los asesinos de Columbine, la Policía descubrió las intenciones de Morales. Llevaban vigilándolo 5 meses tras detectar su activa participación en foros nazis. Utilizaba como nickname subzero91, un personaje del vídeo ‘Mortal Combat’, Columbaneiro o Celtíbero Godo, entre otros.  Sus comentarios violentos llamaron la atención de un periodista venezolano que alertó a la Policía. En algunos, exaltaba la supremacía de la raza blanca y dejaba traslucir su aversión hacia los inmigrantes irregulares que viven en España. “Guerra de razas. Todos están contra la raza blanca por ser la mejor y la que ha oprimido al mundo”, decía. En otros buscaba cómplices para hablar sobre la matanza de Columbine. Conseguía muy pocas respuestas. Tampoco en la Red conseguía amigos o compañeos de aventuras.

Los agentes lo vigilaban en la Red y en la vida real. Se había independizado de sus padres, con los que ha confirmado no llevarse bien, hacía dos meses a un piso al barrio de Sa Quartera y Sa Gerreria. No recibía visitas. Desde hacía casi un meses, policías de la Brigada de Información balear le vigilaban desde el bar Gaudí, en la plaza cercana a su casa. El juez Morell supervisaba la investigación y había autorizado la interceptación de sus comunicaciones telefónicas y en Internet.  Descubrieron que sentía simpatía por los asesinos de Columbine. En su blog, que leían con atención, descubrieron similitudes entre sus gustos musicales, la afición por las armas, su indumentaria y su actitud hacia compañeros y otros jóvenes.

También, como ellos, conocía la obra de Hitler. Morales se había molestado en estudiar Mein Kampf  en la biblioteca de Palma. Tras la detención, los agentes hallaron en su casa un diario de su vida con sus proyectos terroristas. Comentarios llenos de resentimiento “¿Sabéis lo que más odio? A los niños mimados que sus padres les dan 50 euros de paga a la semana y como a ti te den menos se ríen de ti y te llaman pringado”, entre otros. Estaba decidido a perpetrar su plan. Había planeado hacer estallar artefactos cilíndricos en el campus de la Universidad de las Islas Baleares (UIB) en Mallorca y provocar una matanza el próximo 20 de abril coincidiendo con la de sus “ídolos”, los autores de la matanza de Columbine. De hecho, los agentes llamaron a la operación policial Columbainero por esta admiración. Y, al igual que ellos, pretendía suicidarse como broche final a su hazaña criminal. ¿Y cómo un chico tímido podía acometer él solo dicho plan? Morales, como señalan los agentes, era muy inteligente y hábil. Se mantenía gracias a los ingresos que lograba jugando al poker online. De hecho, encontraron 7.000 euros en su apartamento. Ex estudiante de informática y tecnología en Formación Profesional, conocía los mecanismos para fabricar bombas. Ya había  gastado 1.000 euros en la compra de sustancias químicas para fabricar explosivos a una fábrica a la que dijo, por teléfono, realizaba un proyecto para la universidad. Había intentado también comprar ilegalmente armas, pero no lo logró y solicitó permiso de armas a la Guardia Civil. Estaba en la fase final de su plan. Por eso, la Policía decidió detenerlo tras comprobar que había adquirido 140 kilos de este material, 125 kilos de amonio nitrato con nitrógeno, un explosivo de fragmentación similar al amonal y amosal, 12 kilos de potasio nitrato cristal, 500 gramos de sodio sulfuro hidrato; un litro de ácido nítrico y otro de ácido sulfúrico y un matraz Erlemmeyer de 500 mililitros.

Sólo le faltaba un detonante y decidieron pararle los pies. En la vivienda, no hallaron ningún artefacto que pudiera actuar como tal, pero según los investigadores había pensado en varias vías para hacerlo y causar el mayor efecto. Por eso, cuando abrió la puerta de su casa y firmó el documento de recepción de la mercancía, lo detuvieron. Aún queda conocer el contenido del disco duro del ordenador que tenía en su piso.