Acoso selectivo: a los pobres, que los parta un rayo

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Imagen de la última manifestació de la 'marea blanca' celebrada el pasado domingo en el centro de Madrid. / Efe

Leo y escucho frases angustiosas desde el jueves, que, en algunos casos, suenan ya a desahucio confirmado de la vida. Y no me extraña. Porque, a este Gobierno del PP, la Vida (con mayúsculas) parece importarle poco; nada. La vida de los otros, me refiero, porque la suya —la de la Derecha— siempre la ponen a buen recaudo. Ahora, con los nuevos negocios que plantea el Gobierno: la privatización de la Sanidad Pública y de la Educación. Y antes, siempre, con su natural acaparamiento de poltronas en los consejos de administración de las empresas nacionales y multinacionales o con las regalías que siempre compartieron con la Iglesia Católica y otras fuerzas “vivas”. Así, puede colegirse que si no reacciona pronto este país, seguirá teniendo el mismo dueño in saecula saeculorum; y nunca mejor dicho. Reaccionar, reaccionar... Pero no cómo ha reaccionado Alfredo Pérez Rubalcaba, secretario general del PSOE, al que no se le ocurre otra cosa mejor que proclamar que la enseñanza de la religión debería estar fuera de la escuela. A buenas horas mangas verdes.

Es curioso. Porque mientras “las izquierdas” siempre dudan —ya sea a la hora de legislar, gobernar, o tomar cualquier decisión; quizá porque quién es aún de izquierdas tiene “conciencia” y entiende que la sociedad es muy compleja y plural—, a la derecha, en cambio, no le duelen prendas a la hora de tirar por la calle de en medio.

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Y si no, veamos su último ejemplo: si usted, que cobra una pensión de poco más de 700 € al mes, necesita ir al centro de salud que está a 20 o 30 kilómetros de su pueblo para rehabilitar esa cadera que se ha roto, a la derecha no le preocupa ponerle una cuota de 5 € por  desplazamiento; cierto es que los pobres de solemnidad como usted sólo pagarán 10 € al mes; los “medio ricos”, 20 y los muy ricos... aquellos que tienen rentas de más de 100.000 euros anuales, 50 €.

Cierto es también que este “decretazo” que está a punto de aprobarse tiene truco y, como en el copago por los medicamentos, seguramente usted pagará cada desplazamiento a toca teja —sean dos los viajes o una docena— y luego, ya veremos, cuando proceda, “la Administración le devolverá el dinero”. En todo caso, ¿no sería más justo para usted, pobre de solemnidad como se ha dicho, que no llega ni a 10.000 € de renta al año, que le siguieran llevando gratis a la rehabilitación como venía sucediéndole hasta ahora, y que la deudas del Estado las amortizase el Gobierno aumentándole la cuota a los que más ingresan? Pues no, el PP no está por esas; el Gobierno lo que quiere es que a los pobres les parta un rayo o, si no pueden pagarse la ambulancia, que se queden inválidos. O algo así.

¿Y qué hay de los minusválidos, de los enfermos crónicos, de los que han de acudir cada dos o tres días a una sesión de diálisis, de los que padecen cáncer y necesitan tratamiento de larga duración, de quiénes, enfermos y pobres para siempre con la que está cayendo, no podrán contar con las ayudas estatales ni con la gratuidad de los medicamentos a partir de ahora? A esos también que los parta un rayo. Al fin y al cabo... Quizá quepa pensar que el Gobierno piensa que ésta es una buena forma de acabar con los muchos quebraderos de cabeza que está teniendo la Administración a la hora de controlar su déficit, ¿no?

Con todo, la pregunta más difícil de responder es esa que este país puede hacerse acerca de la quiebra emocional que está suponiendo, para amplios sectores de la sociedad española —ancianos, asalariados, jóvenes en general—, el tener que pasar de la abundancia y la gratuidad en la gestión de su salud a pagar ahora por todo. Para los pensionistas sobre todo —que la mayoría no llegan a 1000 € al mes, no se olvide— la angustia, a estas alturas, sobrepasa cualquier límite. Son ya muchos de estos jubilados a los que les ha dado por pensar que “algo malo” se avecina. “¿Volverá otra vez la guerra?”, se preguntan. Si ahora pagan ya por cada receta y han de pagar también por la ambulancia que les lleve al hospital o al centro de salud, muchos preferirán dejar de tomar fármacos y quedarse a esperar la muerte en casa; y si no, al tiempo. El deterioro de la salud de los españoles, en general, parece inevitable. Y con la política de más y más recortes que cada día añade el PP a esa larga lista de castigo a los más débiles, lista que más bien parece un cilicio destinado a aumentar su sufrimiento, no va a ser posible vivir más ni mejor... A no ser que la gente se harte y se eche a la calle y diga ¡basta! En ese caso, ya se verá... Pues, mira tú por donde, en Madrid, el consejero de Sanidad, Javier Fernández-Lasquetty, empieza a agachar las orejas y a dudar de la bondad de su propuesta de privatizar el Sistema Público de Salud; propuesta que era hace unos días incuestionable y “lo mejor de lo mejor” para Madrid. Sin duda, algo han tenido que ver los madrileños que han tomado la calle.

Mientras las grandes cifras de déficit, deuda, PIB, prima de riesgo, etc., y los debates macroeconómicos, acaparan titulares y páginas en la prensa y espacios de radio y televisión, una sociedad angustiada —un tercio de este país, se dice— se pregunta a cada instante cómo subsistir, qué hacer para no morir asfixiado con tanto “copago”. La respuesta no es sencilla ni las soluciones fáciles —que nadie se engañe— pero nuestra responsabilidad de ciudadanos es exigir a quien gobierna que cambie de política... O que gobierne como quiera..., pero que lo haga pensando en toda la sociedad, no sólo en los que jalean al Partido Popular.

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