La cooperación con Marruecos: deseos y realidades

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Inauguración de la Jornadas sobre regionalización sanitaria en Tánger, Marruecos. / Joaquín Mayordomo

La cooperación, desde siempre, se viene tejiendo entre luces y sombras. La Agencia Andaluza  de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AACID) acaba de celebrar en Marruecos una Jornada sobre la regionalización del sector sanitario en el país magrebí. La cita, en un hotel de Tánger, ponía el “punto y seguido”  a un proyecto de cooperación auspiciado por la Junta de Andalucía, dotado en su día con 5,2 millones de euros —más de 865 millones de las antiguas pesetas—, a ejecutar en tres años. Según los acuerdos firmados el presupuesto quedó dividido en dos grandes partidas. La cooperación andaluza entregó a la Escuela Andaluza de Salud Pública (EASP) la asistencia técnica del proyecto, y ésta, tras el consiguiente Convenio firmado con el Ministerio de Salud de Marruecos, dispuso de 1.210.000 € para desempeñar sus funciones de asistencia técnica, formación de profesionales marroquíes, etcétera, mientras la contraparte marroquí se “ocuparía” de “gastar” el resto, 3.990.000 euros.

Los protocolos del acuerdo dejan bien claro cómo ha de gastarse el dinero de la cooperación y en qué. También establecen el recorrido preciso que ha de seguir cada euro. Sólo se le entregará a la contraparte marroquí el dinero a cambio de que presente las correspondientes facturas y justificantes, además de que ha de ser la AACID la que valide, en última instancia, cada euro gastado. Es decir, sobre el papel todo parece estar claro. Pero también cabe decir que a nadie se le escapa que, en cooperación, la realidad y lo que se firma no siempre coinciden. Ayer mismo el PP andaluz solicitaba a la Junta todas las facturas del dinero destinado a cooperación de los últimos cuatro años. Vamos, que no se fían.

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Los problemas surgen cuando la tela de araña de la burocracia tiende sus redes, o cuando la actitud de quienes han de beneficiarse profesionalmente de un determinado convenio de cooperación es poco ética y buscan sacar ventaja personal de las acciones propuestas en el proyecto. Desde luego nadie va a decir en este caso —y menos reconocer— que se ha aprovechado de esos casi 900 millones de las antiguas pesetas que la Junta “ha regalado” a Marruecos. Pero es casi seguro que por ciertos desagües se habrán colado sus buenos pellizcos.

Mas, como “no existen” pruebas, jamás se denunciará nada. Aún así, es vox populi que en el mundo de la cooperación internacional buena parte del dinero presupuestado se evapora por el camino.

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Algunas de las 14 ambulancias que la Junta entregó al Gobierno marroquí en marzo de 2007. / J. M.

En el presupuesto del Proyecto de apoyo al reforzamiento de capacidades institucionales del sector sanitario en las tres regiones del norte de Marruecos (RENFORCASAN), Santé Nord —proyecto que aquí no es más que una disculpa para contextualizar este artículo—, se habilita, por ejemplo, una partida de 900.000 € para la compra de 18 ambulancias y 8 vehículos de apoyo. Sería de agradecer, si no es mucho pedir, que se mantuviese informado al contribuyente andaluz del “recorrido” y actividad de estos vehículos en los próximos años. Porque, si se quiere ser justo, es imprescindible que quienes contribuyentes con sus impuestos a la cooperación estén informados. Justo sería, repito, que los andaluces conociesen cómo, cuando, dónde y en qué se emplean los recursos que la Junta destina a cooperar con Marruecos.

Al apoyar al Proyecto Santé Nord la Junta de Andalucía pretende, a partir de la experiencia vivida en España con la descentralización autonómica, ayudar a Marruecos en sus planes de regionalización del sector sanitario en el norte del país. Las tres regiones a las que se les brinda esta ayuda son las de Tánger-Tetuán, Taza-Alhucemas-Taounate y la Oriental de Oujda, con una población estimada de 6.872.000 personas. Los 5,2 millones de euros presupuestados deben gastarse, según el proyecto, en brindar los apoyos y experiencia profesional necesaria desde Andalucía, en formar a gestores y personal sanitario marroquí y en dotar de recursos y equipamiento específico a los centros de salud de las citadas regiones.

Todo esto, es verdad, forma parte de los engranajes de la cooperación y así habrá que aceptarlo. Y también es verdad que los gobiernos que cooperan con terceros países aceptan “de buen grado” si se quiere, esas “quitas” del “presupuesto finalista” destinado a la ejecución de cada proyecto. Pero desde Marruecos, al menos, debe insistirse en la reflexión apuntada anteriormente: ¿por qué una vez finalizado el período de ejecución y entregado ya todo el dinero, no se hace un seguimiento para ver, por ejemplo, que ha sido de esos ordenadores, mobiliario, ambulancias o coches que se adquirieron? Visto desde fuera, parece que lo correcto sería exigir esta vigilancia; entre otras cosas, porque mantener “vivo” el espíritu de cooperación y exigencia que se ha acumulado durante la ejecución del proyecto es la mejor forma de que no se pierda el trabajo realizado ni se evapore el dinero.

En Marruecos, no sé por qué, esta segunda parte de cualquier proyecto de cooperación resulta harto difícil de llevar a la práctica. Con demasiada frecuencia, los proyectos puestos en marcha se abandonan y olvidan por completo una vez concluido el periodo de ejecución. Todavía recuerdo un proyecto de canalización de agua potable en la región de Tetuán para dar servicio a un grupo de aldeas, ejecutado hace una década... No había pasado ni un año desde su inauguración y ya estaba la tubería principal inservible; la gente había ido agujereándola allá dónde más le convenía para acceder al agua. Nadie había vuelto a ocuparse de esta canalización; la fuente inaugurada a bombo y platillo en la aldea principal estaba ya seca. Nadie volvió a preocuparse de vigilar ni explicar que si no se respetaba la tubería principal, el dinero invertido y los esfuerzos de cooperación realizados iban a servir de nada.

Es por esto que siempre cabe exigirle a la parte donante, en este caso concreto a la Junta de Andalucía, un compromiso más firme y una labor de seguimiento real y estricta para ver qué “fruto” van dando esos 5,2 millones de € (¡muchísimo dinero!) gastados en ordenadores, material sanitario, vehículos, arreglo y mejora de los centros de salud de la región... Y en la formación de los profesionales.

Para Enrique Pablo Centella, director de la AACID, “todo está controlado” y en orden. “Y no hay riesgo alguno de que se malversen los fondos aportados por Andalucía para  este proyecto”, comenta. Más difícil le resulta a Centella responder cuando se le pregunta por cómo es posible que Andalucía, hoy sumida en enormes dificultades presupuestarias, pueda “donar” a Marruecos tanto dinero. “Primero, el dinero estaba presupuestado y librado desde antes de que estallase la crisis” resume. Y a continuación explica: “Andalucía destina este año un 0,2% de su presupuesto a cooperación internacional. Una nimiedad. Pero es que, además, nuestra relación con Marruecos, no debe medirse, sólo, desde la óptica del dinero. Somos vecinos y tenemos múltiples intereses comunes y nuestra obligación es trabajar y cooperar en todo lo que podamos con ellos. En este contexto, la cooperación con Marruecos podría decirse que es casi insignificante para lo que debería de ser”, recalca.

Cooperar, sí; pero controlando y exigiendo. Exigiendo que los acuerdos se cumplan y que los esfuerzos que se hacen sirvan al menos para intentar que los proyectos den fruto.

A la Jornada celebrada en Tánger asistieron altos cargos de la administración sanitaria marroquí, principalmente. Directores regionales y directores provinciales de Salud, a los que la Junta andaluza les ha pagado varios cursos de formación, en Marruecos y España. Sobre el papel, en la Memoria inicial del Proyecto Santé Nord todo aparece claro, insisto, pero en la práctica, quién sabe qué ocurrirá cuando el equipo de profesionales españoles que han estado dos años aquí trabajando, para su puesta en marcha, regrese a España y unos y otros se olviden de esto. El sector sanitario marroquí seguirá, posiblemente, con su dinámica individualista e incapacidad para trabajar en equipo, alimentando la desconfianza entre sus responsables y negándose unos a otros la información. Tampoco parece que, por ahora, vayan a lograr resolver ciertos problemas que tienen de liderazgo, algo que hoy se cree imprescindible para que esa regionalización sanitaria que Marruecos persigue sea efectiva.

Resulta difícil creer que si alguien de la Junta andaluza no hace de vigía a posteriori, este proyecto vaya a dar fruto. Atascado como está Marruecos entre su burocracia y extraños conceptos, como el de que el enfermo no es sencillamente un paciente, sino “un cliente”, o que, por ahora, el usuario de los servicios sanitarios públicos no es ni por asomo “el centro del sistema”, todo volverá a estar como estaba a pesar de los casi 900 millones de pesetas gastados.

Y concluyo. Sólo añadir esa pregunta de ingenuo que cualquier persona, en su calidad de ciudadano, plantea: ¿alguien podrá informar, por ejemplo dentro de tres años, a los contribuyentes, de cuál fue el recorrido de ese material (ordenadores, ambulancias, coches, instrumental médico y mobiliario) que van a comprarse con los 5,2 millones de euros? Creo que los andaluces están en su derecho de saberlo.