JOAQUÍN MAYORDOMO | Publicado: - Actualizado: 8/1/2017 02:09

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Agentes de la Secretaría Municipal de Salud de Río de Janeiro desinfectan las instalaciones del Sambódromo, el pasado martes, 26 de febrero. / Marcelo Sayão (Efe)

La tranquilidad sanitaria en el mundo apenas ha durado un par de semanas; exactamente desde el pasado 14 de enero –cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró el fin de la epidemia de ébola– hasta ayer, que de nuevo la OMS –máxima autoridad mundial en materia de salud pública– anunció que “el virus zika se expande de manera explosiva“. Luego, su directora general, Margaret Chan, añadió que “el nivel de alerta es extremadamente alto” y propuso que los países afectados (23 hasta el momento en el área de Latinoamerica) tomasen medidas urgentes para atajar lo que, si no se actuaba con rapidez, podría derivar en una pandemia. La OMS cree que, salvo Chile y Canadá, el resto del continente americano tendrá ‘problemas’ de infección con el citado virus.

Independientemente de los ‘sustos’ que periódicamente nos pega la OMS –recuérdese las vacas locas (1996), la gripe aviar (2004), la gripe A en 2009, el nuevo coronavirus en 2012, la cepa H7N9 del virus de la influenza o el más llamativo y reciente con la posibilidad de contraer cáncer por comer carne roja (octubre de 2015)–, no cabe duda de que el mosquito aedes aegypti, portador y transmisor del virus zika, existe. Y también es verdad que, desde que hace dos años fuera detectado en Brasil, se ha extendido de forma agresiva y colonizado, muy rápidamente, la mayoría de países de la región.

El virus es similar al del dengue y la fiebre amarilla y, normalmente, causa una infección leve; se conoce desde 1947, cuando fue aislado de un mono en Uganda. En los humanos fue detectado 1968. Se trasmite por la picadura del mosquito aedes, aunque se han dado casos, también, de transmisión sexual, perinatal o sanguínea. Los síntomas más comunes en aquellas personas que sufren una picadura de aedes y el posterior contagio del virus son la aparición de manchas en la piel, fiebre y dolor muscular y de cabeza, aunque la mayoría de estos síntomas desaparecen en una semana.

Entonces, ¿por qué esta alarma social, ahora, de golpe? Seguramente hay una parte real, de verdadero riesgo sanitario, y otra más espuria u oculta como podría ser la de ‘dar la alarma’ y ‘avisar’ a una población mundial heterodoxa y desinhibida, dispuesta a divertirse dentro de unos días en el Carnaval de Río de Janeiro, además de estar pensando ya, también, en asistir a los Juegos Olímpicos 2016, el próximo verano, en esta ciudad brasileña.

Mas no debería, sin embargo, permitirse que la fiesta que se anuncia en Brasil, carnavalera o deportiva, distraiga de la realidad que vive ese país y otros 22 de su entorno, a los que la OMS ha encomendado actuar con urgencia para combatir el mosquito aedes aegypti. En la zona se han diagnosticado ya más de un millón casos de infección, aunque el responsable de enfermedades infecciosas de la OMS para América, Marcos Espinal, ha afirmado que calcula que unos tres o cuatro millones de personas resultarán infectadas, eso sí, sin especificar en cuanto tiempo. En todo caso, lo verdaderamente importante es que cada día son más las pruebas científicas que avalan –aunque no esté totalmente demostrado aún– que la infección por virus zika puede provocar microcefalia (desarrollo anormal del cráneo y el cerebro) o el síndrome de Guillain-Barré (un trastorno neurológico que causa debilidad, pérdida de reflejos, entumecimiento, dolor y visión borrosa, entre otros síntomas) en bebés y fetos, o las dos enfermedades a la vez. De ahí que países como Colombia ya hayan sugerido a sus mujeres en edad fértil, y que estén pensando en quedarse embarazadas, que aplacen al menos unos meses esta decisión.

También las organizaciones de turismo han dado la voz de alarma y aconsejan a quien piensa viajar a estos países, sobre todo a las mujeres que está aún en esa edad de tener hijos o viajan ya embarazadas, que tomen precauciones. Precauciones que siempre serán pocas. Entre ellas, usar repelentes, mangas largas, extremar la higiene y evitar las zonas con agua estancada que, a la postre, son el hábitat preferido por los mosquitos.

No existe una vacuna para combatir el virus zika ni se tienen noticias de que vaya a haberla a corto plazo. Sólo hay tratamientos sintomáticos. Por lo que parece, ni a la ciencia ni a la industria farmacéutica les interesó hasta ahora el virus zika. Es verdad que no causa muertes como el ébola, pero, si se confirma que provoca lesiones cerebrales graves en fetos, la cosa cambia. Brasil desde luego está asustado; prueba de ello es que ha movilizado 220.000 soldados para fumigar y exterminar el mosquito.

Brasil diagnosticó en 2015 un total de 2.782 casos de microcefalia, una cifra muy superior a los diagnosticados en años precedentes: 167 casos en 2013 y 147 en 2014. Mientras, en lo que llevamos de 2016, el ministro de Sanidad, Marcelo Castro, asegura haber ‘confirmado’ 270 casos de microcefalia asociados con la infección del virus zika. Además, explican desde el ministerio brasileño que hay 3.448 casos en estudio de 549 municipios de 20 Estados diferentes. En Brasil, desde luego, se tiene ya el convencimiento de que la relación entre infección de zika en mujeres embarazadas y la microcefalia en recién nacidos es real.

En Hawái, Estados Unidos Gran Bretaña o Italia también se han diagnosticado casos similares de microcefalias, casi siempre en fetos o bebés hijos de mujeres que habían viajado previamente a Brasil o a otros países de la región. En España, en las últimas fechas, se ha diagnosticado dos casos en Barcelona en mujeres latinoamericanas que no están embarazadas y uno más, en Valladolid, a una persona que había estado en Colombia.

Finalmente, lo que cabría decir a raíz de lo expuesto es que la OMS, una vez más, ‘se cura en salud’ (nunca mejor dicho). Y si denuncia públicamente una posible pandemia causada por el virus zika, con la consiguiente alarma social que conlleva, lo menos que cabe esperarse de este organismo es que el diagnóstico que ha hecho sea real, ponderado… No digamos ya justo, que, en estos casos, como casi siempre que se habla de salud pública, la misma injusticia es la causa del mal.  Es decir, las penosas condiciones de vida que soportan colectivos amplísimos de personas en estos países son, casi siempre, la causa de este tipo de infecciones.  ¡Y es que a los mosquitos les encanta la falta de higiene y la insalubridad! Y el aedes aegypti no iba a ser menos.

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