“El pueblo gitano siempre ha estado fuera del sistema capitalista»

Cartel del I Congreso de Feminismo Romaní Europeo. / Asociación Gitanas Feministas (Facebook)

El pueblo gitano ha dejado una honda huella en los seis últimos siglos de la historia de España, especialmente en el terreno cultural. Sin embargo, esta aportación no aparece en los libros de texto que estudian los niños en la escuela. Ha sido amputada. El desconocimiento también contribuye a la discriminación que sufren. En el caso de las mujeres, además es doble. “La situación actual es consecuencia del trato que los gitanos hemos recibido a lo largo de la historia. El peor de los racismos ha sido la indiferencia. Una cultura muda y una historia que nadie ha tenido interés en rescatar”, asegura Beatriz Carrillo, presidenta de la Federación de Asociaciones de Mujeres Gitanas FAKALI. Este domingo, se celebra el Día Internacional del Pueblo Gitano. Su origen es el Congreso de Londres de 1971, cuando se establecieron oficialmente la bandera y el himno gitanos.

Basta una rápida mirada a los datos de la ‘Estrategia Nacional para la Inclusión Social de la Población Gitana en España’, publicada por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, para desmontar prejuicios. El citado documento habla de una población con “una alta tasa de actividad" y una “alta potencialidad laboral”. Además, indica que “el 88,1% de las personas gitanas reside en una vivienda normalizada" y solo el 3,9% vive "en un entorno chabolista”. Sin embargo, es una de las comunidades que más sufre el racismo, con cifras aterradoras. En 2005, una encuesta del CIS , reveló que el 40,2% de los encuestados declaraba que le importaría “mucho” (15,5%) o “bastante” (27,7%) tener como vecinos a personas gitanas. “Hay investigadores que se preguntan cómo el pueblo gitano ha llegado a sobrevivir con tantos elementos en contra. El sistema siempre nos ha visto como enemigos”, explica Carrillo, que también es vicepresidenta segunda del Consejo Estatal del Pueblo Gitano, destacando la capacidad de resistencia de este pueblo, que ha intentado ser expulsado, aniquilado  y doblegado constantemente a lo largo de los últimos siglos. A pesar de su fuerte implantación, entre la población española hay un fuerte desconocimiento de la historia del pueblo gitano, una ignorancia que favorece también los prejuicios.

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La discriminación deja huella en las personas que la sufren: “Repercute en todos los sentidos. En la autoestima de los niños, en la dificultad de un acceso a un empleo o a una vivienda. Tenemos miedo de sufrir discriminación y eso provoca muchas situaciones diferentes”, corrobora Pepi Fernández, coordinadora del Programa "Calí" de Fundación Secretariado Gitano. La Educación sigue siendo un reto y una vía a la integración. El citado informe del Ministerio habla de una educación primaria normalizada, pero también advierte de que la presencia de jóvenes en los estudios posobligatorios aún es “poco frecuente” y se mantiene una brecha profunda con el resto de la población. María José Jiménez Cortiñas, presidenta de Gitanas Feministas por la Diversidad, habla de "500 colegios- reserva en toda España", donde hay una alta población gitana, y de una distribución urbana que dificulta la integración: "A veces no somos tratados como ciudadanos de primera. Si falla la base, poco más podemos hacer". 

Las tres mujeres piensan que queda mucho camino por recorrer, especialmente en las instituciones, desde donde se defienden poco o nada los derechos del pueblo gitano y se les trata con cierto paternalismo: "No somos tratados como un sujeto político", explica Jiménez. Ni siquiera están reconocidos como pueblo, a pesar de tener una historia común. Tantos años de persecución pasan factura. Actualmente, pocos gitanos españoles hablan el romaní, una lengua que sí han conservado en otros países de Europa. Expertos como Nicolás Jiménez luchan ahora por conservarlo.

El racismo: la consecuencia más brutal del desconocimiento

Describir a millones de personas bajo la categoría genérica de “gitanos” siempre es injusto. Cada persona tiene una trayectoria vital diferente. Pero si hay algo que caracteriza a esta comunidad, además de una historia común es la palabra “libertad”. Querer ejercerla ha hecho que haya sido vista siempre con recelo. “Los gitanos han sido siempre los más antisistema que hayan existido, sin tener ninguna organización política”, explica Carrillo. 

La primera constancia documental de la presencia de los gitanos en España se remite al 12 de Enero de 1425, en Zaragoza, cuando el Rey Alfonso V de Aragón le concedió un salvoconducto a Don Juan, de Egipto Menor, para moverse por sus tierras. Esta buena acogida acabó en 1499 cuando los Reyes Católicos publicaron una pragmática que inauguró un periodo de persecución, obligándoles a abandonar incluso su propia lengua. Los gitanos no encajaban en el proyecto homogenizador de los monarcas. 

"Ha habido hasta 2.500 leyes de antigitanismo en Europa", resalta Jiménez sobre la persecución de este pueblo a lo largo de la historia. Pese a los intentos de "domesticarles", los hombres (y sobre todo, las mujeres) han logrado transmitir de generación en generación sus valores y su filosofía de vida: la libertad, el cuidado de lo común o un concepto amplio de la familia, algo que a veces choca con el individualismo que quiere imponer el neoliberalismo. "Es cierto que nuestra prioridad no es la acumulación de riqueza. No invertimos en bolsa, ni en segundas viviendas ni especulamos con los terrenos", explica la presidenta de la Asociación de Gitanas Feministas por la Diversidad.

El pueblo gitano siempre ha estado fuera del sistema capitalista. Tenemos un estilo de vida completamente distinto. Trabajamos para vivir, no vivimos para trabajar”, explica Pepi Fernández, un discurso difícil de encajar en un mercado laboral donde se premian las jornadas de trabajo eternas, las horas extras o las planificaciones estrictas que a veces asfixian la vida personal y familiar. “Lo normal en el sistema capitalista es un contrato, una hipoteca y un consumismo brutal. Muchas personas del pueblo gitano están fuera de eso”, continúa Fernández.

El feminismo romaní: la etnia pesa tanto como el género

Como ocurre en el mundo payo, las mujeres gitanas tienen más dificultades que sus homólogos masculinos. Hay potentes representantes en todos los ámbitos, desde el Congreso, con la diputada Silvia Heredia (PP), hasta el mundo del diseño, con la aguja de Juana Martín, pasando por el arte, con la pintora Lola Ferreruela. También han sido punta de lanza en el terreno organizativo. Hoy hay asociaciones de mujeres gitanas en toda España. Sin embargo, no es suficiente para romper el discurso hegemónico: "Yo soy mujer, pero no soy una mujer cualquiera, sino una mujer gitana. Hay que poner la cuestión de la raza en el centro del debate, si no, nosotras no tenemos nada que hacer. En las mujeres racializadas pesa tanto la etnia como el género o la clase", explica Jiménez.

Si la historia del pueblo gitano es desconocida, la de las mujeres rom mucho más: “Yo ahora estoy haciendo un curso sobre feminismo en la universidad pública y en el programa aún no ha aparecido ni una mujer gitana. En general, hay una enseñanza payocentrista”, ejemplifica Fernández.

Las tres entrevistadas no dudan en afirmar que las primeras mujeres libres fueron las gitanas, que ya disfrutaban hace unos siglos lo que las payas reivindicaron mucho después: derecho a decidir libremente y al trabajo. "Los gitanos llegaron a España en 1425. En ese momento, nosotras no teníamos ningún tipo de límite, pero en ese momento el modelo social de mujer era la sumisa, casta y callada y nosotras no cumplíamos ese rol. Entonces se nos veía como a mujeres que rozábamos el pecado, como en 'La gitanilla' de Cervantes", explica Jiménez. Estas antagonistas eran tachadas entonces de seducir y embrujar a los hombres con sus conductas, construyendo otro estereotipo muy distinto al que soportan hoy. 

Carmen Bastian, retratada por Mariano Fortuny.

Las pinacotecas también están llenas de estas mujeres que inspiran, como Joaquina, retratada por Sorolla, o Amalia Fernández, cuya cuerpo delineó Julio Romero de Torres. También rompieron barreras desnudándose sin tapujos, como Carmen Bastián, que se muestra de cintura para abajo para Mariano Fortuny en uno de sus cuadros. “Ahora no se representaría así a la mujer gitana. Eran mujeres libres y no se les imponían tabúes”, confirma Fernández, sobre la libertad de sus antecesoras.

Ahora, las mujeres gitanas también son vistas como antagonistas, pero el estereotipo se ha dado la vuelta completamente, según cuentan las entrevistadas. Durante el Franquismo se reprimió muy duramente a los hombres gitanos y se impuso un único modelo de mujer, cuyo centro vital estaba en el hogar y que tenía que ser casta y pura, moldeada por el nacionalcatolicismo. Este molde se rompió con la Transición, pero ahora las mujeres gitanas son calificadas de todo lo contrario: "Se nos tacha de sumisas, analfabetas y mujeres objeto".

El segundo elemento que destacan es el hecho de que la mujer gitana siempre haya trabajado, aunque no haya sido en trabajos asalariados y sí en otros autónomos como la venta ambulante.“ Tiene que ver con cómo se ha organizado la familia. No había un rol superior a otro, sino que vivían todos los miembros juntos y se adaptaban a las necesidades. Si había que ganar dinero, lo hacían todos, incluidas las mujeres, que salían a trabajar con sus maridos”, explica Fernández. 

Actualmente, sufren los mismos problemas de género que las payas en un sistema patriarcal, como el actual, con empleos más precarios y más paro que sus compañeros. Tal y como explica Jiménez, con la llegada de la tercera ola del feminismo se empezó a pensar el movimiento de manera más diversa, aunque reconoce que conquistar espacios es costoso y lento: "A veces es muy ingrato y muy frustrante. No se nos reconoce como una voz válida y a veces, por parte de las mujeres. Eso es muy duro", concluye.