Del movimiento loco al despertar de los disidentes sanitarios

  • Distintas organizaciones cuestionan comportamientos en centros sanitarios con personas con enfermedades mentales

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Verónica tenía 22 años cuando se rompió de dentro hacia fuera. “En lenguaje de psiquiatría convencional, tuve un brote psicótico”. Ocurrió hace 13 años y su último ingreso fue hace seis.”En esas cuatro ocasiones fui internada forzosamente. Estuve atada a la cama durante muchísimas horas”. Ahora construye La Casa Polar, un espacio para que las locas superen, en condiciones de igualdad y de manera colectiva, los momentos más duros de salud mental.

La idea surgió en 2010. “Salí de mi penúltimo ingreso y le pregunté a la doctora si había un sitio más amable y menos dañino donde pasar esos momentos”. La respuesta fue no y su reacción fue tan firme como esa negación: “Cuando salí por la puerta le dije a mi madre, que me acompañaba, que lo íbamos a tener que inventar”. Le costó muchos años ponerse a ello, atravesada por recaídas a lo largo de una vida “aparentemente normal”, incluidos dos años en Londres y cinco meses viajando por Asia. Su impulso cogió fuerzas de manera definitiva a partir de un hecho muy concreto, la crisis mental de una familiar. “Ella nunca había pasado por algo así. La acompañé en todo momento y decidí llamar a Urgencias”. Exponerse a vivir desde fuera lo que ella vivió en hasta cuatro ocasiones previas le hizo más consciente de la situación.

En 2015 descubrió ‘Tejiendo redes en salud mental’, un punto de encuentro para colectivos y asociaciones críticas. Y conoció Berlín Runaway House, un proyecto que desde 1996 lo forman solo personas que se definen como ‘supervivientes de la psiquiatría’. Aunque en un inicio Verónica era totalmente contraria a los profesionales sanitarios, con el tiempo ha suavizado su postura. “Sigo pensando que no es necesario personal profesional pero también es cierto que una participante de cada encuentro semanal es psiquiatra”. En plena fase de sentar los cimientos de La Casa Polar en Cataluña, esta mujer ya es parte del equipo aunque su profesión no se tiene en cuenta y no tiene funciones concretas asignadas.

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Otro proyecto que está gestándose es la Casa de Cuidados de Mujeres en Madrid. La psicóloga María Alonso Suárez y la psiquiatra Belén González son las que lo iniciaron a finales de 2018 tras conocer Drayton Park. Concebida como una casa de crisis de mujeres, Drayton Park está establecida en Londres y la financia Sanidad desde hace 20 años. Cuenta con un grupo asesor para políticas con perspectiva de género sobre salud mental formado por profesionales y mujeres que han vivido de primera mano la experiencia.

Alonso explica que inspiradas por Drayton Park una de sus metas es apoyar a las víctimas de violencia de género, ya sea en un espacio físico propio, en los pisos tutelados o en los institutos de mujeres. Destaca que más allá del resultado todo el proceso, incluidas las reuniones mensuales, es valioso. “Me gusta explicarlo con el rizoma: tú ves sólo una seta pero está conectada por las raíces con el resto.”, y concluye, “eso es lo que estamos haciendo, que haya un subsuelo fértil para los cambios”.

“Hemos creado lugares hostiles”

Por ahora, más que un subsuelo fértil el sistema sanitario de salud mental sienta sus bases en carencias. España tiene una media de menos de dos enfermeros especializados y dos psicólogos por cada 100.000 habitantes, denuncian la Asociación Española de Neuropsiquiatría y la Asociación Española de Psiquiatría. Tanto es así que en 2018 el Defensor del Pueblo demandó explicaciones al respecto.

A este hecho se une una reflexión. Olaia Fernández, psiquiatra de formación, lo explica así: “Me he dado cuenta, a través de personas que me lo explicaban, que bajo ningún concepto van a ir al hospital incluso si tienen gastroenteritis y se están deshidratando por miedo a que un diagnóstico desate la cadena de violencia que ya has pasado”. Y llega a una conclusión: “Hemos creado lugares hostiles y agresivos a los que la gente no quiere ir”. De hecho se dan situaciones violentas como las contenciones mecánicas, denunciadas por el Relator Especial de la ONU, Dainius Püras. Y daba un dato preocupante:“A nivel mundial se destina a la salud mental menos del 7% de los presupuestos de salud”.

Lucha contra las contenciones mecánicas el enfermero Daniel Cuesta Lozano, que tiene clara su postura: “Cada vez que se ata a una persona en la UCI, a otra desorientada en una unidad de medicina interna o se inmoviliza un brazo para que no se arranque un suero hay una contención mecánica que sólo viable si es un ingreso involuntario, previo comunicado al juzgado”. Y lo desarrolla: “Esto no se está haciendo una inmensa mayoría de veces y ejemplos de ello es el caso de Mastrogiovani, que estuvo 87 horas atado y murió el 4 de agosto de 2009 en Italia. O el reciente de Andreas, que estuvo 75 horas atada y murió en abril de 2017 en Asturias. Ambos muestran que la gente se nos muere atada. ¿Por qué no enseñamos a evitar una contención mecánica? ¿De verdad no podemos hacerlo mejor?”.

Un cambio cultural dentro y fuera de las instituciones

Hay cambios en el colectivo loco y profesionales críticos pero… ¿qué pasa en los servicios formales? En problemas de salud mental considerados graves, como la psicosis, solo hay 22 programas de intervención precoz, lo que apenas cubre al 32% de los 1,4 millones de afectados en España, según el Libro Blanco de Intervención Temprana en Psicosis en España. Silvia Parrabera, coordinadora de la Unidad de Atención Temprana de Alcalá de Henares, señala que en Reino Unido y Estados Unidos la importancia de actuar desde el inicio germinó en los 80. “En España hasta pasada una media de 12 años no se accede a la rehabitación psicosocial y laboral. En vez de trabajar desde el inicio lo primero que se hace es medicar, lo que cronifica el problema y establece dependencias que duran toda la vida como la incapacitación y tutelaje”.

Parte del equipo de Parrabera eran Olaia Fernández y Pablo Fernández. Olaia es psiquiatra pero se ha autodefinido como no diagnosticada, con trastorno adaptativo o mala profesional para denunciar las dinámicas de poder. Allí establecieron medidas como no hablar de la persona afectada sin ella delante. Pablo explica parte de sus principios de partida así: “Al experto lo que le sucede es el otro”. Y detalla: “Tú tienes saber experto en crear dinámicas de escucha pero no eres experto de lo que le sucede al otro. Ello evita la colonización de sus subjetividades, esto es, que la gente cuente su vida según tú la cuentas porque le ordenas cómo ha de comportarse, qué habilidades ha de tener y, en definitiva, intentas homogeneizarlo como ciudadano ‘normal”.

Para romper con una relación de poder de paciente a profesional incorporaron en la Unidad de Atención Temprana a una experta por experiencia (PAR), que es el término para referirse a una persona con un problema de salud mental. El proyecto maduró hasta involucrar al entorno del atendido pero a inicios de 2019 un informe de la Comunidad de Madrid estableció que había que reducir el equipo. Se prescindió de la figura PAR, una pérdida importante si se tiene en cuenta que para el 92% de consultados en el Libro Blanco una de las prioridades era ser tenido en cuenta en las decisiones de tratamiento.

Y para romper las relaciones de poder entre compañeros durante un año hubo reparto de sueldos. Lo pidieron formalmente pero ante la negativa lo aplicaron fuera del registro “Personalmente, fue un modo de evitar que ejerciera violencia”, se sincera Olaia, que al ser psiquiatra cobraba hasta mil euros más que el resto. Otra medida importante de no caer en hábitos de poder era ir en parejas a hablar con la persona. Ahora Olaia y Pablo trabajan en un proyecto propio, La Porvenir, que espera convertirse en norma en vez de excepción. En esencia, consiste en reuniones de todo el entorno de la persona en crisis para atravesar y superar esa dura etapa.

Por su parte, Daniel Cuesta comenta lo siguiente: “Sobre proyectos que incorporan otro modo de acompañar, hay casos excepcionales como la unidad de agudos del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona”. Destaca además un referente: la iniciativa de Franco Basaglia en Trieste, en Italia. Pero ante todo tanto Daniel como el resto de entrevistados a lo largo de varios reportajes resaltan la importante labor de los propios locos: “Los colectivos denominados En Primera Persona, como Primera Vocal, FLIPAS, Asociación Hierbabuena o Activament son una fuente de aprendizaje. Y hay que incorporar de manera horizontal y transversal sus experiencias tanto en el día a día, en la investigación y en la gestión”.

**Contactamos con psiquiatría del Hospital Vall d’Hebron, referente en múltiples ámbitos médicos a nivel internacional, para contar con su visión pero tras enviarles el cuestionario, porque así lo solicitaron, no obtuvimos respuesta**

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