EN SEIS PREGUNTAS

Guía para explicarle a tus hijos cómo afrontar la nueva normalidad

  • Durante las últimas semanas, los niños han roto sus rutinas, han podido desarrollar nuevos miedos y ahora aprenderán nuevas reglas
  • La psicóloga  Sonia Martínez, autora del libro 'Descubriendo emociones', nos da las claves para introducir a nuestros hijos en la nueva normalidad
 

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Por qué no puede abrazar a sus primos, qué hacer si se cruza con un compañero de clase en el parque, cómo acostumbrarse a las nuevas medidas de higiene. Los ciudadanos se encaminan ya a la nueva normalidad y las preguntas son muchas. Algunos padres no saben cómo explicarle a sus hijos, a veces muy pequeños, por qué el mundo ya no es como lo conocían. Consultamos a Sonia Martínez, psicóloga y autora de Descubriendo emociones (La Esfera de los libros, 2020), sobre cómo identificar las emociones de los pequeños de la casa y cómo explicarles las reglas de la "nueva normalidad".

Le planteamos seis preguntas que pueden serles de mucha utilidad a los padres. 

1. ¿Cómo ha podido afectar emocionalmente estos dos meses de encierro a los niños?

En primer lugar decir que a cada niño le puede afectar de una determinada manera, ya que muchos de ellos ven la realidad a través de la mirada de los padres, de lo que ellos les dicen y de cómo entre todos manejan el día a día. Y en cada casa puede vivirse de diferente manera.  

Aun así, hay que decir que la mayor parte ha sentido miedo al contagio, a acercarse a los demás, a perder a seres queridos o que enfermen sus abuelos. Esto ha hecho que los niños se puedan sentir más inseguros en el mundo en el que viven- ven que pasan cosas que ni siquiera sus padres pueden controlar- y esto hace que estén más nerviosos. También, al estar tanto tiempo con sus padres, ha aumentado el sentimiento de poder perderles y ha aumentado la dependencia a estos. Así mismo, el miedo a la muerte o a la soledad se ha acrecentado por la situación.

De igual modo, la irritabilidad ha pasado a formar parte de muchos hogares, al no poder hacer muchas cosas que les gustaban como jugar, salir, estar con amigos... El estar continuamente en un espacio, en muchos casos pequeño, con las mismas personas y haciendo prácticamente lo mismo, hace que el niño esté más irascible, que todo le moleste e incluso llegue a "provocar" enfados en los demás. Cuando el niño sale al parque, va al colegio, acompaña a lavar el coche o hacer la compra se mueve más, el ejercicio físico ayuda a canalizar las emociones; también cambia el foco de su atención, ve cosas nuevas.. lo que le lleva a activar emociones agradables como la tranquilidad, la sorpresa, la alegría. En este sentido la televisión o las nuevas tecnologías no han ayudado mucho ya que, según el tiempo que lo vean los niños, les puede activar mucho y después les es más difícil tranquilizarse.

 Sonia Martínez.
La psicóloga Sonia Martínez.

Esto también conlleva que al no estar cansados, los niños duermen peor, comen entre horas y van perdiendo pequeños hábitos que venían bien para su tranquilidad, ésto lleva a que puedan aparecer emociones como ansiedad o el estrés, provocadas por su mente, ésta está activada mucho tiempo, está en alerta ante una situación que es nueva o provoca incertidumbre.

Así mismo el enfado ha sido una emoción muy vivida en las familias. El pasar tanto tiempo junto a sus familias lógicamente ha llevado a que se den más conflictos, enfados, envidias o celos. El no tener espacio para separarse, pensar u olvidar lo ocurrido, ha llevado a que aumente la tensión en casa viviendo el tiempo en familia como negativo.

Ahora que los niños comienzan a salir es normal también que estén más tímidos, incluso inseguros en sus relaciones con los demás ya que han estado mucho tiempo relacionándose solo con sus padres.

Sin embargo, como contrapunto, para niños que mostraban mucha ansiedad al colegio o que tenían dificultades en las relaciones sociales, la cuarentena ha llevado a que se sientan más calmados y seguros. En estos casos hay que tener cuidado, porque reafirma el pensamiento de que el colegio es "malo", o que los amigos "no hacen sentir bien".

2. ¿Qué señales nos deberían alertar de que nuestro hijo sufre estrés, ansiedad u otras consecuencias?

Las señales pueden ser, entre otras, dificultades dormir por la noche, tener despertares nocturnos, la falta de apetito, dolores de tripa continuos, la falta de aire, las preguntas continuas en las que tiene la necesidad de controlar todo lo que puede pasar, saber qué ocurrirá en el futuro, qué les pasara a ellos o a los padres. Debemos propiciar situaciones o ambientes familiares que faciliten su expresión.

3. Caminamos hacia la desescalada. Los niños tendrán más libertad, pero también nuevas responsabilidades, ¿cómo podemos comunicarles bien esas nuevas normas?

La mejor manera de explicar algo a un niño es preguntarles por qué cree que es así, a partir de ahí podremos explicarles nosotros. Con esto conseguimos conocer qué saben ya y a partir de ahí explicarles. También hay que darle importancia y suscitar la curiosidad para que nos escuchen.

Los niños entienden muy bien la norma. Si la norma es llevar mascarilla y lavarse las manos para no contagiarnos, ellos la seguirán. Es importante que como personas de referencia no las critiquemos y las cumplamos nosotros dando la importancia que tienen.

Para que el niño las interiorice será positivo:

  • Repasarlas antes de salir de casa junto a él.
  • Prever que hacer si nos encontramos con amigos, volver a repasarlas.
  • Al terminar el día valorar con él como las ha cumplido y qué objetivos ha conseguido, como por ejemplo que sus abuelos estén bien, que sus amigos no se contagien y que todos nos encontremos bien.

4. Una de las cosas más complejas es la gestión de los afectos, ¿cómo podemos explicarles que no podrán abrazar a su abuelos o a sus amigos como lo hacían antes?

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La portada del libro 'Descubriendo las emociones' (La esfera de los libros, 2020), de la psicóloga Sonia Martínez. /La Esfera de los libros.

La mejor manera es dándoles una alternativa. Una nueva normalidad para ellos también. Por ejemplo: "Cuando veamos a los amigos, vamos a decirles hola con la mano; a los abuelos les tiraremos un beso". Ensayar con él cómo lo haremos será de gran ayuda, sobre todo en los primeros momentos; también ver junto a él a qué jugaran con los amigos sin tocarse y manteniendo la distancia. De esta manera les será más sencillo comenzar a jugar con ellos. Ser modelo es el mejor aprendizaje. Si les contamos cómo lo haremos nosotros y nos ven, les será más sencillo. Los primeros días, es importante recordarlo de camino a la visita de los abuelos o al parque.

Tener algún gesto o sonido para avisar de las normas cuando no se cumplan ayuda mucho al niño al vivirlo como un juego y no como una regañina.

5. En este caso, muchos niños estarán muchos meses sin ir al colegio, sin tener horarios ni rutinas estrictas, ¿cómo debemos seguir trabajando la disciplina en casa?

Tan importante es mantener una rutina como saltársela de vez en cuando. Por ejemplo, mantener una rutina de lunes a viernes y sábados y domingos hacer excepciones que desahogan a niños y a mayores. Mantener una rutina ayuda a los niños a sentirse organizados y les tranquiliza. Si ellos pueden formar parte de la decisión de estas rutinas, por ejemplo que a las 18 h. eligen a qué jugar o los viernes eligen postre, les hace sentirse parte de la decisión y su compromiso aumenta. También tener un calendario cerca de ellos para consultar todos lo que toca les lleva a ver que es una norma y no una apetencia de mamá o papá, lo que provoca enfados y rabietas.

6. ¿Hay algún otro consejo que podamos aplicarnos?

Sí; la comprensión y empatía. Imagínate que estás en un mundo desconocido y que todo el mundo sabe, entiende y conoce lo que tiene que hacer excepto tú, ¿cómo te sentirías? Perdido, ¿verdad? Hagamos que los niños se sientan comprendidos, expresemos cómo nos sentimos, ayudémosles a identificar cómo se sienten y a normalizar que la situación es nueva para todos y que estando juntos y aprendiendo cada día la superaremos.

Y por último, el silencio. Los niños muchas veces necesitan que les abracemos y besemos y no tanto que les demos muchas explicaciones o recomendaciones desde la posición de adulto. Necesitan momentos en los que sentir que estamos ahí, escuchándoles.

 


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