Un Día Mundial del Agua tapado por otros ruidos

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Logo del Día Mundial del Agua. / worldwaterday2011.org

Entre la alarma y el peligro nuclear desatado en Japón y los bombardeos contra la Libia de Gadafi, el Día Mundial del Agua que se celebra el 22 de marzo pasa casi desapercibido. No debe ser así, especialmente porque en esta edición el objetivo de la conmemoración atañe colateralmente tanto a lo ocurrido tras el terremoto, el tsunami y los accidentes nucleares en territorio nipón como a lo que está pasando en el país más estigmatizado del norte de África.

“El objetivo del Día Mundial del Agua 2011 es centrar la atención internacional sobre el impacto del rápido crecimiento de la población urbana, la industrialización y la incertidumbre causada por el cambio climático, los conflictos y los desastres naturales sobre los sistemas urbanos de abastecimiento de agua”, se lee en la presentación en la red del acontecimiento. Más claro, eso: agua. Algo nos toca de eso en la Península Ibérica.

“El tema de este año, 'Agua para las ciudades: respondiendo al desafío urbano', tiene por objeto poner de relieve y alentar a los gobiernos, las organizaciones, comunidades y personas a participar activamente para responder al desafío de la gestión  del agua urbana”, añade la presentación. Y este reto último sí nos atañe directamente, pues la urbanización de la población española es casi total.

En ésas, andamos en España pendientes de ver cómo nos escapamos de una reprimenda seria de la Unión Europea por no tener terminados los nuevos planes de cuenca hidrológica que, como pide la Directiva Marco del Agua comunitaria (DMA en vigor desde diciembre del 2000) debían de estar acabados y publicados en diciembre de 2009 para que a partir de esa fecha se pudiera iniciar el calendario de aplicación. Estamos en fase de prórroga, que termina a finales de este mismo mes de marzo, antes de que la burocracia comunitaria sancione al Reino de España por no aplicar correctamente aquella directiva.

A pesar del cierto optimismo expresado recientemente por la directora general de Agua del MARM, Marta Morén, nada indica que vayan a estar listos en cuestión de días precisamente los planes de cuenca más conflictivos: Segura, Tajo, Guadiana y Júcar. Y al del Ebro solamente le falta el acuerdo sobre el caudal ecológico en el Delta. La salvedad la marca el de la cuenca Cantábrica que quizá sí pueda ser presentado antes del 1 de abril, creen en la Fundación Nueva Cultura del Agua (FNCA).

Son los nuevos planes de cuenca unos instrumentos que establecen cómo se va a gestionar el agua de acuerdo con los criterios de sostenibilidad y protección establecidos en la Directiva Marco comunitaria, que fue traspuesta en 2003 a la legislación española.

Llama la atención que haya sido el Tribunal Constitucional quien haya tenido que poner coto en fechas recientes a las pretensiones “taifistas” sobre las cuencas del Guadalquivir y del Duero por parte de los Gobiernos autonómicos de Andalucía y Castilla-León, apoyados ambos por sus leales oposiciones de signo contrario y concordante (PP y PSOE).

Y choca igualmente que se esté ya preparando una futura nueva guerra del agua para cuando el PP gobierne, a cuenta de la resurrección del Plan Hidrológico Nacional de José María Aznar, anulado por el primer Gobierno de Rodríguez Zapatero en 2004. Estrategia que, por cierto, ha provocado los primeros encontronazos en el interno del PP a cuenta del agua quién decide más en la nueva planificación.

Entretanto, la aplicación de la Directiva Marco del Agua sigue en el limbo mientras no se terminen todos los planes de cuenca. Tan tapada está por el ruido hídrico localista como queda el Día Mundial del Agua bajo el estruendo que llega de Libia y de Japón.

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