Día Mundial del Medio Ambiente: retroceso en la lucha contra el cambio climático

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Logotipos de Naciones Unidas para el Día Mundial del Medio Ambiente 2013. / unep.org

Decenas de miles de actos se desarrollan hoy en todo el mundo como celebración del Día Mundial del Medio Ambiente. El lema de este año es “Piensa. Aliméntate. Ahorra”, con el objetivo de extender la idea real de que en el mundo, cada día, se tiran a la basura 1,3 billones de toneladas de comida.

Tiene sentido la campaña en la época actual. Sobre todo si tenemos en cuenta la persistencia de las carencias alimentarias en buena parte del mundo en vías de desarrollo y el despilfarro que sigue produciéndose en el más desarrollado. Más notable este desperdicio ahora que la crisis sistémica hace notar las grandes dificultades alimenticias cotidianas que pasan muchos habitantes de países antes insertos en el primer mundo. Los del sur de Europa, sin ir más lejos.

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Pero los últimos datos publicados sobre la situación medioambiental real del planeta hacen aparecer esa razonable campaña casi como una cortina de humo que oculta el retroceso cierto en la lucha contra el cambio climático desde que, en diciembre pasado, la Cumbre de Doha certificó el fracaso, disfrazándolo vergonzantemente con una prórroga hasta 2020 de un ya vacío de contenido Protocolo de Kioto cuyo objetivo inicial era limitar el crecimiento de emisiones de gases de efecto invernadero (GEIs). Apenas cinco meses después, supimos que el viernes diez de mayo se alcanzó un record histórico de 400 partes por millón (ppm) de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera en la estación medidora de Mauna Loa (Hawai, EE UU). En la era preindustrial la concentración era de unas 280 ppm. En 2009, ya alcanzaba las 390. El tope alcanzado hace un mes corroboraba cuatro mediciones similares anteriores obtenidas en el Ártico en abril.

El CO2 es el principal de los GEIs, a los que se atribuyen los cambios climáticos presentes y futuros. Y la principal actividad que lo genera es la quema de combustibles fósiles, fundamentalmente carbón, gas natural y petróleo. Así se encargó de resaltarlo Pieter Tans, investigador de la Administración Nacional de Océanos y Atmósfera de Estados Unidos (NOAA, por su siglas en inglés): “El aumento no es una sorpresa para los científicos. La evidencia es concluyente de que el fuerte crecimiento de las emisiones globales de CO2 como consecuencia de quemar carbón, petróleo y gas natural está impulsando esta aceleración”.

La relación causa-efecto establecida por el científico estadounidense no por conocida ––y ya definitivamente establecida a pesar de los negacionistas del calentamiento global–– es óbice para que asistamos en los años más recientes a un claro empecinamiento lucrativo por explotar nuevos supuestos yacimientos de gas y petróleo, en detrimento de la potenciación de las energías renovables.

Estados y empresas energéticas a nivel mundial iniciaron ya la carrera por la explotación de los recursos del Ártico, aprovechando la disminución del hielo por el calentamiento producido por los GEIs, como viene siendo denunciado reiteradamente. Cosa parecida está ocurriendo con la obtención de gas de esquisto por fractura hidráulica, abreviada en fracking, cuya búsqueda está siendo lanzada ahora en España a pesar de la oposición popular a los graves daños ambientales que causa.

La búsqueda de la rentabilidad a corto plazo prima sobre el fomento de las energías renovables para evitar el aumento del calentamiento global y sus desastrosas consecuencias. El Día Mundial del Medio Ambiente no debería pasar sin que se insistiera, como se hizo en 2009, en la situación crítica a la que nos lleva la sobreexplotación de los combustibles fósiles mientras se deja de lado la potenciación sin cortapisas de las energías renovables.

Sin restar virtualidad a la campaña de este año, no está de más recordar la presentación del Día de 2012 , que decía: “Existe un claro vínculo entre la erradicación de la pobreza, el desarrollo sostenible y la mejor protección y restauración del medio ambiente. Un ecosistema saludable genera beneficios sociales, económicos y medio ambientales, y también es parte esencial de la lucha para mitigar los riesgos de desastres naturales y el cambio climático”.