VIDAL COY | Publicado: - Actualizado: 8/1/2017 23:08

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Imagen del Toro de la Vega en Tordesillas, Valladolid, el pasado martes. / R. García (Efe)

Seguro que somos unos cuantos los que nos habíamos prometido no volver a tratar determinados asuntos, asqueados por el empecinamiento de algunos en defender barbaries populares como la del Toro de la Vega. Este año, la finura de la que determinados colegas y medios han hecho uso para criticar o rechazar la violencia anual de Tordesillas me ha hecho cambiar de opinión. Aparte de las habituales patochadas estultas para defender lo indefendible, se dan casos en que, con maestría indudable, se censura convenientemente la sangrienta justa vallisoletana corriendo simultáneamente un tupido velo sobre otros espectáculos cuya razón de ser se basa en la condición sine qua non de la muerte violenta de una animal indefenso y acosado.

Destaca en este terreno un sesudo editorial que etiqueta lo de Tordesillas como “espectáculo indigno”, porque “convierte en diversión el sadismo y la crueldad”, concluyendo que aquí y ahora “solo cabe pedir la prohibición”. Propone, además, “abordar una acción política que prohíba estas expresiones de crueldad y sensibilice a los ciudadanos que aún consideran un derecho el ejercicio de la brutalidad”. Sin embargo, a estas alturas del calendario, cuando está punto de concluir la denominada temporada taurina, ni el medio cuya opinión refleja el editorial referido ni ningún otro de los diarios al uso ha osado hacer una crítica similar a la tortura de toros bravos habitual en los cosos de casi toda España. En ellos, se banderillea y se pica al astado a fin de que pierda la suficiente fuerza como para que el macho de traje enlucido ose ponerse delante de él y lo ultime con una espada.

De esto nada se dice. Todo lo contrario. En la inmensa mayoría de los medios españoles se glorifica, de febrero a octubre, la “fiesta nacional”, dedicándole páginas y páginas escritas por auténticos y respetados especialistas, con profusión de complementos gráficos. Y sin que haya referencias, salvo cuando es estrictamente necesario, a la pantomima, farsa, engaño y estafa en que se ha convertido esta otra barbarie continuada durante nueve meses al año, desde Valdemorillo en febrero hasta El Pilar en octubre. Basta una simple búsqueda en cualquier motor de Internet para corroborarlo.

Un interesante y aséptico despacho de Efe al respecto describía la barbarie de Tordesillas como “un rito medieval” antecedente de las corridas de toros. ¿Resultaría, entonces, que hemos evolucionado solo lo suficiente como para rechazar por bárbaro el origen del asunto pero no su manifestación más actual, es decir, las corridas, encierros, etc.? Más bien parece que, en un país con una amplísima lista de manifestaciones festivas de maltrato animal, se pretende ofrecer un toro expiatorio, el de la Vega, para garantizar la continuidad de ‘lo auténtico’: corridas y encierros que, por lo leído, deben ser considerados espectáculos dignos y respetuosos, sustentados en la tradición y reflejo de las esencias del alma española. ¡Olé!

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  • juanjo

    Yo subrayaría lo de farsa y engaño. (los toros un poco “apañaditos”, suelen pedirse en la mayor parte de las plazas) . Y añadiría el término “mafia”, que en estas entidades suele circular el dinero negro casi con mayor profusión que en los círculos del Rajoy

  • Enrique Gonzalez Duro

    En Cataluña se ha hecho al revés: se suspenden los toros – bien- y se mantienen los terribles “bous” -muy mal-.

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