Preparan un contencioso por inacción “temeraria” en la contaminación de Palomares

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Vista de la playa de Palomares en la que se produjo el accidente nuclear, en una imagen de archivo. / Carlos Barba (Efe)

El temporal de lluvias que ha afectado al sureste de la Península la semana pasada ha podido modificar la estructura de la radiactividad en Palomares, en la pedanía de Cuevas de Almanzora (Almería), y extender así la contaminación del subsuelo, denuncian desde Ecologistas en Acción. La organización, según ha adelantado a cuartopoder.es, prepara un contencioso contra el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) por delito ecológico y dejación de funciones desde hace 50 años en una inacción que considera “temeraria”.

Ecologistas en Acción lleva 25 años denunciando la situación de Palomares, pero las intensas lluvias que han afectado al lugar en los últimos días hacen más urgente la limpieza de la zona. “Estamos preparando un contencioso porque ya nos cansamos. El CSN tiene la obligación de protección radiológica de la población y del medio ambiente. En el caso de Palomares no lo está haciendo”, ha indicado Francisco Castejón, investigador del Laboratorio Nacional de Fusión del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT) y miembro de la organización ecologista.

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La organización pide que se descontaminte ya la zona y se acondicione y envase la tierra contaminada. Asimismo, consideran imprescindible medir de nuevo la contaminación del suelo fuera de las vallas por si ésta se hubiera extendido. “Casi con toda seguridad estas lluvias han tenido efecto y han podido cambiar la estructura del subsuelo”, ha señalado el físico nuclear.

Las amenazas son dos. En el subsuelo de Palomares hay plutonio y éste es muy dañino si se ingiere o se inhala porque tiene una permanencia en el organismo de diez años y puede generar cáncer. El riesgo de emisión externa es nulo, pero es preocupante que pueda extenderse a los cultivos o que los habitantes de la zona lo puedan inhalar. Por otra parte, con el paso del tiempo, el plutonio se desintengra dando un elemento que se llama americio y que sí es peligroso por su radiación externa. De esta manera, la situación solo empeora con los años.

En repetidas ocasiones, Ecologistas ha denunciado el secretismo oficial que impide conocer las afecciones de la población por el accidente de Palomares. “Las fichas médicas desde los 60 a los 80 se han perdido, nadie sabe donde están. Tenemos una Ley de Secretos Oficiales de la época del franquismo y no hay forma de conseguir averiguar cuáles han sido los efectos de la radiactividad en las personas”, ha denunciado Castejón.

50 años después del accidente

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El entonces ministro de Información, Manuel Fraga, durante el famoso baño tras el accidente nuclear en Palomares. / Efe

El pasado 17 de enero se cumplieron 50 años de la caída de varias bombas atómicas estadounidenses en Palomares por unas maniobras militares. El accidente supuso la mayor fuga por contaminación de plutonio hasta el desastre de Chernóbil, en 1986. De las cuatro bombas termonucleares que cayeron, dos se abrieron dejando escapar el contenido de plutonio y contaminando así la zona.

Se ha criticado ampliamente la dejación de funciones del Gobierno español en la protección de la población local y la despreocupación de Estados Unidos. Ambos Gobiernos hicieron una campaña para intentar demostrar la inexistencia de contaminación nuclear en la zona. El momento más recordado de esa campaña es el baño que se dieron en una playa de Palomares el ministro de Información y Turismo en aquel momento, Manuel Fraga, y el embajador estadounidense en España, Angier Biddle Duke.

A lo largo de los años, los ecologistas han presionado para que España exigiera responsabilidades a Estados Unidos. Por fin, en octubre de 2015, se llegó a un acuerdo escueto entre ambos gobiernos que estableció que el país americano se hiciera cargo de las tierras en un cementerio nuclear en Nevada y abrió la puerta a futuros planes detallados de descontaminación.

Sin embargo, Ecologistas en Acción, que celebró el acuerdo en su día, también reclamó que se hicieran públicos los detalles del documento de cuatro páginas y que se compensara a la población local por “los daños sufridos por la limitación del desarrollo de la zona y por la amenaza de salud”. La realidad es que el tiempo pasa, las amenazas meteorológicas se consuman y Palomares sigue contaminado.

(*) María F. Sánchez es periodista.

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