Cómo Salvini (Liga) arrastró a Di Maio (M5E): una relación desigual y necesaria

  • El Movimiento 5 Estrellas ha dado un ulterior giro a la derecha, arrastrado por su inmanejable aliado de gobierno.
  • Los pentaestrellados aún no han conseguido encontrar una válida respuesta comunicativa al dominio mediático y político de extrema derecha

El gran cataclismo del 4 marzo 2018 generado, por un lado, por la victoria aplastante del Movimiento 5 Estrellas (primer partido con más del 30% de las preferencias) y, por el otro, a causa del sorpasso de la Liga (17,4%) de Salvini en el área de centroderecha no fue nada más que el comienzo. Con el beneplácito del cavaliere, Silvio Berlusconi (cuyo partido, Forza Italia, obtuvo el 14% de las preferencias), se conformó el primer gobierno populista euroescéptico al interno de la UE. Después de 80 días de impasse institucional, Salvini y Di Maio (líder del M5E) consiguieron llegar a un acuerdo total, fundamentado en el “contrato de gobierno”, un acuerdo basado en una serie de medidas más o menos compartidas por las dos facciones.

Como ya es notorio, Salvini relevó a Marco Minniti del Viminale (sede del Ministerio de Interior). Por el otro lado, Di Maio se hizo con los ministerios de Trabajo y de Desarrollo Económico. Por encima de los dos estaría – según las jerarquías – el jurista y abogado Giuseppe Conte, actual premier del gobierno carioca. Sin embargo, la figura del primer ministro – siempre clave y que ha asumido, con el paso del tiempo, mucho más peso respecto al resto del gabinete – es hoy en día opacada por la ságoma del inquilino del Viminale. No es casualidad que, entre Salvini y Di Maio (los líderes más representativos del gobierno), sobresaliera política y mediáticamente el líder de la Liga. Esto se ha reflejado en las intenciones de voto: actualmente, la Liga es el primer partido en Italia (según la gran mayoría de los institutos demoscópicos) y destaca en la agenda mediática. ¿Cómo y por qué se ha invertido la relación de fuerza entre las dos formaciones del ejecutivo y, además, de manera tan repentina?

Desde el día del juramento (1 de junio de 2018) tanto la Liga como el Movimiento 5 Estrellas han seguido en sus respectivas líneas narrativas que les llevaron – entre los festejos de una gran parte de la población italiana – al Palazzo del Quirinale (sede del ejecutivo). Los dos partidos consiguieron un resultado sorprendente, muy por encima del valor atribuido en las últimas encuestas preelectorales. El Movimiento arrasó. Casi un votante sobre tres se decantó por los pentaestrellados, encabezando las preferencias en todas las regiones del sur de Italia. La Liga, por otro lado, consiguió el sorpasso a costa del histórico líder del centroderecha, Silvio Berlusconi. Salvini arrasó en el norte de Italia y consiguió la victoria de su coalición en casi todo el Settentrione.

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La profesionalización del 5 Estrellas y la suavización del discurso con Luigi Di Maio

El Movimiento 5 Estrellas, a diferencia de las elecciones de las últimas elecciones generales de 2013, se presentó como un partido ya institucionalizado, más moderado y, en particular, profesionalizado. Tachados tanto por los medios como por sus adversarios políticos de inexpertos y poco profesionales, los pentaestrellados se rodearon de técnicos con experiencia – proponiéndoles como miembros del futuro ejecutivo – y se abrieron al diálogo con las fuerzas políticas que querían compartir el programa del Movimiento. Este cambio permitió al M5E irrumpir en ese centro moderado, desilusionado por los partidos tradicionales, una parte importante de electorado que, al final, decidió confiar en el partido fundado por Beppe Grillo y Gianroberto Casaleggio. El mismo Luigi Di Maio, ya vicepresidente de la Cámara de los Diputados en la última legislatura, representaba – por su estilo comunicativo y por su rol institucional – lo que habría tenido que ser el Movimiento para dar el paso al frente, pasando de la oposición al Gobierno.

Di Maio es un hombre joven de la periferia del sur de Italia (nació en Pomigliano d’Arco, provincia de Nápoles), carece de estudios universitarios, tiene pocas experiencias laborales y es creyente. Con un discurso mucho más suave que el de Grillo (o de su alter ego al interno del partido, Alessandro Di Battista), no es únicamente la perfecta antropomorfización del cambio discursivo del Movimiento. Di Maio representa el votante a quien se dirige, que se identifica con él. No sólo por el discurso revanchista hacia la vieja clase dirigente o por el paquete de medidas que propone eliminar la pobreza y la precariedad, sino también por la trayectoria de vida y las cualidades del joven líder de Pomigliano d’Arco. Di Maio ya no representa el antipolítica; sino la política del hombre común, que llega no sólo en representación de una mayoría social, sino que él mismo – en términos narrativos – forma parte de ella. Mientras que el ministro del Trabajo desarrolla su comunicación a través de las redes y de los medios audiovisuales, la comunicación de partido pasa casi únicamente a través de las redes sociales. El enaltecimiento del “governo del cambiamento” (así definido por los mismos leguistas y pentaestrellados) ofrece un discurso esperanzador, a la vez que continua atacando al antiguo enemigo caído, el Partito Democratico. A pesar de que la imagen y el discurso del joven vice-premier no ha cambiado mucho en estos meses de gobierno, sí se ha percibido un cambio llamativo en lo que se refiere a la identidad y al posicionamiento ideológico del partido. El Movimiento 5 Estrellas ha dado un ulterior giro a la derecha, arrastrado por su inmanejable aliado de gobierno.

Salvini: narración y práctica política van de la mano para desgastar su aliado

la Liga y su líder máximo, Matteo Salvini, han gozado de un crecimiento exponencial de su consenso después de las históricas elecciones de 4 de marzo. En la larga fase de negociaciones entre los principales partidos, Salvini consiguió moderar temporalmente sus posturas sobre las alianzas a posteriori, elevándolo a líder político más responsable: mucho más que su aliado natural, Silvio Berlusconi, más que Maurizio Martina (secretario pro-tempore del PD) y más que el mismo Luigi Di Maio – quien, en los últimos días de negociaciones, y cuando se acercaba el espectro de la vuelta a las urnas, llegó a invocar el impeachment por el presidente de la República, Sergio Mattarella -.

Salvini, apelando a la responsabilidad política, consiguió cautivar las simpatías de una parte de electorado desilusionado y de los mismos electores pentaestrellados conservadores y más volcados hacia la derecha, que veían de buen ojo una alianza euroescéptica entre Liga y M5E. Entre el 4 de marzo y el 1 de junio (día del juramento del nuevo gobierno), el consenso de la Liga se había disparado, canibalizando sus aliados naturales del centroderecha y llegando a rozar el 30%, acercándose así al M5E. Además, Salvini superó – en los índices de satisfacción y confianza – al mismo Di Maio.

Las razones de este sorpasso se pueden identificar en el senso de responsabilidad transmitido por el líder leguista; por su continua relación sin intermediación a través de Facebook o Twitter con sus seguidores; por proponerse – al igual que Di Maio – como ulguien del pueblo. Sin embargo, Salvini va más allá: desvela la persona detrás del personaje, con sus debilidades (la imposibilidad de dejar el tabaco es un tema que recurre en sus conexiones con los seguidores), sus fortalezas, esperanzas y temores. Quien quiera que sea la verdadera persona detrás del personaje, el ministro del Interior consiguió establecer una relación de cercanía con el electorado.

Salvini aprovechó la coyuntura favorable – de contar con un alto consenso tanto hacia la Liga como su persona – para aplicar inmediatamente una de sus medidas estrella, por medio de decreto ejecutivo: el cierre de los puertos a las ONG que trabajan en el Mediterráneo. Poniendo a prueba desde un principio la solidez de la alianza, el Movimiento 5 Estrellas avaló la postura del aliado leguista.

En pleno verano – cuando el tema migratorio se discutió con mayor vigor -, la Liga consiguió arrastrar el Movimiento hacia posturas conservadoras y reaccionarias. Los pentaestrellados bendijeron silenciosamente las propuestas de Salvini y sus hombres. No sólo fue la inmigración: también el derecho a legítima defensa y la posibilidad de acceder a armas con mayor facilidad, o la anacronística abolición del derecho a abortar (caballo de batalla del senador leguista Pillon). Medidas y propuestas que dejaron indiferentes a los líderes pentaestrellados, culpables de un silencio de asentimiento.

Centrándonos únicamente en el aspecto narrativo del líder de la Liga, la práctica política y comunicativa han ido – y siguen yendo – de la mano. Por un lado, se busca cautivar el electorado más tradicionalista y conservador del Movimiento. Por el otro, Salvini busca – y consigue – crear fracturas internas en el partido pentaestrellado, fracturas provocadas por ese desliz hacia la derecha que dejan un segmento de electorado (progresista y de izquierda) del Movimiento huérfano de representación.

Los pentaestrellados aún no han conseguido encontrar una válida respuesta comunicativa al dominio mediático y político de la extrema derecha. El escenario de una vuelta a las urnas premiaría – según todas las encuestas – la Liga y el centroderecha, con Salvini líder de la coalición, sostenido por Berlusconi y Giorgia Meloni (secretaria del partido “nostálgico” Fratelli d’Italia). Considerando la imposibilidad de conformar otras mayorías parlamentarias, una ruptura de la alianza carioca significaría parálisis institucional, crisis política y elecciones anticipadas. Elecciones que relegarían el Movimiento, con casi toda seguridad, a la oposición por otros cinco años.

Un gobierno necesario para los dos socios

Es esta una de las principales claves de lectura para interpretar la relación de fuerza que interviene, hoy mismo, entre los verdes y los amarillos. Un Gobierno aparentemente sólido y que se sostiene por la conveniencia de ambas partes. La Liga no tiene ningún interés en volver a elecciones, considerando que ya ahora (aún siendo el socio minoritario en las bancadas parlamentarias) puede marcar – más que su partner – la agenda política y mediática. Por el otro lado, los pentaestrellados acabarían fuera de Palazzo Chigi. Y esto sería sólo el principio: el desgaste de capital político (producido por el peaje que se paga al gobernar), la fuerte tensión generada por la Liga – tirando el M5E hacia la derecha –, y la frustración por volver tan pronto en la oposición son elementos que, tras las disputas internas que se irían abriendo, debilitarían y dividirían el partido (entre conservadores y progresistas). Algo que, hasta ahora, nunca se ha verificado en la breve pero intensa historia del Movimiento 5 Estrellas.