La misteriosa desaparición de la derecha portuguesa

  • "Las encuestas auguran una derrota histórica de los conservadores lusos en las próximas elecciones nacionales"
  • "Pese a los rifirrafes preelectorales en la alianza de la izquierda, por lo general los socialistas, bloquistas y comunistas han evitado mancharse con peleas inútiles"

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LISBOA - En menos de un mes se celebrarán las elecciones nacionales en Portugal, y cuatro años después del inesperado ascenso del socialista António Costa –que gobierna en minoría desde 2015 apoyado en una inédita alianza parlamentaria de la izquierda lusa–, todo indica que el país vecino se mantendrá como un bastión del progresismo en el sur de Europa frente a la crisis de la derecha portuguesa.

La tímida recuperación económica y la estabilidad social consolidada a lo largo de los últimos cuatro años parecen haber convencido a los electores lusos y las últimas encuestas indican que el 6 de octubre las formaciones de la izquierda se llevarán el 60% de los votos. Por motivos técnicos, cabe la posibilidad que el gobernante Partido Socialista (PS) pueda gobernar con mayoría absoluta si obtiene el 43,6% de los votos augurado por las encuestas, pero incluso si no es así Costa podrá repetir mandato aliándose con el Bloque de Izquierda (BI) –el Podemos portugués–, que recibirá el 10% de los votos, o tal vez con los comunistas lusos, que se quedarán con un 6,6% del total.

A la vez que se acerca el triunfo de la izquierda, parece cada vez más inevitable la derrota histórica de la derecha lusa, compuesta por el conservador Partido Social Demócrata (PSD) y el democristiano Centro Democrático Social (CDS). Hace apenas cuatro años la coalición compuesta por ambas formaciones fue la más votada, pero en esta ocasión el PSD sólo convence al 20% del electorado, y menos del 5% de los portugueses apuestan por el CDS. Tal y como declaró el presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa, el pasado mes de junio, “la derecha portuguesa está en crisis”. ¿Qué ha pasado para que sus formaciones queden tan mal paradas ante el electorado en tan poco tiempo?

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Una derecha sin argumentos

Durante la última legislatura la derecha lusa es que se quedado sin su argumento principal en contra de la izquierda. Históricamente las formaciones conservadoras atacaban a los gobiernos de izquierdas en Portugal tachándoles de “irresponsables” en todo lo relacionado con el ámbito económico, y en 2011 el socialdemócrata Pedro Passos Coelho se hizo con el poder impugnando la gestión financiera del socialista José Sócrates, primer ministro cuando estalló la crisis económica. Según su argumentario, las costosas medidas sociales conducían el país a la ruina, y sólo la derecha era capaz de mantenerlo en el buen camino con su receta de rigor fiscal y austeridad.

Cuando Costa fue investido como primer ministro en 2015 los conservadores retomaron esta línea de ataque y denunciaron las políticas imprudentes del Gobierno que llegó prometiendo “pasar página a la austeridad”. La alianza de la izquierda se había comprometido a reponer los salarios de los funcionarios y restaurar las pensiones de los ancianos, reinstaurar varios festivos nacionales, reestablecer la semana laboral de 35 horas y cancelar la privatización de los transportes públicos de Lisboa y Oporto. Los políticos de la derecha aseguraron que no había fondos para llevar a cabo tanta medida progresista y también cumplir los compromisos suscritos con Bruselas y el FMI. “Este rumbo macroeconómico es irresponsable e irrealista”, clamó la conservadora Maria Luís Albuquerque, quien aseguró que se avecinaba un nuevo colapso económico del país vecino.

Con el paso del tiempo, sin embargo, fue evidente que las predicciones apocalípticas eran fallidas. Las medidas sociales prometidas fueron aprobadas, pero simultáneamente el Ejecutivo Costa se mantuvo centrado en la reducción del déficit, que cayó a límites históricos, y también liquidó la deuda pendiente con el FMI por el rescate de 2011. El esfuerzo ayudó ganar la confianza de la mayoría de las agencias de rating, quienes premiaron la responsabilidad fiscal del Gobierno con la elevación de la valoración de la deuda pública lusa, clave para atraer inversión extranjera. Bruselas citó al país vecino como un ejemplo a seguir, y el ministro de Finanzas de Costa, Mário Centeno, –figura que muchos en la derecha inicialmente tacharon de “radical”– terminó siendo elegido presidente del Eurogrupo en 2018.

El triunfo de Costa resultó doloroso para la derecha lusa porque no sólo desmontó el mito de la irresponsabilidad fiscal de la izquierda, sino también porque fue logrado manteniendo en vigor muchas de las prácticas de disciplina fiscal establecidas por Passos Coelho. Si bien los socialistas lusos promulgaron costosas medidas sociales al principio de la legislatura, sufragaron los costes de las mismas cortando el gasto público en el resto de los ámbitos durante los años siguientes: a la vez que se restauraron las pensiones, se congelaron los presupuestos destinados a la sanidad y la educación, por no hablar de las obras públicas. Al seguir una política de austeridad de facto y priorizar la reducción del déficit y el cumplimiento de los compromisos internacionales sobre todo lo demás, el Ejecutivo socialista desactivó a la derecha, que entró en shock al ver sus grandes rivales hacerse con la victoria siguiendo el camino que ellos habían trillado.

Guerras internas

La tímida recuperación de la economía no se ha sentido en todos los sectores y a día de hoy muchos portugueses sienten que siguen viviendo en la miseria. Un reciente estudio del Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Lisboa expone que el 53,5% de los lusos considera que la crisis económica de 2012 todavía no ha acabado, y citan los bajos salarios y el pésimo estado del Sistema Nacional de Salud como los principales problemas del país vecino. Dado que no podía atacar a la izquierda por irresponsabilidad fiscal, la derecha podría haber optado por un cambio de rumbo, y en vez aprovechado el descontento de la ciudadanía lusa para frenar al Gobierno. Sin embargo, una larga guerra civil dentro del PSD, y una crisis de principios en el CDS, han terminado por neutralizar a ambas formaciones.

Desde el momento en el que el ex alcalde de Oporto, Rui Rio, relevó a Passos Coelho al frente del PSD en 2018 batallas internas han minado el camino de los socialdemócratas lusos. El núcleo duro del partido no acepta a Rio –un norteño que no consigue dominar los círculos políticos de Lisboa– y duda de su compromiso con el conservadurismo. El líder socialdemócrata no descarta llegar a un acuerdo con Costa para formar una gran coalición, e incluso ha afirmado que él, personalmente, “no tiene nada de derechas”, declaración que dejó a muchos militantes del partido apopléticos.

En el CDS, la democristiana Assunção Cristas ha intentado suplantar el lugar de Rio y hacerse con el liderazgo de la derecha, pero en el proceso ha perdido a muchos votantes moderados. Si bien su partido fue el único en plantar cara a Costa por la polémica gestión gubernamental de los fuegos forestales incendios en Portugal, la moción de censura que presentó contra el primer ministro apenas sirvió para que muchos le acusaran que intentar rédito político de la tragedia. En los últimos meses también se ha visto superada por la radicalización de Juventud Popular, la organización juvenil de su partido, que se ha manifestado en bloque en contra de una medida gubernamental que permitiría a los alumnos transgénero utilizar el aseo del sexo con el que se identifican. Los eslóganes transfóbicos enunciados por los cachorros del CDS han generaron editoriales críticos en la prensa lusa, en la que se dice que el lado más intolerante de la formación ha quedado desenmascarado, y el asunto ha complicado la imagen de “Margaret Thatcher amable” que Cristas intenta transmitir.

Pese a los rifirrafes preelectorales entre los miembros de la alianza de la izquierda, por lo general los socialistas, bloquistas y comunistas han evitado mancharse con peleas inútiles públicas durante la legislatura, manteniendo una dignidad que ha acabado por eludir a la derecha. Si las encuestas son correctas, la imagen de responsabilidad de estado que Costa y sus aliados han conseguido transmitir se verá premiada en pocas semanas.

1 Comment
  1. VOTA IU EXTREMADURA says

    ¿Misteriosa desaparición? Pero si lo explican perfectamente. Han hecho lo que manda el bipartidismo de toda la vida. Los socialistas han asumido rápidamente el rol de la derecha recortando el gasto social (después de una primera corta etapa, que habría que ver con más detalle).
    Es siempre lo mismo. El establishment económico abre paso a los socialdemócratas (el equipo suplente) el tiempo necesario para que el equipo titular se regenere y la mayoría social traga pensando tener la vida resuelta. De hecho, recaen las protestas, lo que permite al ejecutivo socialista ir a veces más lejos que la propia derecha en los recortes, lo que, a su vez, refuerza la derecha en sus políticas cuando vuelve al poder.
    ¿Por qué, si no, estaría Sánchez pidiendo un modelo «a la portuguesa»?

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