Investidura: ¿Una cuestión de fe?

  • "A Pedro Sánchez no le va mal repetir elecciones incluso si no puede ser presidente porque siempre será el vencedor de los comicios al que no dejó la derecha"
  • "A Pablo Iglesias tampoco le va mal evitar que sus críticos internos y los externos que se fueron de casa tengan tiempo para construir una alternativa electoral"
  • "La izquierda está atrapada por los hiperliderazgos y sus asesores. Prima lo que teorizan Iván Redondo, el gurú de Pedro, y Gentili, el consejero de Pablo"

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Las cosas van mal porque, en lo que se refiere a la investidura, se han juntado el hambre y las ganas de comer. A Pedro Sánchez no le va mal en ningún caso repetir elecciones el 10-N, incluso si no puede ser presidente finalmente, porque siempre será el vencedor de los comicios al que no dejó la derecha, aliada con el neofascismo, que podrá volver a intentarlo cuanto antes si la situación se descompone. Y si le sale bien, podría librarse, a tenor de sus encuestas (no sólo las del CIS) de la dependencia de la abstención de los independentistas, incluida la de ERC, para ser presidente con los votos de un Podemos más debilitado y al que le habría robado un puñado de escaños, y los del PNV, lo que le permitiría jugar fuerte en el conjunto del Estado durante toda la legislatura.

 

Y a Pablo Iglesias, aunque baje en escaños, tampoco le va mal evitar que sus críticos internos y los externos que se fueron de casa (con Iñigo Errejón de Más Madrid y la andaluza Teresa Rodríguez, líder de los anticapitalistas a la cabeza) tengan tiempo para construir una alternativa electoral que dispute con él la herencia del 15-M e incluso del voto de IU y acabe con su control de un aparato que quiere convertir en un partido tradicional.

De hecho, en el PSOE se han hecho encuestas con la variable de que se presentase una opción de Errejón y críticos de Podemos y aseguran que conseguirían entre 10 y 12 escaños por lo menos. Quede constancia, no obstante, de que Errejón y quienes critican a Pablo consideran que el 10-N no es el momento de salir a la palestra y no se presentarán. Pretende ir poco a poco, aprovechando el desgaste de los líderes actuales, no sólo Sánchez, sino también Irene Montero, por quien el secretario general apuesta para que le sustituya.

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Lo malo es que esos intereses partidistas –personales casi- pueden condenar a la mayoría social de los españoles a ser gobernados por una derecha intolerante cada vez más parecida a la neoliberal que sostiene a Donald Trump y a tantos y tantos de sus ahijados europeos y latinoamericanos dispuestos a destruir las bases de la democracia continuando la obra de la destrucción del Estado de Bienestar y de los ideales de justicia basados en la libertad, la igualdad y la fraternidad humana. Y ahí están, fuera y dentro de casa, los ejemplos de Gran Bretaña, Rusia, Polonia o Brasil o de las comunidades autónomas y ayuntamientos gobernados por el PP y Ciudadanos con el jorobado apoyo de Vox.

Justo antes de empezar la investidura del 22 de julio escribí en cuartopoder.es sobre la importancia que tenía la decisión de Pedro Sánchez de incluir miembros de Unidas Podemos en un Gobierno de Coalición. Su valor era evidente porque ese Ejecutivo ponía de los nervios a todos los poderes fácticos occidentales, en especial a los europeos (esos “señores” mercados de los que decía irónicamente Felipe González -cuando no trabajaba directamente para ellos- que nunca se los había presentado) que dictan lo que debemos o no hacer desde la UE y singularmente los españoles, más conocidos como los del IBEX 35. Bastaba un ejemplo.

Sólo había que imaginarse a Trump en el Despacho Oval recibiendo la información de que el Consejo de Ministros español había estado discutiendo los planes secretos de la OTAN y que estaban presentes una vicepresidenta y tres ministros de esos radicales de izquierdas que para él son simplemente eso, comunistas.

También entonces podía pensarse –como ahora- que Sánchez había hecho la oferta decidido a convertirla en humo de pajas y que no la expusiera en el debate de investidura. Pero dio el paso. Y en la primera réplica a Unidas Podemos, el primer día de debate, lo dejó claro.

Sustituyendo poderes fácticos por analistas y tertulianos para hacer digerible el mensaje, el candidato dijo desde la tribuna: “Va a haber gente que nos lo va a poner muy difícil. Por ejemplo, aquellos analistas que estuvieron en la Plaza de Colón reivindicando el entendimiento del PP y CS con la ultraderecha, hoy, en muchas tertulias, se rasgan las vestiduras defendiendo los derechos del señor Iglesias y Unidas Podemos. Pero esa gente es la que a mí me reprocharía, en caso de llegar a un acuerdo con ustedes, el que miembros de UP estuvieran en el Gobierno. Y sabe lo que le digo, señor Iglesias: que yo estoy dispuesto a correr ese riesgo”.

Con esa oferta en tribuna parlamentaria, se había cumplido el objetivo central de Podemos, una propuesta de Pablo Gentili, el nuevo asesor de Iglesias, tras elaborarla en su despacho del Congreso de los Diputados. Gentili, un analista por el que había apostado su amigo Juan Carlos Monedero por su preparación tras haber sido asesor político de Lula da Silva y Dilma Rousseff durante 25 años, lo confesó en un reportaje de El Mundo 20 días antes del debate de investidura, refiriéndose a la línea que iba a fijar Iglesias: “La base es que estemos en el Consejo de Ministros”.

Sin embargo, sorprendentemente, Iglesias rechazó la oferta de una vicepresidencia y tres ministerios, al parecer porque le parecía poco y estaba convencido de que conseguido lo importante, arrancaría algo más a Sánchez en la segunda vuelta de septiembre. Grave error. Esa decisión, sumada a la amenaza que le hizo a Sánchez de que nunca sería presidente de Gobierno sin su apoyo, dio pie a Sánchez a dar marcha atrás y volver a la primera y sencilla oferta de acuerdo programático, sin ministros ni cargos de Unidas Podemos. Fue el tan español “cuando quise no quisiste y ahora que quieres, no quiero”.

De ahí al duelo entre Don Juan Tenorio y don Luis Mejía en la porfía por Sor Inés, solo fue cuestión de darse caña durante todo agosto hasta quedarse en el famoso “la habéis dejado imposible para vos y para mí”. De manera que sólo una superación del ego político podía –y puede- salvar la situación de aquí el jueves para evitar la repetición electoral. Pero sospecho que no hay nada que hacer porque la deriva ha ido en ambos bandos hacia una cuestión de fe.

Cuando se reunió la última Ejecutiva socialista y algunos pidieron discutir la necesidad de resolver el problema pactando para evitar el 10-N (me dicen que incluso Cristina Narbona, la presidenta del partido planteó que se discutiera), la respuesta de Sánchez fue “confiad en mí”. Solo eso. Un acto de fe.

Luego, razonablemente, la gota fría ha librado a Sánchez de pedir otro acto de fe al Consejo Territorial que se reunía el sábado en La Rioja y donde algunos barones iban a pedirle que reflexionase sobre su dureza porque la repetición de elecciones puede irles muy mal en sus territorios y envalentonar a la derecha. Amén de que pueda perder la presidencia del Ejecutivo, lo que les afectaría directamente tanto en la financiación autonómica como en otros frentes. Como el catalán, donde Iceta quiere que haya elecciones autonómicas adelantadas para echar a Torra y dejar tocado a Carles Puigdemont, coincidiendo con ERC, que serían imposibles en otoño si hay generales.

Lo peor es que esos actos de fe también los pide Iglesias en Podemos, a cuya cúpula reunió en casa del citado Gentili hace unos días (sin IU, ni los Comunes, ni las confluencias) y vino a pedirles lo mismo, que confiaran en él.

Es decir, que la izquierda está atrapada por los hiperliderazgos y sus asesores. Porque lo cierto es que los debates internos brillan por su ausencia. Prima lo que teorizan Iván Redondo, el gurú de Pedro, y Gentili, el consejero de Pablo (sirva decir, en justicia, que hay una diferencia: el monclovita viene de asesorar a dirigentes del PP y el argentino de jugarse la vida durante años en defensa de dos símbolos de la izquierda hispanoamericana, que no es lo mismo). Pero en fin, ellos diseñan, los jefes deciden y las direcciones, los cuadros y los militantes –no digamos los votantes- a esperar si lo que cae del cielo son piedras o lluvia fina.

Lo dicho. Todo apunta a repetición electoral el 10-N. Y a la gente sólo les queda variar la canción de John Lennon y entonar su “dadle una oportunidad al pacto”. ¡Qué vergüenza!

4 Comments
  1. florentino del Amo Antolin says

    El señor Raimundo nos quiere mezclar en el relato de: » La fé, los egos, e hiperliderazgos » de estos representantes y delegados políticos del voto emitido. Existimos, ateos, agnósticos, incrédulos, infieles y demás confesiones. Claro, también existen: Creyentes, meapilas, devotos, amor filial, y la fé ciega; que para esta cuestión es la peor. Una fé ciega, que no respeta los resultados obtenidos, (no tan buenos para los que pretendían liquidar al enemigo marcado con la «cruz de la cal viva»). Pedro sánchez tiene el tutor subvencionado de serie y casi duerme con él. El Iván Redondo, ¿ a quienes obedece ?; sánchez dijo que había «otros poderes» que no le dejaban pactar con Unidas Podemos… ¿ Son estos desconocidos blak los que deben de hablar con el Borbón ?. Raimundo, se le olvida lo que piden los militantes con fé: ¡¡ Con Rivera, no !!. El PsoE ha devaluado el voto, casi parece un voto rogado (que también fué ocurrencia de los mismos socialistas); por lo menos en el caso del PsoE.
    En Andalucía alguien les falló, aquellos que apostaron por Ciutadans, ahora con el «trifachito» de la listeria; están montando el ensayo puro y duro de un partitocrático neoliberalismo facha a pelo.
    Señor Raimundo, de vez en cuando debemos afeitarnos, pués al mirarnos al espejo vemos la cara que tenemos, pudiendo apreciar que esa cara es: ¡ el espejo del alma !, que hablando de fé y del PsoE… es una cosa tan rara desde el año 78 (año en que me fuí) de tal engranaje electoral; pagar cuotas, pegar carteles… Y Comprar a C´S el 80 % del ideario y seguir diciendo: Somos socialistas, somos la izquierda… Haz que pase.
    ¡ No son creíbles los que manejan la marioneta, ni la marioneta… Ni los cuentos de la lechera, de una fé destructora de derechos, libertades, dignidad y realidades… Por encargo de mister XXXXXL en la sombra de la cloaca estatal !.
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    PD Hay que afeitarse,mejor todos los días Raimundo Castro.

    1. Paco Cherp says

      Un análísis partidista no es ningún «análisis».

      Iglesias piensa asumir alguna vez su responsabilidad en los errores estratégicos del partido o va a seguir escudándose siempre detrás de «los inscritos»? (como si no supiésemos todos que los inscritos son un rebaño que SIEMPRE hace y dice lo que manda el Amado Líder)

  2. richi says

    No se que relato alucibnado nos cuentas, ni que fin tiene, pero no cuela. Es mas facil, el PxxE no puede dar poder a UP, no quiso en 2016 ni quiiere ahora, porque, antes de ser progresista, es un partido del regimen. La supuesta propuesta que no sabes como no acepto UP eran sillones sin competencias, una miseria para tratar de comprar a UP. Aqui , al ibex le da realmente da igual si gobierna derecha o izquierda, lo que le interesa es eliminar a UP, y volver al turnismo.
    De aqui tanto relato alucinado para tapar lo evidente: un candidato que no logro representacion suficiente y que se niega a coaligarse con el partido a su izquierda, a menos que sea en unas condiciones desorbitadamente desiguales. O que le apoyen gratis o por unas migajas.

    1. Paco Cherp says

      Para que un razonamiento sea válido las premisas tienen que ser verdaderas.

      «UP» no es ningún problema para alcanzar algún tipo de acuerdo de gobierno. El problema es Podemos, e Iglesias, no «UP». Así que el problema no lo tiene el PSOE, lo tiene UP con Podemos, porque mientras se mantenga la falacia de que Podemos «lidera» un supuesto «bloque del cambio» no van a tocar poder. La izquierda a la izquierda del PSOE (hablo a nivel estatal) ha de liberarse de ese supuesto «liderazgo» inoperante y tóxico si quiere servir de algo más que de herramienta de la derecha.

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