Del ferrocarril y el despilfarro

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Estación de Algodor (Toledo) / E.H.

Por razones biográficas,  estéticas y prácticas soy proclive a viajar en tren; en realidad, soy fanática del tren, me encanta, he viajado horas interminables en tren, durmiendo en coche cama con ducha, cuando mi bolsillo lo permitía, incluso llevándome conmigo el coche, en su vagón correspondiente, para tomarlo a la llegada y seguir conduciendo. He dormido en litera, compartiendo espacio con gente dudosa y con gente encantadora. He soportado humos de cigarrillo y griterío infantil, aromas de mandarina y arrumacos de tortolitos. Pero, sobre todo, desde la ventanilla, he contemplado paisajes que parecían dispuestos ahí fuera para que yo –precisamente- los mirara. Aquellas ventanillas que se podían abrir para dejar que el viento te soplara en la cara, ésas en las que se advertía de lo peligroso que era asomarse, en varios idiomas. Las que, en las películas antiguas, siempre provocaban que le entrara carbonilla en un ojo a la heroína, a quien ayudaba gentilmente el chico. En fin.

Confieso que no recibí como buena la noticia de que iban a sustituir el Regional Express de Madrid-Toledo por el AVE (que resulta que no es AVE sino AVANT), porque me encantaba ese tren de asientos mullidos tapizados en azul, estaba fascinada por la estación de parada segura, Algodor, antaño tan importante a juzgar por su tamaño y los cruces de vías que coincidían allí. En Algodor, había un perrillo negro, cojitranco, que parecía el dueño del sitio, mandaba más que su amo, seguramente el jefe de estación. Lo encontré siempre que lo buscaba. Le he echado de menos. También había una escuela, de las antiguas. Ese tren tardaba 55 minutos en hacer el trayecto, el tiempo justo para repasar las lecciones del método Essential English, donde Mr Priestley impartía sus clases a varios estudiantes extranjeros, incluido uno español, Pedro, rico y guapo; un soltero de oro.

Cuando implantaron el AVE tuve que sustituir el tren por el medio más detestable que existe, el autobús, ya que no había forma humana de conseguir billete. Por lo menos, es de suponer que ese trayecto sea rentable. Ahora sabemos que no ha pasado igual con el tren de alta velocidad en que se empeñó José Bono, que iba a Albacete y a Cuenca. La inversión millonaria ha resultado un lujo absurdo: para cuatro y siete pasajeros, respectivamente, o al revés, ¿qué más da? La montaña parió un ratón. Y todos nosotros lo pagamos con nuestros impuestos.

A José Blanco, ministro de Fomento, le parece que el tren de alta velocidad que va de Orense a Santiago de Compostela es una prioridad inaplazable y piensa ponerlo en marcha en diciembre próximo, con permiso de unas posibles elecciones generales anticipadas en las que, ay, puede que pierda su sillón ministerial. Ya han visto cómo se ha tomado de mal que las autoridades de Lisboa hayan decidido que no pueden permitirse realizar la línea Lisboa-Madrid en AVE porque los problemas económicos no se lo permiten. Aquí sí podemos, ¿será por dinero?

Algún responsable catalán ha osado sugerir que se deje para más tarde el AVE extremeño, con cierto escándalo que se ha montado; el de Santander espera asimismo su turno y hay trazado el plan de construcción del de Huesca-Zaragoza. La pregunta es: ¿se ha estudiado su viabilidad, rendimiento posible, demanda de pasajeros, rentabilidad, etc? Hay montones de planificadores en paro que estarían encantados en redactar un informe al respecto.

Pero el despropósito despilfarrador no se queda ahí. Hay que recordar el fastuoso aeropuerto de Ciudad Real, un espacio fantasma como las ciudades abandonadas del Oeste, con arbustos secos, desenraizados, rodando por sus desoladas estancias, empujados por un viento cálido, y un tenso silencio a la espera de que lleguen los matones pistola en ristre, tiros al aire, etc. Pero, no. No llega nadie. ¿A quién demonios se le va a ocurrir ir a Ciudad Real a tomar un avión? ¿Para ir a dónde?

Más: al aeropuerto de Gerona, del que los responsables de la Generalitat estaban tan orgullosos, le empezaron a salir mal las cuentas cuando el Prat barcelonés se puso a reducir precios hasta el punto de que ha tenido que sucumbir a las baladronadas del dueño de Ryan Air –prácticamente, chantajes- y subvencionarle y perdonarle la deuda millonaria que tenía contraída con ese aeropuerto, para poder subsistir. Pero, ¿por qué demonios tiene que subsistir un negocio ruinoso? El Estado debe garantizar ciertos servicios a los ciudadanos aunque no sean un negocio redondo, sí, pero no a costa de la ruina paulatina del país.

Y más, el aeropuerto de Lérida: otra decisión política, de carácter electoralista, que añadir a la lista. ¿A quién beneficia? Porque lo que sí sabemos es a quién ha costado el dinero. Los paganos de siempre. Nada más empezar el año 2011, el aeropuerto leridano empezó a perder rutas y a mostrarse poco rentable. ¿Hacía falta un aeropuerto en Lérida? O el de Huesca, el de Castellón, con la estatua del sátrapa que lo mandó construir, un tal Carlos Fabra, que está bajo sospecha de corrupción. O el antiguo aeropuerto militar de León, reconvertido en aeropuerto comercial, más vacío que un colegio a medianoche.

Me encanta el tren, me parece el medio de transporte ideal en un territorio como el español, pero ¿es necesario que cada rincón patrio tenga su AVE con los costes que ello supone? ¿No se podrían haber respetado las líneas normales que iban bien, que funcionaban y se ocupaban adecuadamente? Parece que en España estamos siempre pagando errores de los que ningún responsable responde. Viene de antiguo y es cansino, pero habrá que seguir protestando, como cuando la gente era capaz de asociarse animosamente en pro de una causa que creían justa, aquella movilización en favor del ferrocarril y de los tramos que el gobierno de Felipe iba eliminando por falta de rentabilidad. ¡Qué tiempos!


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10 Comments
  1. miguel.V. says

    Un saludo y foto para Tí de un tren de vapor en la línea Santander-Mediterraneo
    http://www.santander-mediterraneo.net/htmlgaleria/lin-norteburgos.html

  2. fermet says

    De acuerdo total contigo Elvira y tan entusiasta del ferrocarril sostenible como tú. Pero sobre todo me ha emocionado el recuerdo del perrillo de Algodor en los tiempos de nuestro Instituto Lorenzana en Toledo

  3. isabel---almansa says

    nos sobran Aves y nos faltan trenes de los normales, en Almansa pararian por lo menos 4 Aves diarios (socialistas el ayuntamiento) de momento solo dos trenes diarios a Madrid, y que no los suspendan. solo han gastado dinero,sin pensar en el sufrido contr¡buyente, el que les vota y el que les sufre.

  4. FRANCISCO PLAZA PIERI says

    Menester sería medir precisamente antes de emprender obras de tamaña envergadura.
    Pero, al parecer, esto de la política exige lo razonable y, hasta lo irracional.
    Me explicaré: hace unos años los dirigentes de una Comunidad norteña pedía ¿exigía?, al Gobierno Central, la construcción del AVE en su región, ya que se consideraban marginados respecto a otras zonas…, y, al parecer lo consiguió.
    Quizá en ese caso se trate de algo medido y acertado, ¡ojalá!. Pero a la vista está que no se miden bien del todo las necesidades reales.

  5. Inteligibilidad says

    Una locura eliminar los trenes de media y larga distancia que funcionaban bien y substituirlos por otros cuyo billete cuesta el doble o más (lo hacen todo pensando en la gente corriente ¿eh?). E igual de estulto es dedicarse a gastar millones de euros en trayectos que ya existen (implantar AVE donde ya existen otros trenes) y seguir dejando aislados en el tercermundo del transporte a grandes zonas de la península (¿para cuando una conexión Andalucía-Levante?). El tren es una maravilla y algo de lo más práctico, requiere miles de millones de inversión. Pero no en las líneas que utilizarán dos empresarios y tres rentistas, sino en lo que favorezca la movilidad de todos, empezando por las Cercanías…

  6. Patronio says

    Vale, Elvira, seguiremos limitándonos a dotar de buenas infraestructuras a las regiones con más habitantes, a las más pudientes, a aquellas que por disponer ya y desde antiguo de excelentes comunicaciones son las que atraen a los inversores, a los empresarios, a los turistas … y a los demás que nos sigan dando por … los siglos de los siglos, para que las diferencias sean cada vez mayores. Muy bueno lo tuyo, muy progresista tu pensamiento.

  7. Jonatan says

    Lo cortés no quita lo valiente, y si la alta velocidad es buena habrá que aplicarla donde sea adecuado, pero cargarse los otros trenes, que no eran viejos ni mucho menos, tampoco, oiga.

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