Indignados

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Pascual García

Estaba de paso por allí y tenía tiempo, así que me di una vuelta por los alrededores de aquel motel del extrarradio, de la periferia. Mientras subía la cuesta -cuesta arriba, muy cuesta arriba- un aire denso y acogedor se me colaba por todas partes: por debajo de la camiseta, por los bolsillos del vaquero, por las orejas, por las alpargatas, y entre los dedos de los pies. Las cosas, las casas, los árboles y hasta los gatos parecían razonablemente felices. Paré a refrescarme en una fuente verde rematada con la cabeza de un león que tenía incrustado un botón plateado en medio de la frente. “¡Aahhh, que rica!”. Una muchacha, que me recordó inmediatamente a María Iribarne, el misterioso personaje de  Sábato en El túnel, me agarró de la mano y me arrastró loma arriba. Era menuda y tenía unos dientes muy bellos y una sonrisa acogedora, pero turbia. Le ofrecí un canuto y ella aceptó. Paramos a encenderlo y seguimos quietos un rato, fumando, echando humo, mirándonos, riendo.

-Vamos, ya queda poco, -me dijo.

-¿Que hay al otro lado de la colina?

-Ven, te lo enseñaré.

Ante mis ojos se desparramaba un espacio inmenso, rectangular, una enorme plaza, la más grande que haya visto. La vegetación le iba ganando la partida a la arquitectura. Me vino a la cabeza la imagen del campamento del coronel Kurtz, río arriba, en el corazón de la selva camboyana.

-¿Y quién es toda esa gente? –pregunté a la muchacha.

-Son los indignados. Llevan años ahí, reclamando Justicia, pero nadie les hace ni puto caso. Sin embargo, ellos insisten, y como son pacíficos, no han podido echarles: no sería estético… Vengo todos los días a ver un rato a mi padre. Yo tenía cuatro años cuando él se dio cuenta de que estaba harto de tanta mierda y se unió a ellos... Todavía hoy se les sigue sumando gente.

-¿Qué edad tienes ahora?

-Veinte...

-¿Y qué son esas ruinas del fondo?

-Antes esto era el centro de la ciudad, pero como ellos no se iban decidieron que lo más rentable era abandonarlo todo y llevarse el centro de la ciudad a otro sitio… ¿Bajas conmigo?

-No, gracias. Prefiero quedarme aquí.

No la vi más.

5 Comments
  1. antordonez says

    triste final para una historia que pometía

  2. inteligibilidad says

    Bueno, por lo menos acabaron con la especulación en el centro de la ciudad 🙂

  3. isabel says

    no era un canuto lo que se fumaron

  4. gutierrez says

    buen relato, ha conseguido indignarme….veinte años?,…..no les hacen ni puto caso?,…..se sigue sumando gente?…..es un relato, es un relato, es un relato, es un relato, es un relato, es un relato, es un relato, es un relato………………

  5. lopez says

    jajajaja….por encima del cadaver de doña esperanza. El centro es el centro.

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