Una de Almodóvar

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Pascual García

-Recuerdo que era una noche desapacible y que alguien deambulaba por el callejón como gato empalmado y con una pistola en la mano… Eso es lo que recuerdo.

-¿Y usted qué hizo?

-Yo no hice nada. Solo contener la respiración… Estaba allí, en medio de la basura, y allí permanecí silencioso y mal ventilado.

-¿Y cómo vio lo que ocurrió en la escena del crimen si estaba metido en un cubo de basura?

-No era un cubo, era un contenedor, y resulta que el maldito contenedor tenía un agujero del tamaño de una sandía a la altura de mis ojos. ¿Cuántas veces voy a tener que repetirlo?

-Lo repetirá las veces que me salga de las pelotas a mí. ¿Estamos?

-(…)

-¿ESTAMOS?

-Estamos.

-Muy bien. ¿Y qué es lo que vio?

-No sé si debo decirlo.

-Hable de una vez…

-Vi como tu padre se la chupaba a aquel maldito pervertido.

-¿Mi padre? ¿Y cómo sabe que era mi padre?

-Porque yo soy tu madre, Bartolomiu.

-¡Pero si usted es un hombre…!

-Me operé hace un par de años… Siempre le decía a tu padre: ‘Tenemos que llamar al bueno de Bartolomiu para contárselo todo. Tenemos que llamarle’, pero nunca lo hicimos… Tú tampoco llamaste nunca...

-¡Mamá¡

-Llámame Rubén, Bartolomiu… Llámame Rubén… Por cierto, ¿qué hacías tú a esas horas en un callejón con una pistola en la mano? ¿Eh? ¿Qué hacías?

-Buscaba a mi hombre…

-¿Pero si tú eres agente de policía, Bartolomiu?

-Ya lo sé, mama, digo Rubén; ya lo sé.

-¿Y por qué disparaste contra tu padre?

-Porque el que estaba de pie, ese maldito pervertido al que se la estaba mamando papá, era mi chulo, mama… digo Rubén…

-Joder, ¡qué familia!

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