Gómez en la RAE

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El actor José Luis Gómez, el pasado día 1, en el Teatro Abadía, de Madrid, tras conocer la noticia de su elección como miembro de la RAE. / Mondelo (Efe)

La Real Academia Española ha tenido el acierto de elegir a José Luis Gómez para ocupar el sillón Z que dejó desierto Francisco Ayala, tras su ocurrencia de morir a los 102 años, hace dos noviembres. Y el dramaturgo, genuinamente contento, ha prometido defender el español oral, la lengua en acción, dice él, en los escenarios españoles. Para los que, como he confesado aquí mismo, nos sentimos perezosos de acudir al teatro, es una buena noticia.

Porque mi pereza se debe precisamente a lo que Gómez ha denunciado muchas veces, a la falta de brillo en la dicción de los textos sobre la palestra. Lo ha dicho en ABC: «Yo creo que una defensa de la oralidad, un alegato en favor de la lengua en acción en los escenarios españoles. Hay que tener en cuenta que a nuestra lengua, el español, y al teatro de la sociedad española no siempre se les otorga la categoría que realmente tienen. Es mucho más fácil que se interesen por una obra en polaco, en checo y, por supuesto, en inglés o en francés en los escenarios internacionales que en español. Atención. Y hay otro asunto. La extraordinario extensión demográfica del español no trae consigo necesariamente un alto prestigio como lengua de cultura. Tenemos que luchar por eso».

Ahí, ahí duele. Algún académico ha habido que le niega su derecho a sentarse en la RAE porque JLG no tiene obra escrita, como si tal condición figurara –que no- en los estatutos. La Academia, sin embargo, se enriquecerá con la aportación de lengua viva y culta de este dramaturgo al que se le da mal tirarse el pegote y andar presumiendo por ahí de sus logros y su equipaje intelectual.

JLG lleva años trabajando con ganas y en silencio desde su Teatro Abadía, inaugurado en 1995, pero mucho antes, cuando era responsable del Centro Dramático Nacional, y del Teatro Español, y en teatros privados. Su gran momento mediático fue el cine, claro, cuando el Pascual le ganó la Palma de Oro, en Cannes, al Taxi Driver. Eso le enganchó también a las películas y no ha dejado de hacer cine.

Bilingüe de alemán y español –dos lenguas protagonistas en la realidad que padecemos- a JLG se le notan su sólida formación, su espíritu de aprendizaje, del que no le apean los años, su incansable afán de perfeccionar y trabajar con total honradez. Un mirlo blanco en la senda cultural española.

La primera vez que le vi en un escenario fue con el Gaspar de Peter Handke, hace la tira, y después, La irresistible ascensión de Arturo Ui, de Brecht. En aquellos años, Gómez resultaba adictivo. Para cuando ganó aquel premio de la Palma –dejando a Robert de Niro en la estacada- ya había recorrido muchos escenarios con obras de Brecht, Handke, Kafka, abundando en la expresión alemana ya que en aquel país estudió y se formó como actor, aquel al que su padre enviaba para hacerse hostelero, como le divierte repetir.

Me regocija esta elección académica porque tengo la impresión de que me beneficia que JLG esté ahí dando el callo. Como me alegra el Premio Cervantes de Nicanor Parra, que indirectamente, premia también el empeño tozudo de Ignacio Echevarría en la edición de sus Obras Completas; como asimismo, me ha alegrado que reconozcan a José Luis Sampedro con el Nacional de las Letras. Si ahora nos tocara la lotería de Navidad…

2 Comments
  1. Mara9 says

    Se me contagia tu regocijo, querida e insustituible Elvira

  2. vox says

    Recuerdo a JLG en un extraordinario papel junto a Nuria Espert en una de sus vueltas por España.
    Tiene razón cuando dice que la extension demográfica del español,no otorga prestigio por si sólo.Es la cultura del pueblo,la enseñanza,la educacion el que dá estas cosas.Esperemos que triunfe en este empeño uniendo a todos y sin discriminar a ninguno

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