Picasso en los infiernos

Pablo Picasso. / pablopicasso.org

El lunes 27 de febrero, la prestigiosa empresa francesa Artprice dio a conocer en París el informe anual que desde hace años elabora sobre el ranking mundial de los artistas que más cotizan en el mercado del arte, una especie de Top 10 que hace las veces de Guia Michelin de la pintura, única modalidad artística donde las cotizaciones alcanzan cifras astronómicas. La semana anterior, su presidente-fundador, Thierry Ehrmann, adelantó parte del informe estableciendo ese ranking correspondiente al año 2011: “China” dijo “ha conseguido el liderazgo mundial respecto a la compra de obras de arte desde el año 2010. Y este año 2011 ha hecho que dos de sus artistas ocupen los dos primeros lugares en la clasificación mundial”. Luego dio a conocer los nombres de esos artistas chinos que habían desbancado a Pablo Picasso como número uno de esa lista durante los últimos catorce años, éste había desplazado a Claude Monet en 1997: se trataba de Zhang Daqian, un pintor chino de paisajes que ha atravesado prácticamente el siglo pasado, murió en 1983, y de Qi Baishi, otro pintor contemporáneo del anterior que se distingue por el trazo de sus dibujos y las composiciones pictóricas, que le acercan a los clásicos del XVIII en la delicadeza de sus rasgos.

En tercer lugar se dio a conocer el nombre de Andy Warhol, algo que sorprendió a algunos pero no a la mayoría de los asistentes a la rueda de prensa porque arguyeron que se cumplían los 25 años de la muerte del pintor norteamericano  y que el aniversario había tirado de su cotización. La noticia estaba, sin embargo, en que Picasso, en fin, el maestro indiscutible del siglo XX, había quedado arrinconado a un discreto cuarto lugar, y esta nueva dio la vuelta al mundo, sobre todo al europeo, como una metáfora de los tiempos que corren. China alzada a la categoría de número uno, mientras luego le sigue Estados Unidos y después, Europa, considerando que Picasso es antes que nada europeo y no sólo español. En fin, un correlato exacto de la situación de la economía mundial en los próximos meses.

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Imagen de archivo del pintor chino Zhang Daqian, fallecido en 1983. / artknowledgenews.com

Primero la inquietud, luego las explicaciones que ayudan a paliar la alarma primeriza con explicaciones obvias. Fabrice Bousteau, que es director de la revista Beaux Arts,  explicó la cosa en términos políticos, económicos y hasta psicológicos: “Hasta un periodo relativamente reciente no había oficialmente coleccionistas, porque la propiedad privada estaba prohibida por el régimen comunista. Eso ha hecho que cuando han aparecido los coleccionistas privados lo hayan hecho de esta manera tan espectacular. A esto se añade una voluntad nacionalista de comprar artistas chinos. Cosa que no es nueva y se observa en otros países emergentes como India o Brasil, que quieren promover a sus propios creadores”. Fabrice Bousteau, con su análisis del asunto, no ayudó a desvanecer la inquietud por mucho que se empeñase. La noticia dada por Erhmann ha sido el tiro de gracia a la preponderancia europea y muchos se preguntan si ahora habrá que volver los ojos a los emiratos, países en manos de jeques que han sido educados en universidades occidentales y donde todavía los nombres de los artistas europeos ejercen una fascinación particular en su imaginario. Y para darse la razón ponen como ejemplo las políticas de Bahrein y Qatar respecto a la museística, por ahí andan la construcción del Nuevo Louvre en la zona, amén del Museo Nacional de Qatar y los proyectos múltiples que están realizando Jean Nouvel y otros muchos. Sólo hay una pega: como la religión musulmana prohíbe la representación figurativa, los jeques no son precisamente los que más se gastan en pinturas, prefiriendo otras artes, como la escultura o la arquitectura, aunque eso sí, cuando lo hacen no hay precio que se les resista, aunque luego tengan que guardar el cuadro en cámaras acorazadas y no exponerlo al publico.

¿Tiene todo esto algo que ver con el arte?, ¿ con su valoración estética? La respuesta, negativa, no empaña el interés de la cosa pues nos ayuda a entender de qué manera la obra de arte consagrada se convierte en un fetiche cuyo valor depende en exclusiva de lo que el cliente quiera pagar por su representación fantasmagórica. Si hay algo interesante en este Top 10 elaborado por Artprice es que ayuda a entender las claves de por donde se mueve la política y el interés económico en el mundo de hoy y su reflejo en el arte, algo, por otra parte, que no deja de ser un tanto previsible en sus conclusiones. Pero quien hace la ley hace la trampa. Esta lista, tal y como se ha expuesto a los medios, ha sido un ardid para que éstos hagan su correlato apocalíptico con la situación mundial, es decir, dar pábulo a eso de la decadencia europea y, de paso, inquietar con el fantasma del nacionalismo rabioso de los chinos. En realidad la lista se elaboró siguiendo el número de subastas y sumando luego el importe recogido en las mismas, que no es lo mismo que hacer una valoración de cual ha sido la obra de arte más cara. Que no teman los apocalípticos: Picasso sigue siendo el artista más cotizado en las subastas. Su cuadro, Desnudo, hojas verdes y busto sigue siendo la obra de arte más cara vendida en subasta alguna, 82 millones de euros, y el lienzo que alcanzó cifras escandalosas el año pasado fue comprado en Londres por 40 millones de dólares: se trataba de La lechuza.

Pero esta lista, de tanta repercusión en los medios de comunicación europeos, nos ha ayudado, en su trampa a medias, a entender otro fenómeno: el aspecto de parque temático en que se está convirtiendo cualquier manifestación europea en el mundo mientras, en la trastienda, algunos se frotan las manos vendiendo los muebles de la abuela a orientales y musulmanes ricos. Aviso a apocalípticos: la cosa no es nueva y no hace falta remontarse a los primeros años del siglo XX donde gentes como Hearst compraban restos de palacios renacentistas y los llenaban de estatuas griegas y romanas en sus almacenes californianos. Orson Welles nos dio buena cuenta de ello en las imágenes impagables de Ciudadano Kane. Ahora los Kane son amarillos. Cosa de los nuevos tiempos.