Krahe, al horno con patatitas

4
Javier Krahe, en primer plano, durante su comparecencia en un juzgado de Pozuelo (Madrid). / Efe

Han absuelto a Javier Krahe de la imputación de ofender los sentimientos religiosos de los católicos. Un aire de alivio recorre las frentes de los librepensadores. La noticia llega acompañada de cierto toque de ancien régime, cuando a los de la Ilustración les amenazaba el Santo Oficio francés con penas sádicas de agonía y muerte. La culpa es de una receta de cocina con ingredientes, si quieren, un tanto extravagantes: cómo cocinar un Cristo macilento (para dos personas): “Se le quitan las alcayatas, se le desencostra, se le salpimenta, se le unta con abundante mantequilla sobre un lecho de cebollas y patatas... al horno se le deja tres días y luego sale solo”.

Krahe es un descreído, está claro, y no le duelen prendas en meterse en asuntos provocadores. Le sale del alma, no creo que lo haga para vender discos a estas alturas. Hombre bragado en la transición y antes en el franquismo, ha demostrado tener la resiliencia de un veterano heterodoxo, capaz de aguantar ocho años, según confesión propia, de acusaciones y presión judicial. Leviatán pide cuentas al hereje porque algún ciudadano ha oficiado de acusica dolorido.

Hace años que no se habla de “pensamiento único”, un binomio que pusieron de moda los políticos, aunque saliera de mentes más académicas. Los de un bando y los de otro se atizaban con la acusación con tal ímpetu que más parecía toda una declaración de deseo de llevar a la hoguera al contrario. La muerte preferida por Krahe, por cierto.

Muchos más años han pasado desde que los más reaccionarios fueran por ahí emborronando muros con la leyenda: “Tarancón, al paredón”, que se fue ampliando hasta enviar al fusilamiento a todo bicho viviente que no comulgara con las creencias –o peor, aún- las ideas de uno. ETA lo practicó en extenso, con tiros en la nuca y bombas lapa. Pero, a lo que íbamos.

El caso es que el origen del presunto delito es un corto que se realizó en los años setenta –¡por Dios!, antes incluso que en los años de la Movida-, entre amiguetes, y que a modo de reliquia –nunca mejor empleado el término- se difundió en un programa ya extinto de Lo + Plus, canal extinto asimismo, en 2004. Los querellantes, el Centro Jurídico Tomás Moro –el colmo de la ironía- a través de su presidente, detectaron ofensa a los sentimientos religiosos.

El querellante se amparaba en el artículo 525 del Código Penal, reformado en 1995, que contempla la “ofensa a los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa” y “escarnio de dogmas, creencias o ritos”. Vale. La pregunta es: ¿Por qué se redactó ese artículo? ¿En qué creencia religiosa estaba pensando el legislador? Los noventa fueron años de esplendor de la mentecatez de la llamada corrección política, según la cual no había que hablar así o asá para no molestar a los musulmanes, los mancos, las diabéticas, los negros o las gordas. Se pretendió implantar así un lenguaje aséptico y gilipollas que daba mucho pie a malentendidos y equívocos de toda laya.

Es inevitable preguntarse qué le habría pasado a Javer Krahe si en vez de un Jesucristo con cruz y todo hubiera dado la receta para cocinar a un Mahoma, con turbante y chilabilla. O, como me sugirió un amigo, que hubiera filmado a Mahoma, con cabeza de cerdo, aparecido en el cielo a unos pastores beduinos, para advertirles implorante: “¡Sobre todo, no comáis cerdo!”. Las iras de los defensores de la sharía habrían caído sobre él y podría haber sido torturado a tragar litros de sorba antes de morir achicharrado en la misma salsa sugerida en la receta. Dios lo coja confesado.

Lo realmente punible –si cabe- es que el oficiante de cocina en el Cristo al horno  hubiera sido un católico practicante y piadoso, porque eso sí que es de juzgado de guardia, pero siendo, como es Krahe, según  consta en los anales de la historia, un ateo redomado, no veo yo que haya delito alguno, ni traición, ni deslealtad.

La clave de la cuestión está en saber si en España -y en general, en todas partes- se ha practicado suficiente gimnasia de tolerancia para abrir las mentes lo bastante como para que el ejercicio de la libertad de pensamiento y expresión de los otros no suponga amenaza a las creencias de los unos. Unos y otros tienen derecho a tenerlas: creencias y libertad.

Pasan los siglos, surgen grandes adelantos tecnológicos, aumentan las velocidades de trenes y aviones, pero los terrícolas seguimos creyendo que lo nuestro es lo mejor y que lo que piensan los otros nos amenaza. Vaya tela.

 

4 Comments
  1. unodemas says

    Entonces, ¿se puede cocinar la imagen de un gay o de un inmigrante?. Pregunto. Puedo cocinar en la tele la imagen de la madre de Krahe, puesto que no soy de su familia y lo grave es que yo fuera pariente. ¿Has probado a mirarte eso de comida es a hambre como bebida es a___ ?

  2. celine says

    «¿Has probado a mirarte eso de comida es a hambre como bebida es a___ ?»
    ¿Sed?

  3. Dante says

    A mi me parece delito cocinar un Cristo ni que atente contra ninguna sensibilidad religiosa; me parece simplemente una gilipollez y que a lo que atenta es a la inteligencia y el buen gusto. Una «infantilada» del tipo caca, culo, pis…

  4. Dante says

    «No me parece delito», quise escribir.

Leave A Reply

Your email address will not be published.