Participe usted en la mejora de la educación en España

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José Ignacio Wert, ministro de Educación. / Efe

El gobierno quiere recuperar las antiguas pruebas de Estado y ya están haciendo aspavientos los que creen ver en ello una vuelta atrás, a los tiempos del franquismo.

El ministro Wert remata un anteproyecto de reforma de la educación que lleva meses colgado en la página del ministerio para que la gente lo lea y opine, una práctica muy aconsejable si se quiere estar al loro de lo que pasa. Incluso hay la posibilidad de ofrecer sugerencias de mejora o mostrar la preocupación que sea al hilo del anteproyecto.

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El caso es que el asunto de las pruebas de fin de ciclo es algo que se venía sugiriendo desde hace tiempo, ante los pésimos resultados de la educación española que año tras año afloran en el informe PISA y en otros estudios internacionales.

Se dice que esa práctica de reválidas –aunque a Wert no le guste la palabra- podría hacer que España aumentase en 16 puntos sus resultados PISA y se situase en la media de los países de la OCDE. Esto, en el papel, queda bien, pero sospecho que la puesta en práctica trae sus problemas. Por eso, antes de lanzarme a escribir a favor de las pruebas de Estado he dado unos cuantos telefonazos a heroicos profesores de instituto que conozco y que, a su vez, conocen el percal.

Las mayores críticas que levanta el anteproyecto se refieren a la desigualdad que crearía ya que hay centros en los que la mayoría de los alumnos son hijos de inmigrantes, cuyos niveles de formación son muy bajos, algunos desconociendo incluso el idioma, por lo que necesitan asistencia aparte, hasta ahora impartida según los planes de atención a la diversidad de cada instituto.

El peligro para estos alumnos es que no consigan el titulo elemental, al no pasar esas pruebas, lo que les deja en el pelotón de la mano de obra barata, dicen. Como muestra, un botón: de los 13 alumnos de una de las clases de 4º ESO del instituto Alarnes, de Getafe, Madrid, una es española, el resto es una minionu de búlgaros, rumanos, chinos, marroquíes, etc. Ya me dirán.

Claro, esa objeción me parece razonable; lo que no me convence es el automatismo de asociar clase baja a inteligencia baja porque la cosa no funciona así. Hasta la criatura más inteligente necesita tiempo para adaptarse a un idioma y una cultura distintas a la suya antes de ir aprobando asignaturas.

Aunque hay quien lo aplaude, a mí me crea más dudas la edad temprana en la que hay que decidirse por seguir hacia la universidad o elegir una formación profesional, en tercero de la ESO. No sé si a los quince años se tienen las cosas tan claras. Es verdad que en Alemania, por ejemplo, lo hacen a los 12, pero en Finlandia –donde el sistema educativo da grandes resultados-, a los 16. Sin embargo, muchos profesores encuentran interesante y educativo que los estudiantes deban decidirse pronto, siempre y cuando, con el tiempo, tengan la oportunidad de corregir.

Tranquiliza saber que se crearán corredores entre la FP y la universidad para que no queden cortadas posibles salidas que le vayan surgiendo al estudiante a medida que avance en el nivel que sea.

Así que lo de las pruebas de Estado me parece una buena medida, en principio si se tiene en cuenta las excepciones de las que hablé antes. No se trata de que se fastidien los estudiantes a los que les ha tocado la china, sino de que se refuerce la calidad de lo que saben, tanto los que decidan desarrollar un estudio profesional como los que lleguen a la universidad.

Hace muchos años, me sorprendió ver in situ el bajo nivel de inglés que tenían los norteamericanos que estudiaban una carrera universitaria cualquiera. Eso obligó al gobierno de Washington a implantar -hace más de 30 años- clases obligatorias de inglés en los primeros cursos de cualquier carrera, desde Historia a Economía. Conocer el idioma propio es saber algo más que vocabulario y modismos, es conocer la propia cultura, y eso les faltaba a aquellos estudiantes.

Muchos años después, sabemos que a los estudiantes universitarios españoles se les escapan unas faltas de ortografía de mil pares, además de lagunas culturales que claman al cielo, y hasta al infierno si me apuran.

Rebobinemos a cuando había que hacer el examen de ingreso al bachillerato, allá por el Neolítico. El dictado sólo admitía tres faltas de ortografía. Dos o tres acentos mal puestos contaban como una falta y cada falta admitida reducía en un punto la nota. Creo que me repito en esto.

A los catorce años, para pasar al bachillerato superior, que así se llamaba el siguiente ciclo, había que aprobar la reválida de 4º. El examen lo hacían gentes del Ministerio, malvados profesores a los que desconocíamos, que te hacían unas preguntas terribles, simplemente porque no estabas acostumbrado a ellas. Pero, acababas aprobando.

A los dieciséis, había que aprobar la reválida de sexto para entrar en el curso preuniversitario por el que se accedía a estudiar en alguna facultad o escuela superior. Eran pasos iniciáticos, obstáculos en la carrera por el conocimiento, pero también eran etapas que, una vez superadas, permitían saber que la cosa iba por buen camino. Muy difícil que se acumularan ignorancias sonoras, colecciones de suspensos, disparates abracadabrantes como los que algunos profesores reunían en libros para jolgorio de tirios y troyanos. Y, con todo y con eso, todos conocemos auténticos ayunos con varias carreras, pero ese es otro asunto.

Al PSOE le preocupa la desigualdad que, dicen, fomenta el anteproyecto. Y es para preocuparse. Un informe reciente de la Comisión Europea, que se llama “Mind the Gap”, señala la enorme diferencia que hay entre la proporción de población universitaria del País Vasco (34%) y la de Extremadura (16%), sin salir de España. Eso es desigualdad, desde luego. Y por acabar con más informes, el de la OCDE sobre el panorama en educación concede a España el primer puesto en el podio de campeones de Europa –fútbol aparte- en jóvenes que ni estudian ni trabajan entre los 15 y los 29 años.

Con este panorama, creo que los españoles haríamos bien en contribuir con ideas y objeciones al anteproyecto del ministerio de Educación. Muy saludable sería abandonar las proclamas automatizadas de los partidos políticos, nacionalistas incluidos, en la materia. Un poco de seriedad para las cosas serias convendría.

4 Comments
  1. Arquímedes says

    Totalmente de acuerdo. Dejémonos de proclamas ideológicas y seamos prácticos. Las reválidas no tienen que ser forzosamente franquistas y sí reguladores de rendimientos de alumnos y profesores. Dejemos que los expertos (sobre todo profesores y no políticos, psicólogos y sociólogos) diseñen el sistema educativo.

  2. Trinidad puerto Pascual-o7581643S says

    La mejora de la educación radica en el maestro o profesor tiene que tener un nivel de desarrollo humano excelente , gran nivel intelectual, extraordinario conocimiento actualizado del ser humano, alto nivel ético y gran serenidad emocional, esto es básico, en constante actualización, ocuparse de preparar maestros es una función primordial en la soociedad.
    En cuanto a los alumnos, el ser humano desea aprender , conocer la vida , el mundo, es innato ¿ por qué se hace odiosa la estructura elegida para este servicio? creo que es un principio educativo la enseñanza personalizada puesto que somos complementarios y distintos personal y socialmente es to se opone a la masificación del número por maestro-profesor. Cada ser tenemos que aprender a conocernos y aceptarnos por tanto la competencia es aberrante para imponerla en la enseñanza con los éxamenes ¿ qué nivel o modelo es el que se impone en el examen? hay que evaluar porque lo necesita el que aprende para ir mejorando y para su estímulo y conocimiento de sus valores , posibilidades y elecciones vitales y para formarse en evaluación , y poder realizarla es necesario mucho tiempo para el profesor y un número abarcarble de alumnos, no cantidades. Respecto a la lengua es una asignatura fundamental para la comunicación entre humanos es un vehículo necesario para vivir y crecer la persona , para aprender etc…¿ Cómo va a ser lo fundamental la ortografía ? lo fundamental es aprender a pensar, a analizar ,a comprender lo que nos dicen a nivel cercano y lejano, a saber expresar nuestra aportación social., Nuestra lengua es rica , hermosa, apta para una educación humanísta, que consiguieron enriquecer nuestros clásicos como Cervantes , es el gran legado cultural , no sucedio así con el lenguaje cientifíco , que tenemos que introducir y adaptar, y además es muy universal; por supuesto hay que mejorar en idiomás, sin absolutizar ninguno. LOs axámenes y calificaciones igualitarias y competitivas son un elemento estresante para el alumno que hace rechazable la escuela cuántas menos reválidas mejor y tenemos que aprender a hacerlas. El aprendizaje es un trabajo costoso , muy gratificante cuando se comprende ,necesario , hay que conjugar el placer de aprender con el esfuerzo de hacerlo, es el arte del maestro tan dificil como cualquier cosa, hay que valorar mucho socialmente al maestro. La ensenanza es un derecho fundamental , que debe regalar la sociedad a toda persona.Los políticos no pueden escatimar en educación, no pueden quererla para mercantilizarla ,ni para crear clases de ciudadanos, cada ser será lo que quiera y pueda por sus potencialidades pero se deben desarrollar al máximo son diversas para el bien de la sociedad pero cada persona tiene un margen de libertad no impuesto por interés del partido.

  3. Y más says

    La idea de participar activamente y despotricar menos, es cosa de otros. Los españoles somos más reactivos que activos, como bien explica Vallespín http://politica.elpais.com/politica/2012/09/13/actualidad/1347556485_327089.html

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