Los sefardíes y el ladino querer

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Los ministros Margallo (izda.) y Gallardón responden a los periodistas, el pasado día 22, durante la presentación en la ía Casa Sefarad-Israel de Madrid de la instrucción para conceder la nacionalidad española a los descendientes de los judíos que fueron expulsados de España. / Ballesteros (Efe)

Tras las elecciones catalanas que tamaño varapalo le han costado al muy honorable Artur Mas, no sé si va quedando claro que la llamada cuestión catalana es un asunto sentimental y por tanto se refiere más al corazón que al bolsillo, si me apuran, aunque no quisiera exagerar. Hasta que le entre en la cabeza a los gobernantes que lo de Cataluña con España, y viceversa, es amor del bueno y que con ello ha de contarse cuando se legisla no llegaremos a ninguna parte.

Una cosa parecida ocurre con los judíos españoles que llevan cientos de años apartados de la patria y que en plan goteo van recuperando su antigua naturaleza y desempolvando llaves de casas toledanas. Así que los ministros de Exteriores y Justicia, García Margallo y Ruiz Gallardón, anunciaron hace unos días, en la Casa Sefarad de Madrid, la intención de conceder carta de naturaleza a los judíos sefardíes que la quieran, estén donde estén y vivan donde vivan. Podrán, además, disfrutar de la doble nacionalidad, como ya se da en ciudadanos iberoamericanos, filipinos y portugueses, por ejemplo.

Dicen los malpensados que esta resolución gubernamental tiene que ver con la votación que el día 29 de noviembre celebra la Asamblea General de la ONU sobre la pretensión palestina de convertirse en Estado observador. A España le tira decir que sí –hasta Franco era amigo de los palestinos- pero a Israel eso le sienta a cuerno quemado.

Yo prefiero la inocencia de creer que los españoles, ya sean judíos o catalanes, tienen que estar unidos, ya que las separaciones son dolorosas y odiosas y ocasionan enfermedades. Y, además, hay otro factor importante que es el de conseguir población a toda costa, ya que dicen que para dentro de unos años, esto se vacía inexorablemente.

Se calcula que hay cerca de 3.000 sefardíes que ya han hecho su solicitud, a la espera de obtener su nacionalidad en esta ocasión brindada –ya era hora- por el gobierno español. Incluso se habla de que hay tres millones de sefardíes esparcidos por el mundo, lo que no quiere decir que quieran todos ellos tener pasaporte español. Aunque, dado lo viejunos que nos estamos volviendo en la piel de Sefarad, no vendría mal que lo hicieran. Los Reyes Católicos comprenderán que llegados a este punto de la Historia, España tiene que reparar lo que muchos estiman fue un error histórico, aunque Isabel y Fernando –no confundir con esa cosa tan graciosa que dan por la tele- tuvieran sus razones.

Cuando trabajaba en Radio Nacional tuve alguna ocasión de conocer a sefardíes de Turquía y de Israel con los que he intercambiado recetas de cocina y canciones. La rara sensación del idioma no anulaba la calidez de un fácil entendimiento. Moshe Shaúl, que dirigió la emisión sefardí de Kol Israel, apoyada entonces por Radio Exterior de España, sigue peleando para que no se apague la voz del idioma y la cultura. No sé si los jóvenes acogen ese sentimiento -¿se acuerdan de que hablamos de sentimientos?- esa necesidad de conservar tanta historia vivida.

Shaúl escribió un precioso libro de recetas en ladino que no tiene desperdicio. Algunas fueron publicadas en la revista del mismo nombre que arriba les enlazo. Tengan en cuenta una cosa: si le echan una mirada a sus apellidos encontrarán quizás alguno de origen judío, como cuenta Julio Caro Baroja en Los judíos en la España moderna y contemporánea (1961), reeditado en el 2000 por Istmo.  

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