Los Oscar de la Casa Blanca

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Michelle Obama interviene a través de videoconferencia desde la Casa Blanca, anoche, para anunciar el Oscar a la mejor película. En el escenario, abajo, Jack Nicholson. / Michael Yada (AMPAS-Efe)

En estos tiempos inciertos, en los que la economía ha dejado de ser un concepto y se ha convertido en una bofetada, la política que mueve sus hilos tiene que darse un lustre de vez en cuando para no enseñar las arrugas de la impotencia o la complicidad. Sin duda, la noticia de la gala de los premios Oscar 2013 ha sido que el premio a la mejor película lo leyó la mujer del presidente de EEUU desde su casa, haciendo oficial que la historia del país de la libertad ha sido este año la inspiración de algunas de las películas más renombradas que competían por un premio: Lincoln, Argo, Django desencadenado…

Circunstancia ésta que han querido aprovechar los chicos del gabinete de Obama, aunque no les haya acabado de salir bien del todo la  jugada, porque seguramente esperaban, como casi todos, que el premio fuese para Lincoln, y de esta manera unir metafórica y conceptualmente durante unos instantes mágicos, y luego para siempre en el inconsciente colectivo de los votantes, los destinos del presidente que luchó contra la esclavitud y el primer presidente negro de Estados Unidos. Que Michelle Obama pronunciase el nombre de Argo, tampoco está mal, puesto que la excelente película de Ben Affleck nos cuenta la crisis de las embajadas en Irán tras la caída del Sha, un país que sin duda “vuelve a estar de actualidad”.

Lincoln, la película de Spielberg que resume en la vida de uno de sus primeros presidentes los cimientos de las excelencias y contradicciones de Estados Unidos y contaba con mayor número de nominaciones, once, se ha quedado sólo con dos premios, el esperadísimo de Dany Day-Lewis al mejor actor principal y el de mejor dirección artística, perdiendo en el camino también sorprendentemente el de mejor dirección, que ha sido finalmente para Ang Lee por La vida de Pi, cuyo director, que también lo fue de  Brokeback Mountain, puede irse contento otra vez, pues su película ha conseguido cuatro estatuillas, además de la mencionada, las de mejor fotografía, mejor banda sonora y mejores efectos visuales. Spielberg tiene tan mal fario con los Oscar como Almodóvar con los Goya. El color púrpura, otra sobre la esclavitud, también optaba a once premios hace unos años y se quedó in albis. Mal fario.

A nosotros los tres merecidos premios que ha conseguido Argo, además del de mejor película, los de mejor guión adaptado y montaje, nos dejan un regusto amargo, porque Ben Affleck  no estaba nominado a la mejor dirección, y era algo absolutamente necesario: admiramos el trabajo de este gran director y su película, que precisamente fue presentada fuera de concurso en San Sebastián, antes de iniciar su brillante carrera de premios cinematográficos.

Quentin Tarantino se ha llevado el Oscar al mejor guión original por su western -también con referencias a la esclavitud- Django desencadenado, película que le ha servido a Christoph Walz para conseguir el de mejor actor secundario, tarea realmente complicada con los excelentes trabajos de sus competidores: Arkin (Argo), De Niro (El lado bueno de las cosas), Seiymour Hofman (The Master) y Lee Jones (Lincoln).

El Oscar a la mejor actriz secundaria fue, como cabía esperar, para Anne Hathaway por su papel en el musical Los Miserables, película que se llevó también los de maquillaje y mezcla de sonido, pero no el de vestuario, responsabilidad del español Paco Delgado (Goya por Blancanieves), que recayó en Anna Karenina. La prometedora Jennifer Lawrence se llevó merecidamente el Oscar a la mejor actriz por su papel en la meliflua El lado bueno de las cosas, cuyo trabajo excelente destacábamos hace un tiempo en este mismo blog.

Del resto de premios sólo queremos recordar que la sobrevalorada, a nuestro juicio, película de Haneke, Amor –ya hablaremos de ella-, consiguió el Oscar a la mejor película de habla no inglesa, confirmando que cuando una opinión mayoritaria sobre el trabajo de un gurú del cine como el austriaco comienza a extenderse entre la crítica cinematográfica acaba convirtiéndose tarde o temprano en unánime.

Por cierto, esta noche a las 22:00 h en La 2 puede verse el anterior trabajo de Haneke, La cinta blanca, y quien pase por Madrid puede ir al Teatro Real a ver la opera de Mozart Così fan tutte, cuya dirección escénica firma él también. ¿Es un gurú o no?

Y para finalizar dejamos unos enlaces para quien quiera revisar nuestra opinión sobre los Oscar de otros años:  Oscar 2010 Oscar 2011Oscar 2012.

3 Comments
  1. hookanibal says

    Lo correcto sería las ROSCAS, no los OSCAR. Son un autentico pestiño, fritos en le peor de los aceites.

  2. pa celtas los de teruel says

    yo de mayor qiero ser christoph walz… o su zapato

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