Isabel Coixet: «Entiendo los ‘escraches’, pero no los comparto»

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Isabel Coixet, en una imagen del pasado mes de febrero. / Efe

El Festival de Cine de Málaga se abre el próximo sábado 20 de abril con la proyección de Ayer no termina nunca, de Isabel Coixet. La película, que ya se exhibió en Berlín el pasado mes de febrero, aspira a la Biznaga de Oro. La cineasta ha mantenido en silencio cuanto ha podido el argumento y los detalles de la película, para que la gente vaya a verla con la mayor inocencia, de modo que no vamos a estropear aquí el asunto.

cuartopoder.es ha dado caza a Coixet cuando ésta volaba hacia Londres -tómese tanto lo de dar caza como lo de volar en sentido figurado- para avanzar en los preparativos de su próxima película, La librería, cuyo guión tiene ya listo. Y entre nube pasajera y destello solar en la ventanilla del aeroplano ha respondido a nuestras preguntas.

– Dicen que para hablar del presente hace falta dejar pasar tiempo, ¿quizás por eso, Ayer no termina nunca transcurre en 2017?

– La verdad es que a mí siempre me ha costado muchísimo hablar del presente, del aquí  y ahora, pero en este momento hablar del aire que respiramos se me imponía como una evidencia. El 2017 es una estratagema, una coartada para hablar del ahora.

– Es un reto mirar a través de las repetidas escenas de protesta social de los noticiarios para mostrar el rostro que se oculta detrás, la película tiene algo que ver con eso, ¿no?

– Es que con este machaque continuo, con los amigos que de repente pierden el empleo y se ven forzados a emigrar o a vivir en condiciones penosas, con las injusticias que, de tan flagrantes, te dejan a veces, hasta sin argumentos, con la palabrería vacía de los partidos, lo que es un reto es no hablar -o intentarlo, al menos- de lo que pasa. Y conste, que Ayer no termina nunca no es un alegato o un discurso: realmente es una película tremendamente romántica, una historia de amor puesta a prueba por una catástrofe personal y una catástrofe de país.

– Muy actual el monólogo de Hamlet: to take arms against a sea of troubles, and, by opposing, end them to die, to sleep, no more

– ¡Desde luego! Lo que ocurre es que analizar este “sea of troubles” es muy difícil porque el poder se ocupa de enmascararlos con mil cortinas de humo. Hay que intentar tener la cabeza muy clara para no perderse en este “hoy”.

– Dan ganas de caer en un profundo sueño y no despertar hasta el 2020, por si acaso

– Sí, pero a la vez, si no hacemos nada, la pesadilla va a prolongarse más allá de lo que imaginamos. A mí me da esperanza que haya gente como Ada Colau o el juez Fernández Seijo: gente que con coraje, inteligencia y sentido práctico están haciendo que algunas cosas cambien. Ojalá hubiera más como ellos en otros campos.

– ¿Qué te parecen los escraches?  ¿Vamos hacia una refundación de la democracia?

– Con los escraches me pasa una cosa: los entiendo, pero no los comparto. No es algo que yo haría pero entiendo perfectamente la indignación y la angustia de la gente que los está llevando a cabo cuando sienten que se les han agotado los recursos. Hay una manera de protestar creativa con la que sí me siento identificada: en Alemania, un grupo de españoles se pusieron a tocar con instrumentos de cuerda la serenata de El Padrino delante de la embajada española. Eso es lo que habría que hacer delante de las casas de gente como Millet o Urdangarin. Los gritos y los insultos no cuadran con mi carácter.

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Isabel Coixet, Candela Peña y Javier Cámara, durante la presentación de 'Ayer no termina nunca' en la Berlinale. / Efe

– Tengo oído que los productores no arriesgan mucho en España, últimamente ¿Eso te ha afectado? ¿Por eso nació Miss Wassabi?

– Sí. El riesgo no entra en el programa de muchos productores – con gloriosas excepciones-  Ayer no termina nunca la he financiado yo con la ayuda de Acontracorriente

– Has hablado de lo que te ayudaron las enseñanzas de Josep Fontana en tus años universitarios, cuando hacías esta película.

– Para mí, Fontana es el GRAN historiador europeo. Creo que la lucidez con que habla de lo que pasa, por qué pasa y cómo podría evitarse que pasara, no tiene parangón. Su análisis de la situación en sus últimos ensayos es magistral. Ojalá se le leyera en todas partes

– La película cumple la máxima de que una historia personal se vuelve universal con tal de que se cuente como es debido.

– Sí, lo cierto es que es una historia que podía pasar en cualquier lugar, pero creo que el hecho de situarla ahora y aquí la hace muy universal. Y sí, creo que la he contado como es debido, gracias a que he tenido un equipo que se ha mojado conmigo en todos los sentidos y a un par de actores excepcionales: Candela Peña y Javier Cámara.

“Por más que dos personas hablen, lo más importante siempre se calla” (Cosas que nunca te dije). ¿Estás convencida de ello y de ahí que dejes al espectador su parte de trabajo en la historia que cuentas?

– Creo que es algo que he intentado aplicar en todas mis películas, la elocuencia del silencio, de lo no dicho que pesa, a veces, más que algunas palabras. Y el espectador, con silencio o no, siempre elabora su propia versión de la historia a partir de lo que le enseñas o le ocultas.

– ¿Hay algo de La Pointe Corte o de Secretos de un matrimonio, pero al revés, en la película?

– Quizás algo de Secretos de un matrimonio, pero la mirada de Bergman, aunque magistral, es tan fría, como de entomólogo... Yo creo que amo siempre profundamente a mis personajes y entiendo sus puntos de visto aunque se contradigan.

– Como a Agnes Varda, las películas te salen del alma; a menudo, un alma melancólica que esconde humor a raudales

– Sí, yo tengo mucho sentido del humor, aunque mis películas hacen pensar que no soy la alegría de la huerta precisamente. Sueño con hacer una comedia: ¡algún día la haré!

– Creo que andas metida ya en el rodaje de The Bookshop, en Inglaterra. Sobre la novela de Penelope Fitgerald. ¡Qué bien pinta! ¿Puedes adelantar algo?

– He acabado la escritura del guión y ahora estoy metida en el casting y localizaciones. Es una historia maravillosa sobre la lucha de una mujer por abrir una librería en un pueblecito inglés en 1959. Y de cómo las fuerzas vivas del pueblo se empeñan en machacarla.

¿Es verdad que rechazaste la propuesta de Spielberg para rodar “Memorias de una geisha”? ¿Qué fallaba en esa propuesta, en principio, tan apetecible? 

– Uf, eso fue hace mucho tiempo. Yo admiro mucho a Spielberg, pero era una superproducción basada en un best-seller que no me gustaba y que no reflejaba en absoluto un mundo que conozco. Para empezar ya habían escogido a una actriz china para interpretarla y ¡no entendía que yo insistiera que tenía que ser japonesa!

1 Comment
  1. Angel53 says

    los politicos dependen del pueblo , ya que cuando viene las elecciones van a tu casa a pedirte el voto , bien esta que si nos engañan y nos roban vayamos a protestarles a los responsable

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