El despertar del claustro de Salamanca

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Claustro_Palamós
Claustro románico ubicado en la finca Mas del Vent (Palamós, Girona). / Dani Chicano (Wikipedia)

Buena la ha liado el catedrático de Arte Medieval de la Universidad de Gerona, Gerardo Boto, con sus últimas declaraciones sobre el llamado claustro de Palamós. El profesor Boto es especialista en románico e iconografía eclesiástica medieval y lleva tiempo tratando de desvelar las incógnitas que presenta ese claustro que fue levantado, piedra a piedra, para adornar la piscina de una mansión gerundense, en 1959. El País ha seguido la peripecia.

En su última intervención, en un congreso internacional que se acaba de celebrar en el Museo Nacional de Arte Antiguo de Lisboa, el experto aseguró, sin duda, que se trata de un auténtico claustro del siglo XII que formó parte de la catedral románica de Salamanca. Parece ser que, en el siglo XVIII, ell cabildo catedralicio mandó desmontar el claustro debido a serios problemas de humedad que comprometían el edificio. Operación que se hizo con sumo cuidado, con la intención de volver a levantarlo, una vez subsanados los problemas, como consta en las actas de la catedral.

Hace un año, el profesor ya publicó su hipótesis de que este monumento perteneció a la antigua catedral de Salamanca en un seminario sobre Arte fugitivo, celebrado en Barcelona. En esa ocasión, al menos consiguió que la Generalitat calificara el claustro como bien del patrimonio catalán, lo que al menos garantiza su protección. Paradójicamente, los expertos de la Generalitat concluyeron que se trataba en realidad de una copia, en julio del año pasado.

Pero algunos datos seguían intrigando al especialista, convencido como está, de que su descubrimiento es un bombazo. La piedra, por ejemplo, de que están hechas las columnas es la piedra salmantina de Villamayor, muy característica, con la que están levantados todos los monumentos de la ciudad castellana. Los capiteles están relacionados directamente con los del monasterio de Silos tanto en los temas esculpidos, de animales y monstruos, como en la forma: cobijan una doble columna separada, algo inusual en el románico hispano, pero que se da tanto en Silos como en otro monasterio burgalés, el de Las Huelgas. Boto piensa que algunas partes son reconstrucciones, como pasa en monumentos románicos importantes como el de Frómista, en Palencia, o el de Poblet, en Tarragona.

Hasta hace un año, nadie podía entrar en el recinto privado a investigar ese resto arqueológico porque sus dueños negaban el permiso. Tampoco pudo hacerlo un representante de la Asociación de Amigos del Románico que no obtuvo respuesta alguna de los propietarios de la finca cuando les solicitó permiso para estudiar el monumento, en 2011. Con la denominación de bien cultural de la Generalitat, investigadores como Màrius Vendrell y Pilar Giráldez ya consiguieron tocar la piedra y comprobar in situ su autenticidad. Sus tesis chocan con el carpetazo de la Generalitat. Vendrell –que se considera injustamente vetado por el gobierno catalán- se ha entrevistado con el consejero de Cultura Ferran Mascarell, sin que haya trascendido de qué hablaron.

El claustro había sido comprado en 1958 por un alemán. Pero lo cierto es que este claustro ya había sido comprado en 1931 por un anticuario madrileño que lo hizo levantar en la fina de una marquesa y lo vendió por cinco millones de pesetas. Los treinta fueron años de compra venta de monumentos por ricachones caprichosos que han suplido a puntos turísticos como el de The Cloisters, del Metropolitan Museum de Nueva York: piedras de Castilla y León, sobre todo, pero también francesas e italianas, lucen en tierra extraña para solaz de sus visitantes.

Lo más sintomático es que el profesor Boto conoció el caso del claustro huérfano por una foto que vio hojeando una revista francesa de decoración, hace tres años, en la que aparecía una fotografía del jardín de la mansión gerundense. Nadie, desde hace más de medio siglo, salvo el fotógrafo francés que se quedó pasmado al ver el claustro en una piscina, se había antes fijado en el monumento. Ahora, la Junta de Castilla y León se plantea recuperar la joya para devolverla a Salamanca. Ya veremos si se reproduce otro episodio parecido al de los Papeles de Salamanca. Esperemos que en esta historia gane la parte más muda y débil de sus protagonistas: el rastro del tiempo en el arte.

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