El misterio Velázquez, de nuevo en el Prado

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'Felipe IV', de Diego Velázquez (ca. 1654). / museodelprado.es
'Felipe IV', de Diego Velázquez (ca. 1654). / museodelprado.es

Desde el próximo martes, 8 de octubre, y hasta el 9 de febrero, quedará abierta en el Museo del Prado la que promete ser una de las estrellas de la temporada: bajo el título de Velázquez y la familia de Felipe IV (1650-1680), se reúnen un total de 29 obras que representan el conjunto más importante de retratos hechos en la segunda mitad del siglo XVII, durante el reinado de Felipe IV, un monarca que tuvo pasión desenfrenada por la pintura y al que se considera uno de los reyes europeos más expertos en arte en la historia de la casas regentes.

Ni que decir tiene que la joya de la Corona de la muestra es Las Meninas, uno de los cuadros más fascinantes y misteriosos de la historia de la pintura europea, y esta muestra tendrá el aliciente añadido de que se expondrá por primera vez en España la copia que de este cuadro realizó Martínez del Mazo, y que proviene de Kinston Lacy, del National Trust, en Dorset.

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La exposición, centrada aunque no única, en Velázquez, se espera sea uno de los grandes éxitos del año y que pueda competir en asistencia de público con aquella mítica de Velázquez que tuvo lugar en el Prado en 1990  y que inauguró la serie de exposiciones monstruo que desde entonces ha habido en España. La muestra analiza por primera vez la actividad de Velázquez en los últimos once años de servicio como retratista al servicio de Felipe IV, un rey al que el Prado debe el que posea la mayor colección de obras del pintor sevillano del mundo.

Javier Portús, el comisario de la muestra, que es Jefe de Conservación de Pintura Española en el Prado, ha querido centrase en la labor de retratos de la Corte , por lo que la muestra no se detiene en Velázquez sino que se continúa en la labor que llevaron a cabo luego sus sucesores, Juan Bautista Martínez del Mazo, yerno de Velázquez, y Juan Carreño, todo esto en las décadas de 1660 y 1670, que otorgaron un estilo más barroco al género Temática inteligente la de Portús, pues a la vez que se otorga a Velázquez la enorme importancia que tiene en la evolución del retrato del momento, no se detiene ahí sino que muestra al espectador la continuidad de su magisterio.

El aliciente, sin embargo, no radica en Las Meninas, cuadro al fin y al cabo que puede contemplarse todos los días del año, sino en algunas muestras que vienen  por primera vez a la Casa. Podrá verse, así, la copia del retrato del papa Inocencio X que pertenece al  Wellington Museum de Londres, cuyo original se halla en la Doria Pamphili de Roma y ha sido cuadro adorado en todos los tiempos llegando a la pasión monstruosa, llena de encanto y éxtasis, de la versión que hizo Francis Bacon.  Con este cuadro arranca la exposición, en una sección que se titula De Roma a Madrid, y donde se exhiben una cuatro  retratos de corte papal de los seis que perviven en la actualidad y que son restos de la docena que pintó Velázquez en Roma en su segunda estancia en la capital, en 1650. Se muestran aquí, asimismo, los retratos de los cardenales Camillo Massimo, de Camillo Astalli Pamphili y del oficial mayor de la Secretaría del Papa, Ferdinando Brandani, nueva identificación del hasta entonces llamado Barbero del Papa, que se encuentra en el Museo del Prado.

El segundo apartado se titula Las dos primas y documenta el regreso de Velázquez a Madrid en 1651, por reclamo del Rey, que había contraído matrimonio con Mariana de Austria. En este apartado podemos contemplar los retratos de Felipe IV, de la Infanta María Teresa o de la Reina Mariana de Austria. El tercer apartado se dedica al entorno infantil que Velázquez dedicó a la serie de retratos de la Familia Real. Aquí hallamos cuadros como El príncipe Felipe Próspero o La infanta Margarita, en azul y oro, que sorprenden por el nivel extremadamente alto de la técnica que Velázquez consiguió de su llegada de Roma y que proceden todo ellos del Museo Kunsthistoriches de Viena. Se exponen, asimismo, por primera vez en nuestro país.

El cuatro apartado se dedica a Las Meninas, cuadro tan comentado que no vamos a hacer comentario alguno. El cuadro permanecerá en su lugar habitual de exposición, en la sala 12 del Edifico Villanueva. La muestra finaliza con la labor retratista del taller del pintor sevillano y su continuación en Martínez del Mazo y Carreño, donde se culmina el arte barroco del retrato.

La muestra es el exponente máximo del esplendor en que el Imperio Español llegó en cuanto a las colecciones de pintura. Felipe IV era en se momento el coleccionista más rico de Europa y se permitía cualquier lujo. Velázquez, por su parte, se consolidó, gracias al Rey, en retratista oficial y se llenó de honores, como bien sabemos al contemplar su aparición en Las Meninas portando la Cruz de la Orden de Santiago.

Patrocinada por la Fundación AXA, la exposición será inaugurada el martes 8 con la asistencia de la Reina y del presidente austríaco, hay que tener en cuenta a aportación del Kunshistoriches Museum que ha desmontado prácticamente las salas que tiene dedicadas a Velázquez en Viena, y se espera con ansiedad que llegue a superar a aquella de 1990 que fue una retrospectiva irrepetible del pintot, la mayor hecha hasta ahora y que inauguró la velazquezmanía. Lo dudamos. Aquello fue, ya lo hemos dicho, irrepetible.

Faltan dos retratos estrella, la de Inocencio X, de la Pamphili, suplida con una magnífica copia, y el de Juan de Pareja, en el Metropolitan neoyotrkino. Lo demás estará con nosotros hasta febrero. Un lujo en estos tiempos de miseria.

2 Comments
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